
Más divertido que ir a la peluquería
"Cortamosondulamos. Homenaje a Silvina Ocampo". Con Inés Saavedra, Martha Billorou y María Sol Fustiñana. Asesoramiento literario: Adriana Mancini. Diseño de movimiento: Diana Szeimblum. Luces: Ricardo Sacca y Catalina Fernández. Dramaturgia y dirección: Inés Saavedra. En La Maravillosa (Medrano 1360). Funciones: sábados, a las 20.30; y domingos, a las 19. Reservas por el 4826-5458.
Nuestra opinión: muy bueno
Mabel (con leve acento en la "a"): sandalias doradas de las cuales se asoman sus uñas rojas, pantalones rosados tipo palazzo, cabellera á la garçon y camisa de mangas largas que lleva orgullosa la firma de Pierre Cardin.
Marta: vestido con grandes flores en blanco y negro, con vivos de color; saquito de lana blanco que contrasta con el rosado fuerte de sus uñas. El pelo largo con algunos bucles completa su fina estampa.
Mabel es "peinadora", como le gusta decir, y Marta su asistente. Son hermanas y están hermanadas en las anécdotas, en los chismes escritos por Silvina Ocampo y puestos en escena según la exquisita dramaturgia de Inés Saavedra. Ella fue quien cortó y peinó esos textos que, en su conjunto, se convierte en un delicado homenaje a ese mundo dominado por chimentos barriales, mirón por donde se lo mire. Y aunque Mabel y Marta le tengan horror a la cursilería, como aparece escrito en el programa de mano, ellas son adorablemente cursis. Un tono que la directora cuida con especial meticulosidad. Es que se nota que ama a estas dos peinadoras, que las respeta y las expone tal cual son sin subrayar ni caricaturizar ninguna de sus virtudes ni defectos.
Y mientras Mabel y Marta cortan y ondulan cabellos ajenos y pasiones propias, no paran de cuchichear como dos cotorras. En realidad, como cinco, ya que durante buena parte del tiempo que dura la obra, el cuchicheo de estas dos hermanas está acompañado por tres cotorras que suman sus voces como si la cuadra entera estuviera siguiendo los pormenores de estas trabajadoras del spray, de los humectantes de párpados, de los coloretes y del pelo batido.
Entre cremas y chimentos
"Cortamosondulamos", nombre de el trabajo, es básicamente delicioso, un término que le sienta bien a Mabel. Y varias son las delicias de este homenaje a Silvina Ocampo. Por empezar, la obra transcurre en el estudio La Maravillosa, una bellísima casona de Palermo de arquitectura noble y generosa. Allí, el espectador es recibido con un fino licorcito servido en copitas de la abuela. Como yapa, mientras se espera en un patio lleno de plantas, sobre una bandeja de un plateado impecable aguardan otras delicias comestibles.
La recepción de la peluquería y el salón (los dos espacios escénicos) se convierten en verdaderas instalaciones pobladas por mesitas ratonas chinas, un bizcochuelo con glasé rosa que las dos peinadoras devoran limpiándose siempre la comisura de los labios y hasta cierto mobiliario de los años setenta, con el típico color anaranjado de la época. "Un santuario de lo femenino", como escribe Adriana Mancini, encargada del asesoramiento literario.
Entre tanta ornamentación, las actrices Inés Saavedra, como Mabel, y Martha Billorou, como Marta, se convierten en piezas clave de "Cortamosondulamos". Durante los 45 minutos que dura la obra, en ningún momento les pierden pisada a estas dos hermanas que viven de historias ajenas en medio de una melancolía que las puede. Una melancolía que a Mabel -mujer siempre pendiente de las historias prestadas o robadas- le quiebra su postura siempre coqueta, pendiente hasta del último detalle.
Es que "cuando teñimos, ondulamos o cortamos el cabello, la vida de la clienta se nos queda entre las manos como el polvillo de las alas de las mariposas", se justifica Mabel frente a la señora Silvina, a quien hay que embellecer. Durante la obra, la señora Silvina (tercer personaje interpretado por María Sol Fustiñana) apenas asoma sus pies detrás de un biombo. Sólo al final aparecerá de cuerpo entero componiendo una imagen de una delicada plasticidad.
A "Cortamosondulamos" se le podrían hacer algunas observaciones. Por empezar, durante la escena que se desarrolla en el vestíbulo de la casa, depende de cómo se esté ubicado, la perspectiva a veces es bastante defectuosa. Por otra parte, quizás hubiera sido apropiado "desmechar" un poco el texto para que gane contundencia. Hasta podría apuntarse que la actuación de Inés Saavedra, como Mabel, por momentos está excesivamente en un primer plano empalideciendo el trabajo de su compañera.
Pero las acotaciones se convierten en detalles menores ante la contundencia de esta experiencia teatral que propone la directora, dramaturga y actriz Inés Saavedra (esa adorable Mabel, con leve acento en la "a", de la ficción). Ella es la responsable de esta experiencia teñida de un rito para pocos mirones, apenas unos 25, que los sábados y domingos se acercan a La Maravillosa, ese hermoso salón de belleza poblado por la exquisita voz de Silvina Ocampo.




