
Más talento que mixtura
Recital de Kevin Johansen . Presentación del disco "Sur o no Sur". Con Emilio Bertolini (batería), Lucas Espina (percusión), Sebastián Massolo (guitarra), Andrés Reboratti (flauta y saxo), Gonzalo García Blaya (bajo), Adi Azicri (trompeta), Mariano Massolo (armónica), Luciana Godoy y Juan Alvarez (coros), Maximiliano Padín (charango), Katia Larchenko (violín). Invitados: Enrique Roizner (batería), Pablo Mainetti (bandoneón), Javier Casalla (violín), Osqui Amante (bombo), Tony Amante (coros). El sábado, en La Trastienda. Próxima función: hoy, a las 23.
Nuestra opinión: muy bueno
Dos años atrás, Kevin Johansen volvió a Buenos Aires con una historia exótica y un disco entre sus manos para editar. La historia hablaba de un tipo de 30 y tantos, nacido en Alaska, que llevaba una vida nómada. Durante la infancia, por decisión familiar; de mayorcito, por vocación propia. Así pasó por San Francisco, Arizona, Montevideo, Buenos Aires, donde vivió buena parte de su adolescencia y juventud, y luego Nueva York, hasta el retorno al Río de la Plata.
Su disco fue promocionado con su historia de viajes, porque quizá haya tenido mucho que ver con eso. Y el contenido dio cuenta de un par de buenas canciones, en algunos tracks; y en otros, sólo de sus buenas intenciones por plasmar un mestizaje musical.
Sin embargo, logró llamar la atención del público con algunos temas como "Guacamole", apenas divertido si se lo compara con la mayoría de las piezas de la flamante producción discográfica que acaba de publicar.
Cuando el material todavía no había llegado a las bateas, Johansen se animó a presentarlo en vivo y ponerlo a consideración del público, con una gran banda de músicos estables (The Nada) e invitados. Y aun frente al riesgo de estrenar un disco que sólo había escuchado un puñado de amigos, dio un concierto brillante donde certificó la maduración de su trabajo. Porque con esta nueva placa, "Sur o no Sur", parecería más concentrado en lo que puede producir con naturalidad que en la idea de hacer congeniar estilos musicales (los frijoles con el dulce de leche).
Ahora, más inspirado y sin perder eclecticismo, pule su humor y cambia de clima con la facilidad suficiente para conservar una identidad y no caer en una muestra de esquizofrenia musical. Y tal vez lo más importante es que pudo reflejarlo en vivo.
Claro que para esto, Johansen no estuvo solo. El sábado último se las arregló para convocar a varios invitados especiales que participaron en el álbum y al nutrido grupo que lo acompaña. Excepto por algunas partes solista, nunca hubo menos de diez músicos sobre el escenario: batería, percusión, guitarras, bajo, vientos de toda especie, violines, voces. Habrá que tener en cuenta que en este sur no todo el año es carnaval y es improbable que Kevin pueda repetir esta experiencia multitudinaria en cada concierto.
Pero al tratarse de un estreno, valió la pena el despliegue de músicos que entraron y salieron constantemente de escena para impulsar a ese Johansen que unificó su sonido, ese de la guitarra y una voz que no le permite alardes, pero lo habilita por su tesitura para salir en diferentes direcciones. Esto es: endulzar al público con canciones ya conocidas ("Guacamole", "No me abandones", "Ni idea" y "El círculo") sorprenderlo con nuevas como "Puerto Madero", "No seas insegura", el guión cinematográfico de "Acción", y luego seguir atravesando su repertorio desde la serenidad tan cool de "Timing", "Chill out James" y el "Hindue blues" hasta la graciosa "Cumbiera intelectual" o la efusividad flamenco-tropical de "La procesión".
En realidad, lo sorprendente de Johansen no es la música que pueda juntar (un poco de aquí y otro poco de allá) para batirla en un disco, sino algo que ya tiene incorporado y que saca, como lo hizo en este show, cuando no se empeña en privilegiar el funcionamiento de su licuadora. Tiene una generosa cuota de talento. Una de esas que siempre es bienvenida.





