Nueva generación
Baltasar Jaramillo y Bruno Pedemonti, hijos de Soledad Silveyra y Thelma Biral, los dos amigos hoy son exitosos
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En el verano de 1990, un muchachito se presentó ante la producción de la comedia "Extraña pareja" para trabajar como utilero. Sus protagonistas eran Ana María Picchio y Soledad Silveyra. Un buen día, el muchacho en cuestión se puso a conversar con Solita, quien terminó descubriendo que era Bruno, el hijo de Thelma Biral. "¡Ah..., si vos estás trabajando acá, me lo traigo al gordo a laburar enseguida!", dijo. Se refería a su hijo Baltasar, que estaba veraneando como un pachá y ganándose chicas por ser el hijo de la estrella. Así fue que se conocieron quienes hoy son amigos inseparables y socios en un ambiente en el que entraron por raíz y en forma providencial.
Baltasar Jaramillo (34 años) y Bruno Pedemonti (33) hoy son los productores de "Visitando al señor Green", la obra de Jeff Baron que se repondrá en enero, con Pepe Soriano y Federico Olivera, en el Multiteatro porteño. Ellos no sólo afrontan la producción de una pieza que obtuvo los mejores elogios de la crítica y del público, sino que, además de ser jóvenes, toman al trabajo de gestación de un espectáculo en forma distinta. "Creemos que el teatro, como rubro entretenimiento, es el más artesanal de todos. Como espacio, es el más vulnerable de todos. Esa vulnerabilidad está dada por cada una de las personas que vivimos del, por y para el teatro. Sabemos que siempre fue así, y estamos seguros de que así será siempre", afirman ambos en el programa de mano de "Visitando al señor Green". Y lo toman como leitmotiv para su modalidad de trabajo. "Los actores tienen una gran vulnerabilidad y sensibilidad. Y por acompañar a nuestros padres vimos como los trampean con las entradas y no los cuidan. El rol que decidimos tener es el del cuidado del actor. Fijate que en todas las producciones que hacemos, los artistas confían tanto que ni nos piden el control de entradas. En realidad, esto tendría que ser normal -dispara Jaramillo-. Somos productores desde el escenario para la boletería. Para nosotros es más importante el negocio desde lo artístico que desde lo comercial. No es que no nos interese como negocio, lógico, pero estamos más contactados con otra cosa", agrega Pedemonti.
Luego de aquel primer verano como utileros, Bruno (también hijo del actor Titino Pedemonti) entró a trabajar a La Comedia como productor ejecutivo. "Nos habíamos hecho tan amigos que le dije que se viniera a laburar conmigo. Empezamos a trabajar juntos part time haciendo producciones ejecutivas. Hicimos «Las sirenas cantarán», con Rodolfo Bebán y Araceli González, en el 96; y luego, «Cartas de amor». Pero nuestra primera producción fue un fiasco. Invertimos ocho mil dólares cada uno: todo lo que teníamos. Nos pasó de todo", recuerda Pedemonti. La obra era "No te mueras nunca", escrita por Ismael Hasse y dirigida por China Zorrilla, con Rafael Rojas, un actor chileno que imitaba a Carlos Gardel. Se les enfermó un actor (Wagner Mauttone) y la primera producción propia duró dos semanas.
Pero no se amedrentaron y abrieron su propia oficina en la calle Carabelas. Y comenzaron a dar los primeros pasos exitosos: llevaron por el interior muchas obras ya estrenadas en Buenos Aires, como "Vita y Virginia" y "Dos mujeres con Federico", entre otras. Pero el ciclo "Teatro nuestro", que reunió en 1998 a grandes actores en obras breves de grandes autores y directores, fue aquello que terminó por convencerlos de que el teatro era el agua donde querían nadar. "Nuestra idea es que el teatro ocupa un espacio de trinchera y eso es lo que más nos gusta. Se juega mucho con la palabra, donde todavía sos parte del equipo. Te falla el utilero en una función y se te joroba el escenario", explica Baltasar.
Paralelamente, Bruno estuvo trabajando en las primeras producciones teatrales de CIE, como "La Bella y la Bestia" y "Los miserables", como "production stage manager" y viajó a Londres para trabajar en la puesta británica de esta última obra. "Aprendí muchísimo. Eso también me sirvió para tener una visión más amplia de lo artístico", afirma.
Mientras tanto, Jaramillo también trabajó en la producción de "Porteñas". Hasta que les llegó a sus manos "Camino a la Meca" (en coproducción) y "Visitando al señor Green".
¿Por qué se dedican al teatro y no al cine o a la televisión, que podrían darles mayores réditos? "Nosotros también nos lo preguntamos -dice Pedemonti con una carcajada-. Tuve una experiencia en la tele, pero desde la política, cuando fui gerente de programación de Canal 7, durante el gobierno de la Alianza. Y creo que no lo volvería a hacer nunca más en mi vida. Es otro mundo: una cosa de competitividad impresionante. Si no sos vivo, no entrás. En términos de negocio, me parece difícil de explicar, no nos interesa. Tenemos propuestas, pero no las aceptamos", dispara contundente Jaramillo. "Es que creo que tiene que ver con venir de familias más del palo del teatro. En mi casa, de lo que más se hablaba era de eso. De chico me pasaba algo que me definió. Uno tenía vínculo con la TV o el cine por ir a buscar a nuestras viejas cuando estaban trabajando. Pero cuando entraba a una sala de teatro, lo que respiraba o lo que vibraba ahí no me pasaba en un estudio de TV. Y te hablo de cuando era un borrego de seis años. Uno se maneja más por cosas intuitivas que de razonamiento".
En el escenario, no
Como hijos de famosos, ambos tuvieron la posibilidad y el entusiasmo de subirse alguna vez al escenario. A Bruno le fue mejor. A los 7 años jugaba a ser el asistente personal de Cecilio Madanes, quien dirigía a su madre en "La zapatera prodigiosa". "Me sabía la letra de todos los personajes y, como había un personaje de niño, Cecilio me dijo que me fuera a probar la ropa y que saliera esa misma noche a escena. Mi vieja no sabía y se sorprendió al encontrarme sobre el escenario. Luego, me llamaron para hacer del hijo de Verónica Castro en una novela y mi tercera propuesta fue trabajar en la película «Las barras bravas», pero mi papá dijo: hasta acá llegamos. Ocupate de estudiar». Pero eso era un juego de chicos. De grande me pasó otra cosa". Entretanto, lo de Baltasar fue más fugaz: "Una vuelta quise ser actor porque pensé que era una cosa sencilla, quería salir en las revistas y levantarme minas. Pero con cinco sopapos en las cinco primeras escenas supe que no era lo mío".
Los roles de ambos están bien diferenciados. Bruno se ocupa más de la parte artística y Baltasar de la tarea administrativa. "No tenemos una estructura de producción. Pero creo que el laburo del productor está mucho más lejos del escritorio y del papel. El trabajo nuestro es estar donde pasa la esencia: más en el camarín o en el escenario que en la escalera del hall o en tu oficina. Ahí el problema ya está mal resuelto y llegó tarde", comenta Pedemonti. "Pero es un aprendizaje empírico. Hoy la pizza esa del chileno no nos la comemos", agrega su socio. Se reúnen en el bar del lado del teatro, andan en mangas de camisa y hasta se ocupan ellos mismos de la gráfica de la obra. Son atípicos. "Una vez en Córdoba, estaba en cueros bajando la escenografía de la obra del camión, todo chivado, y se acercó la persona que nos contrató para preguntarnos quién era el productor. Cuando le dije que era yo no lo podía creer. Pero somos bichos de teatro, lo mamamos de purretes", recuerda Bruno.
Mientras tanto, se ufanan de tener algunas obras que les gustan, pero quieren esperar a que se afirme la segunda temporada de "Visitando al señor Green". Pero se los ve humildes y no dejan de elogiar a otros productores teatrales grandes como Carlos Rottemberg, Julio Gallo, Pablo Kompel o Lino Patalano. "Nosotros no tenemos teatro, pero estamos bien", concluyen.






