Para garantizarse la carcajada
La herencia , de María Romano. Dirección: Daniel Campomenosi. Con María Romano, Melisa Labat y Mariana Ortiz Losada. Voz en off: Chela Rosales. Vestuario: Hermosura. Coreografía: Cecilia Estévez. Luces: Hugo Traferri. Sonido: Enrique Landea. Diapositivas: Alejandro Zanga. Producción musical: Daniel Casablanca. Asistente de dirección: Florencia Mendizábal. Asistente de sala: Romina Bianchini. En el Teatro de la Fábula, Agüero 444. Duración: 50 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
No es común que en el circuito teatral alternativo se descubran obras de humor dirigidas a un público muy amplio. María Romano escribió una comedia que apunta tanto a un público masivo sin demasiada pretensión como al espectador más selecto. Y ese es un logro no muy sencillo de conseguir.
Claro, mucho tiene que ver la dirección de Daniel Campomenosi (ex Prepu) que tiene un conocimiento muy amplio y sólido del gag y de esos artilugios interpretativos para lograr que el humor inocente pueda ser también inteligente.
Todo comienza con la voz en off de una madre muy severa y autoritaria que reprende a una de sus hijas. La escena siguiente muestra a las tres hermanas reunidas, luego del entierro de su madre. Cada una encierra una inocencia diferente. Lydia es la que tuvo que gastar toda su vida cuidando a su madre, hasta el último minuto de su existencia; Matilde es una aparente despreocupada que se muestra liberal para disimular que es solterona; Clarisa es la casada que no sólo se quedó en el tiempo, opacada por cuatro paredes, sino que tiene la inocencia a flor de piel. Tienen mucho dolor, pero esas tres mujeres con tanto en común sacarán a relucir no sólo el pasado y todo aquello que las formó, sino también el origen de sus personalidades y sus pesares, según el caso. No hay un argumento potente, pero la autora no tiene esa intención. Lo importante es el vínculo entre estas tres mujeres, y los climas y situaciones que se generan a partir de los recuerdos y de esta herencia que, en apariencia, es más afectiva que monetaria. El espectador tiene la risa asegurada.
Romano puso el acento en el desarrollo de esas relaciones típicas entre hermanas y las consecuencias que produce la pérdida, todo en un contexto muy kitsch .
Humor muy negro
Daniel Campomenosi dejó que la interpretación dominara el texto y fuera el motor de esta comedia de humor bastante negro, pero muy psicológico.
Las hizo circular por las vías de la ingenuidad e hizo un trabajo minucioso con los gestos, silencios y sutilezas interpretativas.
La utilización del gag se hace fundamental y las tres actrices se mueven cómodas en él, pero Campomenosi hizo la variante en el gag circular. Para eso también dejó fluir a las actrices a través del juego.
Un placer conocer a una intérprete como Mariana Ortiz Losada. Trabaja una naturalidad que exacerba, desde un personaje absolutamente desopilante. Realiza una composición que es dominante y se gana los favores del público en forma permanente.
María Romano y Melisa Labat no le van en zaga: la primera tiene un amplio dominio de la gestualidad y compone a su sufrida Lydia poniendo al máximo su expresividad. Entretanto, Melisa Labat se mueve con mucha comodidad y demuestra habilidad para la comedia.
Hay un final imprevisto y una interesante puesta de luces de Hugo Traferri. Asimismo, Cecilia Estévez hizo un valioso aporte lúdico con sus coreografías.
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