
Molière, como un autor contemporáneo
El actor y director francés se ocupó de seleccionar el elenco para la puesta que hará de "El misántropo"
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Sólo unos pocos días estuvo en Buenos Aires el actor y director francés Jacques Lasalle. Invitado por el Teatro San Martín, este destacado profesional, estuvo seleccionando a los actores con los que montará, en abril del año próximo, "El misántropo", de Molière.
Lasalle es un profundo conocedor de la obra de Molière. Ha dirigido, entre otros textos, "Anfitrión", Tartufo", "Don Juan", y su versión de "El misántropo" (estrenada en 1998) estuvo en gira durante dos años.
Aunque tiene un gran interés por rescatar obras clásicas -entre 1990 y 1993 fue administrador general de la Comedie Française-, de vez en cuando se mezcla con dramas contemporáneos y hasta dirige sus propios textos.
Asegura que le llevó tiempo encontrarse verdaderamente con Molière. Cuando era joven, en la escuela, no le hablaban más que de este autor y siempre de una forma académica. El peso de la tradición lo obligaba a entenderlo como un clásico, con todo lo que eso implicaba. Pero mucho tiempo después le propusieron dirigir "Tartufo", con Gérard Depardieu como protagonista, y entonces comprendió "lo profundo y ambivalente" que es este creador.
"Moliére -dice Lasalle- además de autor era actor, seguramente el más cómico de su tiempo. Hasta se hablaba de la risa de Molière. Pero debemos tener en cuenta que su risa no debe destruir la profundidad y la crueldad que hay en sus obras. Lo interesante es que para llegar a eso hay que reírse. Pero, ¿de qué nos reímos?, de nosotros mismos. Esos personajes no somos más que nosotros mismos comprometidos con la locura de este mundo y de nuestra condición."
-¿Cómo trasladará esa historia de "El misántropo" a este Buenos Aires?
-En verdad sólo lo sabré cuando comience a trabajar. Aunque ya hemos comenzado a reflexionar sobre eso. "El misántropo" es la obra más literaria de Molière. Está hecha con mucho cuidado, él puso mucho tiempo en escribirla. Cuando Molière tenía tiempo escribía en verso, cuando no, lo hacía en prosa. Pero su prosa no es menos poética y musical que su verso. La traducción que vamos a realizar no será en verso, sino en una prosa actual, lo que nos permitirá mayor libertad. "El misántropo" ocurre en la proximidad de la corte de Luis XIV, en Versalles, a mitad del siglo XVII. Con Graciela Galán, que hará la escenografía y el vestuario, pensamos en partir de un momento alejado, pero a la vez familiar para el público argentino. Entonces la pieza se ambientará en los años 30, en un gran hotel particular, de estilo europeo francés. Allí, una joven viuda, muy rica, bella, inteligente y muy cortejada, recibirá a unos personajes muy importantes y muy cercanos al poder.
-¿Cómo definiría a Alceste, el protagonista?
-Misántropo quiere decir el enemigo del género humano, el enemigo del hombre. En el fondo Alceste no lo es, él quiere corregir los defectos de los hombres. Es el que quiere decir la verdad, entonces se transforma en insoportable para todo el mundo. En una sociedad de cortesanos, donde todos tratan de agradarle al poder, Alceste es el que molesta. Esta pieza es una gran obra política y a la vez es una gran obra de amor porque el personaje ama a Celimene y la quiere sólo para él y ella quiere tanto su libertad como su pasión y no acepta ser sólo de él. Así, Alceste aparece doblemente excluido, de la sociedad y del amor. Este es, probablemente, uno de los personajes más sublimes del teatro, una de las más bellas figuras de hombre.
-Pero de a ratos es ridículo...
-Jean Jacques Rousseau, en el siglo XVIII, no le perdonó a Molière que hiciera ridículo a este Alceste. Tal vez Molière lo escribió pensando en el hombre ideal, el que a él le hubiera gustado ser. Molière actor estaba condenado a hacer reír. Le llevó tiempo aceptar que era un actor cómico. Trató de escribir tragedias y hasta quiso seducir interpretando las grandes obras de Corneille y Racine, pero cuando actuaba el público se reía, entonces tuvo que resignarse. De esa tensión entre un gran personaje y esa figura cómica, muchas veces ridícula, nace la comedia y sus ambivalencias.
-¿Es muy complejo encontrar al actor que recree a Alceste?
-Es un gran misterio. Cuando se pone en escena a Molière siempre hay que preguntarse qué rol jugaba él cuando actuaba a sus personajes. Molière hacía de Alceste, pero también de Scapin y de Signorele. La gran pregunta es cómo el mismo actor podía actuar roles tan diferentes...
-Tenía una locura muy especial...
-Probablemente. En la tradición de Molière en Francia hay dos grandes direcciones. La del gran señor, el hombre de grandes cualidades que no hace reír, pero que emociona por su generosidad, su exigencia, su soledad, y la tradición cómica. Dentro de ella, Alceste es ridículo, pero está siempre enojado, es demasiado intolerante. Y nos reímos de él y nos sacamos de encima a Alceste por la risa. Recientemente puse esta obra en Francia con un actor polaco con el que había hecho "Don Juan" y tratamos de buscar ese equilibrio entre el hombre que a uno le gustaría ser y Alceste, el hombre excesivo, imposible, insoportable. Es un equilibrio difícil, pero si uno no lo encuentra Molière no aparece. Si no me río de vos, paso a tu lado y no te veo; si no voy hasta el fondo, no llego a tu profundidad y a tu riqueza.
-Es un gran estudioso de los clásicos, ¿qué le aportan ellos?
-Es un poco sorprendente. Ya no soy un hombre joven y algunas veces, luego de un largo viaje me digo: "Estás envejeciendo", y, sin embargo, mi cabeza se siente más joven que cuando tenía 20 años. Es un misterio de la vida. El frecuentar las obras, los poetas, los actores y el escenario me dan un cierto entusiasmo y fervor. Siempre considero que una obra del pasado es como una obra de hoy. Molière, Eurípides, Corneille, Marivaux, Goldoni, Shakespeare son mis contemporáneos. Si no lo son me aburro, si ellos no me hablan del mundo de hoy, me aburro. Y en las obras contemporáneas trato de pasar por alto lo que tienen de actual y trato de encontrar esa cosa que es de hoy y es de siempre.
-Hace un par de semanas se estrenó en Buenos Aires "Por un sí o por un no", la pieza de Natalie Sarraute que usted repuso en 1998, en Francia, en una puesta de gran sensibilidad. ¿Qué cosas de hoy y de siempre encuentra en ese texto?
-He puesto en escena tres piezas de Nathalie y volvería a ponerlas. Mi encuentro con ella y su obra es una de las cosas más fuertes de mi vida. Una vez le pregunté si para escribir "Por un sí o por un no" ella había pensado en "El misántropo", y me respondió que sí. Los dos personajes de "Por un..." son como Alceste y Celimene. Siempre en Molière está el personaje y su doble. En la obra de Sarraute los personajes no tienen nombre porque ella no quería nombres, ni condiciones, ni situaciones, ni época. Trabajaba sobre lo que es anterior a nosotros. El personaje H2 ha comprendido lo absurdo del mundo y no quiere saber más nada y está como en el desierto. Es como si la obra empezara cuando finaliza "El misántropo". Alceste se fue al desierto, no quiere escuchar hablar de nada ni de nadie y Filinto (el sabio) viene a buscarlo. En nosotros siempre están esos dos personajes H1 y H2 o Alceste y Filinto. Uno siempre quiere partir al desierto, parar todo, y hay alguien que siempre quiere continuar, que busca seguir viviendo, que quiere encontrar la posibilidad de inscribirse dentro de su sociedad.




