Norman Briski: "Prefiero estar alterado"
Con Eduardo "Tato" Pavlovsky estrena mañana "La gran marcha", una obra difícil y contradictoria con reminiscencias claramente shakesperianas
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""La gran marcha" es una obra muy contradictoria y nosotros queremos que las personas contradictorias vivan mejor por ser contradictorias y que no se las culpe de nada. En los contradictorios hay enormes fuerzas, enormes capacidades. No queremos la ambigüedad, queremos la contradicción. No queremos la queja, queremos la protesta. En eso hacemos mucho de espejo, los dos somos nadadores, nos conocemos hace muchos años y seguimos coincidiendo en que nos gusta el mismo juego."
Quien habla es Norman Briski y su compañero de andarivel es Eduardo "Tato" Pavlovsky. Los dos se largan mañana a la aventura de ponerle el cuerpo a "La gran marcha", la nueva obra de su amigo Tato inspirada en "Coriolano", de Shakespeare, que cuenta con la actuación del mismo Pavlovsky (como Coriolano), Briski (como su madre Volumnia), Susy Evans, Karina K, Jorge Waldhorn, Eduardo Mich, Hernán Romero, Kevin Valente, Fabián Conti, Ariel Sandez y Sebastían Iglesias Rial.
El último trabajo de Briski como director fue "Rebatibles", una magnífica locura escénica en la cual el gran actor, docente y director se las ingeniaba para resolver lo impensable en su mágica salita del barrio de Monserrat.
"De esa obra a ésta es como si hubiera pasado mas tiempo del que pasó. Es que en la Argentina siempre vivimos de un acontecimiento fuerte a otro. Pero recuerdo con mucho cariño a ese espectáculo por la factura artesanal que tenía.
-El gran desafío de ese montaje era resolver el complicado sistema escenotécnico con poca producción y mucho ingenio. ¿Cuál es el desafío de "La gran marcha?
-Si "Rebatibles" era una música de cámara, acá hay un material sinfónico. Y al ser un hecho sinfónico hay algo macro, algo grande, algo operístico, de comedia musical. Y si bien tanto Tato como yo estamos acostumbrados a lo artesanal, estrenar en el Centro Cultural de la Cooperación es como haber llegado al Colón. Es más, hace mucho que no tenía la gimnasia de tener a quince actores en escena. Diría que "La gran marcha" se parece a una producción de la avenida Corrientes hecha por tipos que amamos esto. Diría que es como pasar de un fulbito cinco a salir a la Bombonera.
-La trama gira en torno de Coriolano, un guerrero romano. Sin embargo, el simple título de la obra resuena como si se tratara de una gran marcha pendiente en este país, una marcha que lleve a un cambio estructural. ¿Es así?
-Tato es un movilizador, un provocador. Tenemos mucho amor por los hombres que han producido las grandes marchas y que han modificado lo institucionalizado. Somos amadores de cambiar las cosas, de cuestionar la civilización. Como uno de los aspectos del discurso de Coriolano en el cual manifiesta no aceptar las reglas de juego civilizado y, con una enorme inocencia y valentía, se larga a provocar la alegría para garantizar que la marcha sirva para cambiar algo. En ese sentido es un texto fuerte, que dice cosas de peso y actuales. Y diría que esa cuerda la puede trabajar un tipo como Tato tan centrado en saber qué les pasa a las personas.
-¿Qué te pasó a vos entonces con la primera lectura?
-Me divertí como un loco. Al mismo tiempo, es un texto muy revelador que expone aspectos que a uno le cuesta sacar afuera. Es difícil hablar de la masturbación o de la pedorrea porque hay una especie de tormento civilizador...
-De cosa pacata...
-Y tilinga, como decía Jauretche, que no permite expresar otros aspectos de la libertad del ser humano. De todo eso no me río ni irónicamente ni cínicamente, me río por la alegría de saber que esas cosas pueden dar libertad a otros. Y aunque Tato y yo ya estamos grandes, nos tomamos muchas libertades.
-Más que grandes diría que se conocen mucho, lo cual ese conocimiento debe transformarse en un buen punto de partida para cualquier juego.
-Diría que sabemos que la cosa no pasa por irse a vivir a Miami o a Madrid. Estamos en otra y nos gusta mostrar nuestro mundo, nuestras experiencias porque la pasamos muy bien jugando a esta edad.
-¿Qué no está permitido en ese juego teatral?
-Ni para Tato ni para mí está permitido el juego del teatro del teatro, el actor del actor, el cine del cine... Nos parece asqueroso. Me resultaría muy fácil ser actor del teatro, dar clases y todo eso. Pero yo prefiero estar alterado con un rol que está alterado, que busca la alteración como manera de seguir explorando.
-Pavlovsky tiene una presencia escénica única, ¿qué tal es actuar junto a él y dirigirlo a la vez?
-Cuando estás con un buen actor te hace mejor actor a vos. Compito, pero no con el prejuicio de qué me puede pasar con este tipo grandote. No. Nos respetamos mucho y eso quiere decir que nos respetamos a nosotros mismos. Pero al ser director y actor de esta propuesta hace que tenga la huida asegurada. En cuanto algo no me cierra me salgo de la escena para ver algo de las luces o de la puesta como buscando una excusa. Y la huida es legítima porque el doble trabajo es de mucha exposición.
Mamá y su hijo
En "La gran marcha" Norman Briski hace de Volumnia, la madre del personaje de Tato Pavlovsky. "Soy una mamá que conoce muy bien qué quiere para su hijo. De alguna forma lo he construido, como en general hacen las madres. Le inculco una ideología de valentía, coraje y de amor a la patria. Y vamos marchando hacia eso y todo viene fenómeno porque va a ser cónsul, ya que no hay nadie más valiente que él. Tengo el hijo perfecto", apunta Briski/Volumnia orgulloso de su hijo Tato/Coriolano. Pero, como suele ocurrir en la vida real, ni los hijos perfectos son tan así aunque hayan sido criados por madres perfectas (o que se creen perfectas). "Como no cumple los requisitos del Estado, que consiste en mostrar las heridas para ganarse los votos de la multitud, lo expulsan -continúa-. Eso me hace sentir muy contrariada y si bien me produce un enorme respeto por él, estamos perdiendo la posibilidad de que sea nombrado cónsul (una especie de rey). Entonces Coriolano no hace nada más ni nada menos que irse con los volscos, aliarse con ellos para luchar contra Roma, mi país. Yo le hago todas para que el tipo se arrepienta y, al arrepentirse, me confiesa que se está cagando en las patas, que toma cocaína... Todo mal. De una le digo que me ha traicionado y de alguna forma yo también quiero matarlo. O sea, mi rol está relacionado con el Estado y con la reforma de ese Estado, porque odio a esos senadores como son. Formo a Coriolano pero él falla instalando una contradicción terrible."
Briski confiesa que es la primera vez que cuenta así de corrido las características de su personaje. "La verdad -dice con su habitual humor y sinceridad- estuvo bueno porque me sirve para entender por dónde viene la cosa. Porque yo soy un tipo de analizar mucho las cosas.Tengo elementos femeninos pero ni por las tapas se me ocurre trabajar desde lo femenino, yo creo en el accionar. No sé si está bien o está mal. Sé que no tengo que imitar nada, que no tengo que hacer de mujer u hombre. Yo tengo que accionar, de ahí saldrá esta Volumnia."
Así son las cosas para este guerrero romano y su madre tan contrariada. Una historia que, como ya ocurrió en "Poroto", cuenta con un plus de lujo: ver a dos actores enormes compartiendo el escenario.
PARA AGENDAR
- La gran marcha De Eduardo Pavlovsky, con dirección de Norman Briski.
Centro Cultural de la Cooperación Corrientes 1543 Viernes y sábados, a las 21. Entrada: $ 7






