
Minyana, un dramaturgo pordescubrir, en Buenos Aires
Llegó invitado por la embajada de Francia para presentar sus obras
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El área cultural de la embajada de Francia en Buenos Aires desarrolló un breve ciclo de teatro semimontado para divulgar la obra de nuevos dramaturgos franceses. En esta oportunidad se presentaron piezas de Philippe Minyana: “ André”, “Volcán” y “La casa de los muertos”, con dirección de Francisco Javier; “Inventario”, dirigida por Laura Yusem, y “Obras breves”, a cargo de Daniel Veronese.
El propio Minyana y el director Roberto Cantarella, junto a la traductora François Thanas, acompañaron estas presentaciones.
Minyana y Cantarella comparten la tarea creativa en un teatro en Borgoña que dirige el segundo. Ambos tratan de difundir la escritura contemporánea a la vez que, en ese ámbito, forman actores.
Philippe Minyana produce dramaturgia desde hace aproximadamente 20 años. Está ligado, en París, al denominado Teatro Abierto, un lugar por el que pasaron todos los autores franceses.
“En este momento, en Francia –comenta–, la dramaturgia pasa por varias líneas. Una de ellas puede definirse como creación imitativa. Está ligada con el pastiche, hay falsos Sófocles, falsos Shakespeare, falsos Paul Claudel. En otra dirección asoman trabajos de esencia poética, con invención de palabras, y una tercera línea se sitúa en un punto de despojamiento, algo más beckettiano.”
–¿Dónde ubicaría su escritura?
–En mi trabajo hay escritura porque hay teatro. Siempre quise hacer teatro. He sido actor, a veces director. En mi caso, la escritura tiene lugar porque habrá un espectáculo. En cuanto a la naturaleza de mi trabajo, la forma de escribir cambió, se movió mucho en 20 años. Pasé de una escritura con base de monólogos a una escritura más escueta, más lacónica. Como muchos otros escritores, intento captar la inquietud, la desazón del hombre que está aquí, sobre la tierra. Algunos de mis maestros literarios son gente como Peter Handke o Samuel Beckett, que tratan de mostrar eso mismo. En este momento, por hechos diversos, he pasado a la autoficción y este tipo de escritura me acompaña. Abro un libro, hay una palabra que surge, y así puedo componer o imaginar toda una escena. El mío no es un teatro psicológico ni sociológico. Espero, en cierto modo, hacer un trabajo de poeta.
–Nombraba a Handke y a Beckett, creadores que se preocupan en mostrar conductas de personajes
–Muchas veces en mi forma de escribir hablo de obscenidades. No solamente por qué aparecen esas obscenidades. Son figuras más que personajes, porque no tienen duración en la obra. En “La casa de los muertos”, que está traduciendo Francisco Javier, propongo que sea una obra para actores y marionetas, porque la marioneta tiene una fuerza extraordinaria.
–El teatro de Samuel Beckett resulta la gran influencia del teatro contemporáneo. ¿Por qué cree que es así?
–Beckett sigue siendo moderno. Cuando se habla de un acontecimiento histórico o social muy fuerte, eso le pone una fecha a la obra y la hace provisional. Beckett hace nacer criaturas, y eso no pasa de moda. Estamos más en la metafísica que en la psicología.
–¿Relaciona su trabajo de autor con aquel que está ligado con la formación de actores?
–Yo escribo mucho para actores determinados. La voz de esos actores, su presencia física, su aliento, me acompañan en mi momento de crear. Roberto Cantarella, con quien comparto la tarea, fue formado por un maestro chileno que proponía un teatro nada psicológico, muy estilizado. Exploramos mucho ese trabajo con los actores y eso tiene una consecuencia sobre mi forma de escribir. Estar en contacto directo con actores me enseña mucho.
–¿Conocía el teatro contemporáneo argentino?
–Gracias a François Thanas he leído mucho teatro argentino, y hemos tenido en Francia encuentros con autores de este país. Me interesan mucho Daniel Veronese, Alejandro Tantanian, Griselda Gambaro, Patricia Zangaro. Creo que también ellos están en un plano de búsqueda. Por el hecho de ser argentinos trabajan en un medio que tiene muchas cuentas pendientes, muchas cuentas que saldar con el pasado y se sitúan mucho en la potencia simbólica.
C.P.






