
Qué fantástica esta fiesta
Ella . Libro: Valeria Ambrosio, Ana Repetto y Leonardo Gaetani. Dirección general: V. Ambrosio. Arreglos y dirección musical: Gabriel Goldman. Dirección de actores: Mecha Fernández. Con Ivana Rossi, Dan Breitman, Natalia Cociuffo, Hernán Piquín, Adrián Scamarella, Alejandro Ibarra, Angel Hernández, Esteban Provenzano, Federico Salles, Juan José Marco, Oscar Lajad, Marcos Gorosito, Leonardo Tito, Ariel Pastocchi, Sebastián Codega y Mariano Botindari. Reemplazos: Mariana Jaccazio y Federico Salles. Voz en off: Víctor Hugo Morales. Coreografía: Elizabeth de Chapeaurouge. Escenografía: Ana Repetto. Vestuario: Walter Jara. Iluminación: Sandro Pujía. Sonido: Osvaldo Mahler. Diseño de video: Maxi Vecco. Stage Manager: Flavio Chinellato. Asistente de dirección: L. Gaetani. Prod. ejecutiva: Constanza Miguel y Florencia Borensztein. Prod. general: Maxi Ambrosio y Daniel Grinbank. En el Lola Membrives. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: muy buena
Hace unos años, Valeria Ambrosio, Gabriel Goldman y el tándem de esta propuesta se jugaron con un espectáculo a lo grande, pero con modestia: Mina... che cosa sei? , sobre canciones de la diva italiana. Con él se fueron a Europa, recibieron críticas formidables y fue algo así como el lanzamiento de Elena Roger. Les quedó el sabor italiano y ahora se lanzaron a un nuevo desafío: Raffaella Carrá. Claro que hay una distancia artística entre Mina y la rubia del peinadito carré. Pero Raffaella dejó una huella importante tras sus periódicas visitas a la Argentina durante los años 70, cuando la misión era "distraer". Más allá de eso, divirtió a las generaciones que hoy sobrepasan los treinta y pico y se convirtió en ícono gay (uno más).
Ambrosio se divirtió con la idea. Y lo mejor de todo es que hace pasar un muy buen rato a los espectadores. En Mina... no había un argumento, sino una puesta en escena de cada canción. En Ella hay un pequeño hilo conductor, muy leve. La estrella de un espectáculo (Raffaella) no aparece nunca, entonces el resto del elenco debe hacerse cargo del show. Allí surgen la competencia y el deseo oculto de la figuración. Pero ésas son sólo pequeñas pinceladas. La directora tomó el mismo esquema de su anterior espectáculo y puso énfasis en la escenificación de cada canción, y dio como resultado una humorada de muy buen gusto.
Valeria Ambrosio tiene un criterio estético exquisito y sabe ponerle teatralidad. Conoce muy bien cómo aunar distintas disciplinas y elementos. En su espectáculo hay una fuerte presencia multimediática muy bien diseñada por Maxi Vecco, que conoce muy bien cómo poner esto en función de lo musical. Y toda esta conjunción se logra gracias a un trabajo minucioso en equipo plasmado en escena.
Así como lo hizo en Mina... y en Quiero llenarme de ti (musical sobre las canciones de Sandro), Gabriel Goldman no fue ortodoxo a la hora de reproducir estas conocidas canciones. Pero no por eso las volvió lejanas. Por el contrario, las nutrió de ricas variaciones funcionales a la propuesta, básicamente, con teatralidad. Sólo hay que aclarar que la selección de canciones incluye algunas poco conocidas, aunque interesantes.
Por su parte, el trabajo de Elizabeth de Chapeaurouge en la coreografía también es fundamental. Es obvio que no podrían reproducirse exactamente las "bizarras" (en el sentido anglosajón de la palabra) coreografías de los shows de la Carrá en los años 70. Lo que hizo fue tomar hábiles guiños que remitan a ellas y reformularlas. Es decir, mantuvo un halo kitsch pero no se atuvo a movimientos de masa compactos, sino que apostó a la fragmentación, a la invasión de los múltiples espacios planteados por la única y funcional escenografía (de Ana Repetto), y a las habilidades de su potente staff de bailarines. En su trabajo también hay una impronta importante del vestuario diseñado por Walter Jara. A su vez, también es destacable la puesta de luces de Sandro Pujía.
Intérpretes
En Ella no hay figuras. Y qué suerte. Una vez más, Ambrosio vuelve a darles la oportunidad de lucirse en roles protagónicos a esos trabajadores del musical que pocas veces tienen la chance de encabezar un elenco. Escogió a Ivana Rossi, Natalia Cociuffo y Dan Breitman con un ojo clínico y providencial. Los tres son dignos merecedores de estos lugares que ocupan. Con su dirección actoral, Mecha Fernández contribuyó al minucioso trabajo de interpretación en el canto y el baile (incluso en los bailarines).
Ivana Rossi y Natalia Cociuffo tienen la personalidad como para interpretar los eléctricos temas de Raffaella. Y ganan con sus increíbles voces. Rossi brinda el primer momento potente del espectáculo con "Rumores", en un trabajo perfecto de ensamble, y despierta risas y complicidad con la memorabilia de "Vuelve". Mientras tanto, Natalia Cociuffo -tiene una gracia increíble- hace un trabajo brillante en el multimediático cuadro "Accidenti a quella sera!", en el que hace de una alocada automovilista. Entretanto, Dan Breitman pone las mayores cuotas de humor y lleva bien las riendas de los temas más melosos. Entretanto, Hernán Piquín pone su técnica clásica de ballet al servicio de la propuesta y sorprende con saltos y movimientos que no suelen verse en los musicales. Todos tienen muchos momentos de lucimiento, incluso los integrantes del coro.
Lo mejor: el cuadro de "Lucas" y "Pedro", un graciosísimo e inolvidable duelo entre Rossi, Cociuffo y los bailarines.





