
Los únicos
Más allá de repetir figuras, un fallido traslado a escena de un buen producto televisivo
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Texto y dirección: Marcos Carnevale. Con : Nicolás Cabré, Griselda Siciliani, Favio Posca, Nicolás Vázquez, Eugenia Tobal, Arnaldo André, Jimena Baron, Marcelo Mazzarello, Pepe Monje, Eugenia Suárez, Julieta Zylberberg, Pablo Sultani, Silvana Sosto y elenco. Música original : Octavio Stampalia. Escenografía : Valeria Brudny. Vestuario : Terry Nuñez. Iluminación : Gonzalo Cordova. Producción general : Adrián Suar y Fernando Blanco. Sala: Opera . Duración: 95 minutos.
Nuestra opinión: regular
En televisión funciona, sin dudas. Pero en teatro, no. La química que se crea en la pantalla chica entre los personajes y que hace llevaderos y creíbles los diálogos más desopilantes y las más alocadas situaciones no se traslada con la misma suerte a escena. Definitivamente. Y el principal problema está en la historia y en la dirección. De punta a punta, Los únicos -en versión teatral- parece haberse resuelto en poco tiempo, más como para aprovechar el buen momento que vive el programa en la pantalla chica que con la seria intención de hacer un producto acabado en sí mismo, con lógicos puntos de encuentro entre ambas propuestas.
El hilo narrativo es tan básico que no funciona mucho más que como excusa para presentar a los distintos personajes que la platea -y hay que reconocerlo- recibe alborozada. Y es allí donde está el eje en el que todo este andamiaje teatral se apoya: en las figuras como Nicolás Cabré, Griselda Siciliani, Nicolás Vázquez o Eugenia Suárez. Con su sola presencia se genera en la platea (mayormente integrada por chicos) un cúmulo de ansiedades y adrenalina -traducida en risas nerviosas, gritos y aplausos- que aumenta sorpresivamente frente a cada gesto reconocible, ése que muchos de los personajes acuñaron como sello distintivo.
Entre todos, la única que despliega algo más es Siciliani. Sucede que, más allá del trazo grueso con el que están dibujados todos los personajes (muy acorde con el género), ella le da a su María gratísimos y sinceros (además de bienvenidos) momentos de comicidad. El resto del elenco deambula como puede (el guión no ayuda nada) por un escenario enorme en el que conviven varias situaciones enmarcadas por recortes escenográficos bastantes desparejos en su realización y funcionalidad.
Son varios los momentos que parecen haberse incrustado a la fuerza en la trama para presentar tal o cual personaje. El más notorio es el de Mariano Martínez (quien eligió no estar en el espectáculo) en su rol de Diego Rouvier. Así, el faltazo se resuelve, desde el libro, con una transmisión desde otro lado del mundo, donde supuestamente el agente cumple una misión. Nada alcanza para generar la empatía que sí surge en la tele cada noche.



