Otra obra simbólica en el estilo Briski

Pablo Gorlero
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30 de junio de 2005  

"Copla". Libro: Norman Briski. Dirección: Elvira Onetto. Con Guillermo Hönig, Melina Abagianos, Gabriel Tureo y Santiago Dinelli. Luces: Iván Nirich. Musicalización: Manuel Llosa. En Calibán, México 1428, PB 5, los sábados, a las 21. Duración: 40 minutos.

Entrar en Calibán ya es un hecho teatral. Una casa chorizo con alguien en la puerta que indica en qué departamento funciona el teatro de Norman Briski. Nada impresionante, pero distinto de la particularidad.

Y, por supuesto, todo lo que allí se da también escapa a lo tradicional. Desde el espacio escénico hasta las propuestas. "Copla" fue editada recientemente por el Instituto Nacional del Teatro en el volumen "Teatro del actor II", un libro que reúne textos de Norman Briski. Elvira Onetto fue la directora intrépida en tomar este texto simbólico, lleno de vericuetos irónicos e ideológicos que podrían abrumar demasiado a un espectador no muy despierto.

Pero Onetto apostó hábilmente a la construcción de una puesta en escena a partir del juego teatral. La pieza está diseñada por un número de cuadros inconexos desde la textualidad, pero intensamente conectados desde lo conceptual. "Copla" habla de un desencuentro amoroso pero haciendo equilibrio en la metáfora y en un juego interesantísimo de signos y símbolos que refieren a las relaciones, a la soledad, al amor, a la ternura, a la partida... a todo eso que puede rodear a una relación de pareja. "Por esperarte viviré sin gravedad", dirá él.

Por supuesto, Briski conecta el humor en forma hábil y desacraliza su propio texto, evitando hacerlo críptico. Asimismo, juguetea con el absurdo, con una permanente ruptura del texto y una desprolijidad adrede que permite libres asociaciones subliminales que conducen a emociones conscientes.

A su vez, la utilización de distintos paralelos de interpretación como la cita amorosa, ramo de flores de por medio, con un casting, es inteligente e ingeniosa; así como la entrega de premios con el casamiento, o los interesantes monólogos que ofician de confesiones. El tiempo y el espacio se descomponen a la vez que la ideología impregna todo el concepto.

Buena dirección

Todo esto arriba a muy buen puerto gracias a la conducción hábil de Elvira Onetto. Indujo a los intérpretes a sumergirse en un trabajo interpretativo lúdico en el que, claramente, se divierten y hacen divertir. Lo interesante del trabajo es que está apoyado en un trabajo psicofísico que transporta los textos de Briski con una naturalidad que los hace más asequibles al espectador. Aprovechó la ruptura planteada desde el texto e incorporó elementos del "afuera" vinculados a una estética vulgar televisiva o cinematográfica que aportan e ilustran sin, precisamente, vulgarizar. Los asistentes se suman a las escenas interpretando sus propios roles sin manchar.

Entretanto, Guillermo Hönig y Melina Abagianos se entregan enteros a la propuesta de Onetto y Briski. El tiene una frescura elogiable, al tiempo que sabe saborear cada texto. Ella tiene fuerza, se planta y tiene un buen dominio corporal. Ambos son una conjunción interesante para manejar una fibra a la vez humorística e intensamente ideológica.

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