Orfeo y Eurídice: la transversalidad de la condición humana, en un mito inmortal

Gabriel Isod
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7 de julio de 2017  

Sofía Diambra y Liza Taylor
Sofía Diambra y Liza Taylor Fuente: LA NACION

Orfeo y Eurídice / Dramaturgia, puesta y dirección: César Brie / Intérpretes: Sofía Diambra y Liza Taylor / Música original: Pablo Brie / Teatro: El Extranjero. Valentín Gómez 3378. / Funciones: viernes, a las 23 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

César Brie demuestra una increíble capacidad productiva. Entre la media docena de obras que tiene en cartel, incluye Orfeo y Eurídice, una reformulación del mito del legendario músico que bajó al inframundo a buscar a su amada y que, al mirar hacia atrás, la perdió para siempre. Para esta obra, Brie consideró también el caso de Eluana Englaro, una mujer italiana que pasó 17 años en coma vegetativo y cuyos padres lucharon por su derecho a morir con dignidad en medio de una gran polémica. Sobre estos materiales se ha imaginado esta pieza, que, al igual que los mitos, aunque no sea históricamente cierta, esconde algunas verdades trascendentes.

El espacio está atravesado por una tela en diagonal que va de una silla a una cama. Las diagonales en teatro son una forma fuerte de atravesar el espacio, implican un corte profundo que también marca un camino. Cruzar de lado a lado es lo que arma la historia de amor entre Sofía y Liza, las Orfeo y Eurídice de esta historia. Con un bombardeo de mecanismos artesanales y sutiles, Brie da forma al crecimiento de esa pareja valiéndose de pequeños juegos: caminatas en cámara lenta, fotografías, juegos de luces, manipulación de objetos. Todo lo que uno pueda considerar precariedad se vuelve aquí riqueza, es simplemente el hecho de dejar en claro el código del juego para poder entrar en él. El público acepta de inmediato que todo lo que aparece en escena tiene una posibilidad de redefinirse como símbolo y, a partir de ahí, entra en ese juego intenso.

La pieza cuenta con dos actrices que están dispuestas a exponerse en forma abierta, de esas que no ocultan sus virtudes ni sus límites. Ellas -Sofía Diambra y Liza Taylor- son las que necesita esta propuesta, despliegan un ejercicio de sinceridad más que de lucimiento y a partir de ahí adquieren la dimensión mitológica que el título afirma.

Cada tanto, un Caronte con fuerte tonada hará de narrador. La obra es generosa en eso: si el público no está al tanto de Orfeo, nos guía para seguir mejor el derrotero. Brie sabe que la gente puede haber olvidado estas historias, pero también que están ocultas en algún lugar que el espectador ya conoce. El trabajo de la obra es sacar ese saber, volver a ponerlo en escena. Y se permite, también, actualizarlo en un contexto en el que la ciencia médica, a menudo, lucha contra la enfermedad y usa a los pacientes como un campo de batalla que pierde su condición humana a cada embate. Un mito es algo distinto a una mentira. Entre las muchas funciones que tiene, está la de ayudar al individuo a entender el despliegue de la vida.

A pesar de sus particularidades, Orfeo y Eurídice parece referir a experiencias esencialmente análogas en distintas culturas y tiempos. Esa transversalidad de la condición humana es la que atraviesa el mito, la que le asegura eterna vigencia, ésa es la diagonal que parece trazarse aquí.

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