
Peligra La Otra Orilla, la sala de Omar Pacheco
Necesita un subsidio para continuar su proyecto
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En octubre de 2006, Omar Pacheco subió cuatro veces al escenario del San Martín para recibir las estatuillas del premio Trinidad Guevara, una de ellas destinada al mejor director. En aquella ocasión, y en un momento de gloria, les pidió a las autoridades del gobierno porteño allí presentes que ayudaran a las salas independientes a realizar su actividad o, de lo contrario, desaparecerían.
Dos años después, Pacheco ve que esa profecía se convierte en certeza. Desde hace 9 años dirige la sala La Otra Orilla, en el barrio de Balvanera (Urquiza 124). "Compramos la sala durante el 1 a 1 [refiriéndose a la convertibilidad], y ahora, entre el pago de la hipoteca y gastos varios, la deuda crece. Estoy en un callejón sin salida y el año próximo este lugar se va a convertir en un supermercado o un estacionamiento", lamenta.
Pacheco necesita que el Instituto Nacional del Teatro (INT) u otro organismo le otorgue un subsidio de sala para que su proyecto, reconocido internacionalmente, no se frustre. "Las autoridades se llenan la boca en el exterior y hablan del maravilloso teatro argentino, pero ninguno colabora con nosotros." Aunque también existe en este momento un "trípode", como él dice, que está presente: su Grupo de Teatro Libre, sus ex alumnos y la Asociación Argentina del Teatro Independiente (Artei).
"Siempre estuve en la otra orilla, viendo de lejos lo demás", explica Pacheco, y aclara por qué eligió aquel nombre para su sala y escuela.
Discípulo de Enrique Pichon-Rivière, Pacheco fue profesor en la Universidad de Yale, donde condujo a sus alumnos a la práctica de lo que él denomina "ruptura de la estética tradicional", y fue el director general de Tanguera , el musical que -literalmente- recorrió el mundo, producido por Diego Romay, con quien montará Caravan el año próximo. Además, en 2009 realizará La última vida junto con su grupo, en su sala o donde sea. "Siempre tuve un perfil muy bajo, pero porque así lo elegí", dice el creador de Sueños y ceremonia s, Memoria , Cinco puertas y Cautiverio , entre otras.
Justamente, si La Otra Orilla se vende, las 75 personas que participan del proyecto cultural que allí se gesta se quedarán a la intemperie. "Hay salas que no reditúan económicamente. Sé que mi formato no es comercial, pero nunca fue mi intención", explica.
Si Buenos Aires quiere continuar siendo la capital mundial del teatro, deberá tomar medidas a tiempo. Aún puede accionar antes de que otra sala porteña se cierre.
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