
Obra de Sarraute en la Alianza Francesa
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La obra dramática de la francesa Nathalie Sarraute es muy poco conocida en la Argentina. No así su labor narrativa. "Por un sí o por uno no", una pieza concebida en 1967, se estrena en la Alianza Francesa de Buenos Aires con dirección de Daniel Ruiz. El espectáculo es interpretado por Aldo Pastur, Rita Terranova, Mario Pasik y el propio Ruiz.
En la escena, dos hombres inician una discusión y no importa tanto quiénes o cómo son sino el valor que les dan a las palabras que pronuncian o escuchan. Daniel Ruiz descubrió esta pieza leyendo una crítica que apareció hace dos años en Le Monde, cuando el director Jaques Lasalle repuso la obra en Francia. Ese mismo espectáculo, en 1998, se representó en el Festival de las Américas, de Montreal, y luego en Porto Alegre.
«"Por un sí o por un no" -dice Daniel Ruiz- es como una partitura musical, aunque una partitura compleja. Nathalie Sarraute dice que hasta el suspenso de la obra depende exclusivamente de la palabra. Ella pone la acción en la palabra. Es un desafío fascinante. Ni siquiera puedo decir que es teatro de texto: es teatro de la palabra, y en las palabras se esconden muchas cosas. En este material no sólo se descubren significantes y significados, sino que hasta los tonos de emisión son fundamentales».
Tanto es así que lo que da origen al drama es precisamente algo que se expresó en un tono no adecuado. Eso es lo que molestó a un personaje y lo que provocó malestar en una relación de amigos. "Así se genera un determinado resentimiento y eso va a aparecer de una forma muy particular a partir de la ironía, el desprecio, el enojo. Lo que se dice no es siempre lo que se está pensando. Entonces asoma un doble juego y esto se transforma en un gran desafío para el actor. Esta doble partitura es muy potente y obliga a los intérpretes a tener una comunicación muy profunda. En la pieza, a la vez, hay un humor muy exquisito, que no arranca carcajadas, pero sí sonrisas", explica el director.
-Concretamente, ¿cuál es el tema de la pieza?
-Es difícil señalarlo. En principio es un diálogo entre dos burgueses. Pero no se puede englobar en la palabra burguesía a una sola clase de personas, porque no es así. Es una amistad entre burgueses de distintas áreas. Como si pusiéramos en escena una gran amistad entre Martínez de Hoz y Bioy Casares, por ejemplo. Alguien que ha cimentado su vida en los logros económicos y alguien que ha hecho de su vida un cierto universo poético y quiere preservarlo. Ahí comienza la pelea. Continuamente uno quiere arrastrar al otro a su campo y otras veces se deja tentar por el mundo de su amigo. Tanto uno como otro encuentran la compensación necesaria en el espacio del otro, aunque les cueste reconocerlo.
-En general su producción está ligada con textos en los que hay una profunda valorización de la palabra. ¿Por qué?
-Durante muchos años, la palabra fue relegada de los espacios teatrales en pos de otras formas expresivas: el movimiento, la acción, los aparatos. Creo que lo más esencial de teatro es el actor. Es irremplazable. Y a veces ha quedado escondido detrás de una tramoya. Lo que me importa es el enfrentamiento de los actores, entre sí y con el público. Me interesa ese ritual fundamental del teatro y la acción desde lo verbal. Creo que la palabra poética es contenido en el teatro.
-En este caso, esas palabras dan cuenta de algo mayor, como una relación de amistad.
-Estos individuos discuten por un sí o por un no, pero lo que salva esa discusión es el profundo afecto que se tienen, más allá de sus diferencias. Y eso hace que la relación sea intensa, que el discurso sea válido, porque está sostenido profundamente desde la emoción.
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