
Mar del Plata llora a su productor
Fue el director del Teatro Municipal Colón y un querido hombre de la escena
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MAR DEL PLATA.- Miles le dieron ayer el último adiós en la que fue su casa durante los últimos 13 años: el Teatro Municipal Colón. En torno de ese espacio cultural que lo tuvo como director, Guillermo Wullich, Willy Wullich para todos, había construido el mundo que más disfrutaba, con el palacio comunal a unos pasos y la confitería de la esquina a algunos menos, donde en cada mesa encontraba un amigo y en cada charla invitaba a ser espectador de la función del día o tentaba con el espectáculo que acababa de sumar a la grilla tan amplia, rica y siempre abierta a los artistas locales.
Un paro cardíaco lo sorprendió anteanoche, a los 66 años y en medio de uno de esos breves recorridos que tantas veces cumplía por jornada, siempre entre saludos y sonrisas. Y apenas a una semana de haber sido reconocido en el Concejo Deliberante por su desempeño al frente de este espacio cultural que conducía desde 1997, cuando el entonces intendente Elio Aprile lo invitó a convertirse en director del teatro. Un cargo que, en un hecho casi inédito aquí, conservó aun cuando las gestiones de gobierno locales cambiaron de nombres e, incluso, de partidos políticos.
Wullich se había afianzado en la ciudad como productor de las obras que acercó durante años el recordado artista José María Vilches, a quien incluso acompañaba cuando éste murió en un accidente automovilístico para hacer su recordada El bululú .
Durante los años 90, integró el grupo Errare Humanum Est, junto con Manuel González Gil, Miguel Angel Solá, Juan Leyrado, Jorge Marrale, Darío Grandinetti y Hugo Arana (en Los mosqueteros y Los lobos ), y además, produjo el célebre Gotán, de Julio Tahier, o el éxito El último de los amantes ardientes, que protagonizaba Oscar Martínez, entre muchas otras obras. Hasta que la función pública golpeó a las puertas de su carrera y le permitió convertir al Colón en un escenario con actividad de 365 días al año y abierto a las propuestas artísticas de la ciudad. Así consiguió programaciones de lunes a lunes, con una grilla anual de hasta 480 funciones; defendió y ayudó a fortalecer formaciones que las crisis de presupuesto de la comuna alguna vez pusieron en riesgo, como las orquestas Sinfónica y de Tango y la Banda de Música municipales, y generó con valores populares una propuesta artística al alcance de público de todos los niveles sociales.
Wullich era porteño, pero los marplatenses lo adoptaron como uno de los suyos. "Fue un amor correspondido", dice Nino Ramella, el hombre que le propuso a Aprile que era el indicado para el Teatro Colón. Sus amistades y el reconocimiento de la gente lo enorgullecían. Y solía contar que, a pesar de su disminución visual congénita que lo limitaba en situaciones de escasa luz, no dudaba en salir del teatro a última hora de la noche porque sabía que en esa vereda de la calle Yrigoyen siempre iba a encontrar el hombro de un amigo que lo guiara a buen destino.
Los mismos que ayer, durante todo el día, se acercaron para saludarlo por última vez, entre lágrimas y aplausos, durante el velatorio que se desarrolló en la propia sala del Teatro Colón. Una emotiva despedida que desde su piano cerró el maestro Julio Dávila con la interpretación del tango "Los mareados", el favorito de Willy Wullich, que se fue de su casa como seguramente había soñado: con luces encendidas, el telón arriba y un artista en escena. Sus restos descansan en el cementerio Colinas de Paz de esta ciudad.
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