Maipo: cien años a puro brillo y glamour
La fiesta lo tendrá a Gasalla entre los anfitriones
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"A mí se me hace cuento", como diría Borges, que el Maipo cumple 100 años. En una ciudad donde la desidia, la indiferencia, la piqueta, los atentados y los incendios han hecho desaparecer tantos teatros, que una sala pueda celebrar su centenario es todo un acontecimiento, sobre todo, porque este recinto soportó dos veces (en 1928 y en 1943) el feroz ataque de las llamas voraces y sobrevivió al poco tiempo. Y lo va a festejar remozado, con una renovación que no podría, aunque lo intentara, ocultar ese pasado antológico, que está apuntalado por el recuerdo de tantas figuras que transitaron su espacio.
Para celebrarlo, hoy, el escenario del Maipo se engalanará para recibir la visita de Antonio Gasalla, quien interpretará un sketch de Por siempre Maipo , el espectáculo que está preparando Claudio Segovia; del Ballet Argentino, con un fragmento de Felicitas Guerrero , el nuevo espectáculo que se estrenará pasado mañana; Sandra Mihanovich, Guillermo Fernández, Eleonora Cassano y Hernán Piquín, y se espera la presencia de Les Luthiers.
Un siglo de historia
Tratar de hacer una reseña histórica de este teatro, desde el 7 de mayo de 1908, cuando se llamaba Scala (luego bautizado Esmeralda y en 1922, Maipo), es una invitación para cometer omisiones y olvidos que no serían justos. Eran tiempos de actividad cultural, en que esta sala sólo se anticipó unos días a la inauguración de otra más grande que se dedicaría a la lírica: el Teatro Colón, una joya arquitectónica que deberá celebrar su centenario a puertas cerradas, enmudecido por la inoperancia.
Era una época en la que ya brillaba El Nacional, su competencia en materia de revistas, inaugurado en 1906 por Jerónimo Podestá, hasta que en 1982 un atentado quemó su sala. Hubo que esperar 17 años para que se reabriera de la mano de Alejandro Romay. También estaba el Avenida, levantado en 1894, que sucumbió en 1979, a causa de un incendio, y revivió para su centenario en 1994. El Liceo, inaugurado en 1872 como El Dorado y, después de ser rebautizado varias veces, en 1918 adoptó el actual nombre. En 1993, fue rescatado de un destino nefasto por Carlos Rottemberg, quien le devolvió todo su esplendor. También estaba el Opera, que nació en 1871 como teatro lírico y luego, en una nueva reconstrucción en 1935 a causa del ensanche de la avenida Corrientes, se dedicó a todos los géneros bajo la iniciativa de Clemente Lococo, y ni qué hablar del Odeón que tuvo el orgullo de ser en 1896, la primera sala en proyectar películas y que ahora -desde los años 90- yace sepultado bajo una playa de estacionamiento en Corrientes y Esmeralda.
¿Por qué es importante celebrar este aniversario del Maipo? Porque en las paredes de los teatros, en cierta forma, está registrada la historia del país, porque son testigos del pasado, porque son un patrimonio cultural de los porteños y porque son joyas arquitectónicas que dibujan el perfil edilicio y cultural de la ciudad. Y, sobre todo, porque guardan la memoria de lo que fue. No sólo de los textos que reflejaron y reflejan el drama cotidiano, sino de aquellos monólogos transformados en ácidas miradas de la situación política imperante, que produjeron más de un dolor de cabeza a los gobernantes de turno y llegaron a provocar la intolerancia de la dictadura militar.
Hacedores
Quizás algún testigo de aquella época recuerde en el Maipo los punzantes comentarios de Pepe Arias, Florencio Parravicini, que luego retomaron, sólo para mencionar algunos nombres, Dringue Farías, Adolfo Stray y más cercano a nosotros Tato Bores, quienes dejaron como heredero de la elocuencia crítica a Enrique Pinti.
Fueron también estas paredes las que se regodearon con las figuras de las primerísimas vedettes, que ya forman parte del imaginario porteño y cuya lista de nombres sería tan larga casi como los años que cumple el Maipo, pero no se puede dejar de mencionar a Gloria Guzmán, Nélida Roca, Alicia Márquez, Ethel y Gogó Rojo, Nélida Lobato, Zulma Faiad, Moria Casán y etcétera.
¡Qué artista no soñó con subir a este escenario! Tal como lo hicieron Sofía Bozán, Azucena Maizani, Juan Carlos Thorry, Lola Membrives, Marcos Caplán, Pablo Palitos, Tita Merello, Niní Marshall, Carlos Perciavalle, Carlos Gardel, Alicia Vignoli, Charlo, Elena Lucena, Blackie, Tito Lusiardo, Osvaldo Pacheco, Don Pelele, Norma Aleandro, Alfredo Alcón, Julio Bocca, Susana Rinaldi, Sergio Renán. Diana Maggi, Juan Carlos Mareco, Aída Luz, Carlos Calvo, Luisina Brando, Horacio Lavandera y tantos otros que, desde el escenario o desde la platea, se entregaron al espectáculo.
Claro que en esta celebración no pueden omitirse los nombres de los propietarios y empresarios que hicieron posible la continuidad de las actividades, en forma indiscriminada, entre la revista, las obras de texto, la danza, los musicales: José Costa (1915), Lombart y Humberto Cairo (1922), Carlos Seguín (1928), Luis César Amadori (1944), Luis Alberto Amadori (1977) y Lino Patalano (1994). Una raza de hombres que, más allá de los vaivenes económicos que se producen por el éxito o el fracaso de las propuestas, ante cada tropiezo vuelven a levantarse para cumplir con el conocido precepto: el espectáculo debe continuar.
Y la sala del Maipo cumplió con todas las de la ley durante 100 años. Por eso, "la juzgo tan eterna como el agua y el aire".
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