Mátame de nuevo

Interesante obra sobre la naturaleza de las relaciones
Jazmín Carbonell
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1 de octubre de 2011  

Dirección y actuación: Gerardo Bergerez, Marcelo Iglesias / Dramaturgia: Erika Halvorsen / Vestuario: Martín Sal / Iluminación: Carlos Arevalo / Asistencia de dirección: Cecilia Rodríguez / Sala: La Comedia, Rodríguez Peña 1062 / Funciones: sábados, a las 23.00 / Duración: 70 minutos.

Nuestra opinión: muy buena.

En el centro de la sala, una mujer da a luz a un niño. La platea los rodea desde los cuatro costados, es testigo de ese nacimiento y también lo será de lo que la madre hará con él. Es que el poder que ella tiene para dar vida la hace fuerte, autoritaria, y el niño que nace es una tabula rasa para completar de la forma que ella desee. El peligro, entonces, es inminente, los deseos de ella para con él son destructivos. En tono de comedia negra, estos dos personajes se van relacionando y modificando en el transcurso de la obra.

Ella, una Marilyn Monroe argentina y exuberante, interpretada brillantemente por Marcelo Iglesias, tuvo un romance con Frank Sinatra y de él es el hijo (Gerardo Bergérez). Por eso, por su profundo fanatismo por Frank, ella lo moldea para que sea igual a él. Esta situación como base justifica, sólo al principio y tímidamente, su extrema protección. En pocos minutos, el público ya comienza a intuir que sufre algún tipo de trastorno que la lleva a actuar de un modo tan extraño. Esto es explicado clínicamente como el síndrome de Münchhausen, por el cual el adulto causa lesiones y enfermedades en un niño y así suele inducirlo a la enfermedad física para lograr el control absoluto de él. Esta madre enloquecida medica al niño y va creando en él todas las enfermedades y dolencias que puedan existir, para lo cual cada vez necesita más medicamentos y de ella, claro, que se los brinda.

La música de Frank Sinatra suena a cada rato; como telón de fondo los une, los identifica. Juntos se animan a cantar. El heredó la voz del padre y pronto –ella supone, sueña– será su reemplazo en el mundo del arte. Los dos actores están impecables en sus roles. Ambos, además, son los directores de la obra. Pero Frank crece y empieza a cuestionar. El jamás pierde de vista que su madre lo destruye, pero ¿cómo escapar de ese vínculo tan confuso? Tal vez matándola: esa puede ser la opción; matar a aquella persona que le ha dado la vida, pero que se la saca cada día, de a poco. Desde la comedia y casi como un musical, los dos actores van mostrando hasta qué punto las relaciones pueden dañarnos de un modo letal. Con ironías y excesos, la platea puede acceder a esos universos difíciles por cierto, pero que de este modo, con el humor, se nos abre una puerta, chica, en principio, pero que irá en aumento.

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