
Noche de paz, noche de amor
Vitel toné . Libro y dirección: Diego Faturos. Con Lucila Garay, Nadia Marchione, Soledad Marchione, Franco Midú, Bárbara Molinari, Fabián Ruiz Verlini y Soledad Sauthier. Asistente de dirección: Nicolás Ortiz de Elguea. En Puerta Roja, Lavalle 3636. Viernes, a las 20.30.
Nuestra opinión: regular
En el menú navideño del actor, director y dramaturgo Diego Faturos no hay pionono ni ensalada rusa comprada en un súper ni ensalada de frutas de lata ni una mísera botella de sidra ganada en el sorteo del chino de la vuelta. Es más, a juzgar por el título, promete un vitel toné, que tampoco llega. Pero a no desesperar.
Lo que sí promete (y cumple) es presentar una obra con un sólido nivel actoral. Los seis intérpretes transitaron el taller/teatro Timbre 4, la escuela de Claudio Tolcachir de Boedo. De allí también es Diego Faturos, director de Vitel toné y un muy interesante intérprete que en esa misma sala actuó el año pasado en Lisístrata y que desde hace dos temporadas viene dándole duro y parejo (y con elogiosos comentarios) en La omisión de la familia Coleman .
En su primer trabajo como autor y director hay varios elementos que dan cuenta de cierta marca que tiene que ver con los trabajos de Tolcachir (desde el inteligente aprovechamiento del espacio hasta la fuerte personalidad de los personajes pasando por cierta seducción por los seres freaks).
En este caso, en un departamento a alguien se le ocurre poner un cartelito en el ascensor que dice: "¿Qué les parece si pasamos juntos las fiestas?" Y llegada la noche de un 24 de diciembre, cinco vecinos no tienen idea más brillante que subir con sus banquitos y algo para tomar hasta una terraza deprimente y juntarse con vecinos que apenas logran reconocer. Nadie lleva el vitel toné del título, pero eso puede considerarse como un dato menor. Lo cierto es que ahí se reúne este quinteto que espera la hora señalada entre intenciones de brindis que no son tales, una maniática religiosa, fobias varias, un maniático obsesivo, deseos cruzados, una recreóloga dispuesta a pasarla bien cueste lo que cueste, una sidra caliente, una desbocada dispuesta a todo y otra dispuesta a seguir conteniendo todo. Para colmo, en algún momento llega (y desaparece) el portero de edificio.
La situación es jugosa de por sí, delirante y con chispas de buen humor. El contexto del compartir la Navidad en ese espacio (muy bien utilizado por la dirección) también suma. Cada uno de los personajes tiene mucha vida, tiene horas de ensayo. Se nota que están maduros en el cuerpo de cada uno de los intérpretes. Lo delata infinidad de detalles que manejan. Pero el problema base es la falta de una trama sólida que dé sustancia a lo que se quiere decir. El peso de Vitel toné descansa en la construcción de cada una de las criaturas, en algunos diálogos y en una situación disparadora atractiva (como el título mismo). Detrás de esa panorámica no hay mucho más o lo que hay es muy endeble (como el personaje mismo del portero que aporta muy poco a la trama).
De todos modos, tratándose de alguien que está haciendo sus primeros trabajos, su menú tiene condimentos interesantes que -probablemente- requieran mayor cocción.
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