Olivieri pone foco en el público
Responsable de algunos de los mayores éxitos de esta temporada tanto en Mar del Plata como en Carlos Paz, el director quiere llevar más gente a las salas
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MAR DEL PLATA.– A juzgar por su imagen y sus modos (remera y gorrita deportivas, una manera de hablar extremadamente sencilla), Carlos Olivieri se parece más un trabajador de televisión que a un director teatral, o al menos a la idea prototípica de un director teatral. Su forma de encarar el trabajo también lo acerca a las maneras de hacer de la tele: responsable de los dos mayores éxitos de la cartelera marplatense –Sé infiel y no mires con quién, protagonizada por Fabián Gianola, Nicolás Scarpino y Carolina Papaleo y Pato a la naranja, la comedia que volvió a reunir a Nito Artaza y Miguel Ángel Cherutti en un escenario– y también de Mansión imposible, segunda en recaudación en la taquilla de Carlos Paz, por debajo de la imbatible Stravaganza, Olivieri repite con insistencia que la clave para que los proyectos funcionen, no sólo en temporada, está en poner el foco sobre "el espectador". "Yo hago teatro para que sea visto por la mayor cantidad posible de gente. Cuando escucho a alguien que dice que los números no son importantes, yo pienso: «El rating y las grillas de recaudación son gente, ¿cómo no te va a importar la gente?»"
Esa inclinación natural por averiguar qué quiere el público y su devoción por el trabajo en equipo –junto a los actores, pero fundamentalmente junto a los productores– lo vuelven bastante más cercano al realizador de tevé que un director-autor. Su biografía lo explica: comenzó a trabajar como actor a los siete años, hace más de cincuenta, en los films de Hugo del Carril. Fue uno de los niños más conocidos de las novelas de Migré y trabajó durante años detrás de cámara, una vez que se dio cuenta de que la popularidad no le quedaba demasiado cómoda. "Me encanta la profesión, pero no me gusta la fama. Y una forma de esconderme fue la dirección, porque sigo vinculado al trabajo, pero sin exposición."
En teatro, su gran métier desde hace dos décadas ("la tele exige un esfuerzo sobrehumano y yo ya estoy grande, por eso preferí apartarme un poco"), dirigió Boeing Boeing, Taxi 1, Taxi 2, la versión teatral de Valientes y se hizo cargo de la dirección de actores en propuestas como El joven Frankenstein, La jaula de las locas y Los productores.
–Estás dirigiendo tres obras exitosas en una misma temporada ¿a qué atribuís el suceso?
–Creo que todas están funcionando bien porque son obras sólidas, conocidas, impecables en su estructura. En el caso de Sé infiel… y de Pato a la naranja, además, estamos hablando de obras ya probadas, de mucho pergamino: Sé infiel, por ejemplo, se hizo en más de treinta países. Y sus temas, en todos los casos, son universales: la gente se identifica y se reconoce en las historias. En el caso de Mansión imposible, la inversión fue muy grande: imaginate, ¡hasta incluye una película de ocho minutos en 3D! Yo creo que todo ese trabajo, esa producción, la gente los agradece. Más allá de eso creo que todas tienen una factura de mucha calidad. Pero ojo, yo no me agrando, por el contrario: el año que viene hay que trabajar todavía más.
–¿Seguís yendo a las funciones después del estreno?
–Trato de estar muy presente porque soy muy estudioso de las reacciones del público: muchas veces, en vez de mirar el trabajo de los actores, me quedo mirando a la gente. Una vez que uno estrena, el público se convierte en un actor más, y eso es importante entenderlo. Cuando la gente se ríe hace cosas insólitas: está el que patalea, el que se pega la cabeza contra la butaca de adelante, el que se tira para atrás. A esas explosiones de risa hay que darles su propio espacio, permitirlas, ofrecer esos segundos de silencio para que ocurran. Una vez que pasaron, la gente puede seguir viendo la obra sin haberse perdido de nada. Es un timing que se va estableciendo con el correr de las funciones.
– En el teatro popular y a gran escala que solés dirigir, la figura de los productores es fundamental. ¿Te sentís tan responsable como ellos cuando una obra va mal?
–Si hay algo que yo nunca voy a hacer es echarle la culpa al público. Si algo no funciona, nos tenemos que juntar con todo el equipo y hay que hacer un replanteo. La más fácil de todas, siempre, es echarle la culpa al público y buscar alguna excusa: que llovió toda la temporada, que hay menos gente que el año pasado, que hoy juega Boca… Cuando tenés un éxito, en cambio, no te afecta nada. Recuerdo que cuando hicimos Taxi, la ciudad de Buenos Aires se inundó, pero el teatro estaba lleno igual. La gente llegaba en bote, nadando, como podía. Yo no creo en las excusas.




