Martín Bossi: el gran showman argentino
El primer año en que vi a Martín Bossi en escena me encontré con un show interesante, con un tipo completísimo a la cabeza y un carisma especial. Bossi tiene la habilidad de pasar del humor a la emotividad casi sin que te des cuenta. De todos modos, debo confesar que los shows de imitaciones no son mis favoritos, aunque salí del teatro contento por haber conocido a este artista. Con un entusiasmo similar, hace dos veranos fui a ver su nueva propuesta. La sorpresa fue inversa: no me gustó nada. Tal vez por eso no me apuré para ir a ver Big Band Show , lo nuevo. Pero todos lo estaban recomendando con un entusiasmo inusual. Fui el fin de semana pasado y comprobé por qué la Bossimanía lo ubica primero en la tabla de recaudaciones porteña. Con la atenta mirada de Emilio Tamer y Manuel Wirzt supo qué era suficiente. Bossi hace uno de esos shows populares que guardan un respeto tremendo por el público. No lo engañan con berretadas, como muchas figuritas mediáticas. Con menos y mejores imitaciones (las justas), demuestra que es el gran showman argentino. Es un muy buen actor, canta maravillosamente y hasta baila. Pero, sobre todo, sabe cómo atrapar al público: lo seduce con simpatía, luego se hace cómplice, lo divierte un poco, lo acaricia y lo hace llorar. No creo que muchos cómicos tengan la habilidad de sumergir a 1200 personas por noche en un instante romántico que emociona hasta al más frío, o que luego de deslumbrar con el despliegue pueda conmover como lo hace en esa personificación de Olmedo y Portales, que comparte con Carna. No es un entretenedor común. Gracias, Bossi.






