Pablo Echarri, tras nuevos horizontes
El actor, que protagoniza The Pillowman, llega al teatro con la intención de cambiar el rumbo de su carrera
1 minuto de lectura'
En una carrera profesional hay momentos de giro que son definitorios. Para Pablo Echarri, uno fue cuando pasó de vender ropa en Wilde a trabajar en televisión. Después de protagonizar varias tiras televisivas y películas, el actor siente que hoy, con el estreno de The Pillowman , comienza a transitar por otro momento crucial de su carrera.
"Nada fue casualidad en mi vida, y todo lo que terminé eligiendo fue porque sentí que era algo que era para mí. Cuando me llegó Pillowman y sentí que lo podía hacer no dudé, porque sé que me va a traer cosas muy buenas. Creo que va a ser un crecimiento artístico y personal", comentó el actor en una charla con LA NACION. La propuesta de protagonizar la obra, que se estrenará hoy, en el Lola Membrives, le llegó a Echarri hace dos años. Pero en aquel entonces el actor estaba muy ocupado grabando la exitosísima Montecristo, y la obra tuvo que esperar. Finalmente, cuando la película de Marcelo Piñeyro en la que Echarri iba a actuar no se pudo hacer, Daniel Grinbank volvió con la propuesta y hace tres meses que la obra se puso en marcha.
"Es una comedia muy negra, que toca un tema muy delicado, pero con una brillantez y una ironía que producen una reflexión muy profunda -comenta Echarri-. Es un espectáculo que trata muchos temas: el sometimiento del ser humano a otro ser humano, la violencia familiar, la violencia infantil, las relaciones entre padres e hijos, etcétera." La historia de The Pillowman gira alrededor de un escritor, Katurian, acusado de horribles crímenes contra niños (ver aparte).
Aunque resulte difícil imaginar que se trata de una comedia, Echarri subraya la importancia del humor en la obra: "El humor está puesto de una forma muy fina y sin intención de provocar una carcajada. No se puede contar esta historia siendo realista, porque la gente no soportaría ver la representación de algo tan duro y tan cercano. Dicen que el humor está donde se cuenta lo que no se debe contar; ocupa un lugar equivocado. Al tocar este tema de una manera tan particular, provoca humor. Creo que resultará catártica".
El delicado equilibrio entre el humor y un tema oscuro hace que el abordaje de la obra no sea algo demasiado fácil. Sin embargo, Echarri se muestra feliz de enfrentar las dificultades que presenta The Pillowman . "Es muy jugado, pero es maravilloso. Me estoy jugando a algo plagado de contenido y sostenido por un personaje muy difícil. Si uno toma un desafío sin armas, se tornará complejo, difícil y con un resultado incierto. Pero en este desafío, con esta producción, con un elenco formado por Carlitos Belloso, Vando Villamil y Carlos Santamaría y un director como Enrique Federman, siento que no estoy solo. Es como saltar con red", dice el actor.
La elección de una propuesta tan ambiciosa tiene que ver con la intención de Echarri de ampliar su espectro actoral. "Más allá del deseo de ampliar mi registro como actor está mi deseo de ampliar mi espectro como artista y como trabajador. Quiero sumar a mi vida artística el teatro ya definitivamente", comenta el actor, que hizo su primera incursión en el teatro hace nueve años, con Puck. Sueño de una noche de verano , junto a La Banda de la Risa. El regreso al escenario, cuenta, se dilató por su amor al cine, al que le ha dedicado gran parte de su tiempo. Echarri afirma que es en la pantalla grande donde se siente más a gusto.
Construir a un personaje sobre el escenario es muy distinto a hacerlo en cine o televisión. Encarnar al complejo escritor Katurian implica un importante desafío."Lo maravilloso y desafiante del personaje es que el tránsito es absoluto. Empieza siendo un tipo y termina siendo otro totalmente diferente. Me está siendo difícil porque exige de mí un estado emocional en el escenario siempre al borde".
En este trabajo, dice Echarri, sus compañeros resultaron grandes aliados: "Me trasladan todo tipo de experiencias y enseñanzas. Soy una especie de pichón para ellos. Actúan con una gran generosidad conmigo y yo me muestro abierto a recibir, porque más allá de la relación con el director y la búsqueda de cada uno, es importante ver la mirada del compañero porque está atento a cosas que uno no puede abarcar".
Mientras se concentra en el trabajo actual y en la película que filmará próximamente junto a Federico Luppi y Norma Aleandro, Echarri explica que, aunque hubo acercamientos tanto con Adrián Suar como con Claudio Villarroel, le gustaría tener con la televisión una relación "menos necesaria". Sin embargo, no reniega de volver a hacer de galán, aunque, aclara, depende de qué tipo de personaje sea. "Me daría vergüenza interpretar un galán transparente. Si lo hiciera, sería sólo por una cuestión económica. Nunca pude hacer cosas sólo por lo económico, porque soy un tipo bastante emocional y me involucro mucho", dice Echarri, y agrega que sus últimos trabajos como galán, en tiras como Resistiré y Montecristo , tuvieron siempre una vuelta de tuerca. "Los galanes que me gusta hacer son más cercanos a la realidad. Que la nobleza siempre esté, pero hasta llegar a eso de que todo sea dudoso. Seguiré buscando cosas que les den cierta ambigüedad a los personajes, porque de esa manera no me aburro. El galán blanco es para los pibes que están empezando."
Para los galanes con más años de carrera, como él mismo y Facundo Arana, que también estuvo en teatro haciendo una obra de David Mamet, tal vez haya llegado el momento de buscar otros horizontes. "El galán se siente siempre en la necesidad de que la gente vea el talento despojado de la imagen. El hecho de que el público pueda ver algo más se transforma en algo muy apetecible. El desafío más grande y que más se aprovecha es el que es una necesidad personal. The Pillowman me saca el piso y me hace tener que flotar. Si no floto, me caigo. Y eso está bueno."
Para agendar
The Pillowman (El hombre almohada), dirigida por Enrique Federman.
Lola Membrives, Corrientes 1280, (5353-0606). Miércoles y jueves, a las 20.30; viernes y sábados, a las 21, y domigos, a las 19. Desde $30.



