Mirada ácida al mundo de la publicidad
Caso de éxito / Libro: Ignacio Olivera / Letras: Ignacio Olivera y Juan Pablo Schapira / Música y dirección musical: J. P. Schapira / Intérpretes: Marcelo Andino, Juan Pablo Burgos, Jorge Maselli, Gustavo Monje, Analía Riamonde, Sabrina Samiter y Nahuel Quimey Villarreal / Coreografía: Iñaki Agustín / Escenografía: Jorge Maselli / Dirección: Marcelo Albamonte / Funciones: Sábados, a las 18 / Sala: El Método Kairós, El Salvador4530 / Duración: 80 minutos / Nuestra opinión: Muy buena.

El crecimiento que tiene año tras año el teatro musical independiente es veloz. Hace algún tiempo, la cantidad de obras era monstruosa, pero la calidad no empataba el número de obras. Hoy se puede decir que la cantidad es menor, pero la calidad ha crecido en promedio.
Caso de éxito está en el extremo superior de propuestas, sobre todo porque su estilo ácido, paródico y desopilante se sale de la línea habitual elegida por la mayor parte de los creativos. La obra escrita por Ignacio Olivera es una crítica aguda al mundo de la publicidad y las ciencias de la comunicación. Y se vale de elementos que acercan a la comedia blanca con la parodia disparatada norteamericana del tipo Loco por Mary. Unos expertos publicitarios que parecen agentes de seguridad, una estudiante de comunicación social que tiene todos los clisés de una profesional fuera de circuito, un negocio familiar de sanitarios y un pícaro de buen corazón y talento de galán. La agencia de publicidad Chihuahua planea hundir a esta empresa añosa manejada por una familia adorable bajo el ardid de convertirla en el nuevo boom comercial. En medio de esta sencilla anécdota, hay una entrelínea gruesa y una inteligente dialéctica de sus autores que se percibe claramente y se celebra. Olivera y Juan Pablo Schapira demuestran ser grandes conocedores de las técnicas y reglas del género. A través de canciones pegadizas, personajes simpáticos y situaciones desopilantes, nos demuestran cuan ingenuos somos al dejarnos "vender" mensajes y signos absolutamente planeados y dirigidos. Es tan inteligente la obra que hasta se le perdona cierto tinte escatológico que, a decir verdad, los espectadores más jóvenes celebran a carcajada limpia. Las canciones, brillantes.
Marcelo Albamonte realizó una puesta ágil que no decae en ningún instante y mantiene un equilibrio lógico. Condujo a un avezado elenco hacia momentos de auténtico lucimiento individual y en conjunto. Un placer toparse con jóvenes talentos como Juan Pablo Burgos, Sabrina Samiter y Nahuel Quimey Villarreal. Cantan y bailan muy bien, pero lo que es mejor: son buenos actores, algo no tan habitual en el mundo de la comedia musical. Están en la misma sintonía de intérpretes con más experiencia como Gustavo Monje, Jorge Maselli, Analía Riamonde y Marcelo Andino. Todos espléndidos.







