Recorrido español con la guía de Luis Aguilé
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"Por las calles de Madrid" ("España es una fiesta"). Espectáculo musical con Luis Aguilé, Mariquita Gallegos, Manuel de Segura, Lara Mauro, Jorge Contegni, Eduardo Silvera y el Ballet Aranjuez. Libro y guión: Luis Aguilé. Coreografías: Adelco Lanza, María Teresa del Río y Verónica Saullo. Escenografías y diseño de luces: Edgardo Benvenuto. En el teatro Astral, Corrientes 1639.
Nuestra opinión: bueno.
El espectáculo "Por las calles de Madrid" es, luego de diez años de presentaciones ininterrumpidas en las carteleras, un clásico de la temporada veraniega porteña. En esta oportunidad, el elenco es encabezado por Luis Aguilé, cantante que, tras triunfar aquí, se radicó en España.
"Por las calles de Madrid", ahora subtitulado "España es una fiesta", no se aparta de esa fórmula tradicional basada en cuadros musicales y estampas que recogen lo más típico de la Villa del Oso y del Madroño y recala en bailes y canciones de otros lugares del mapa ibérico. Desde el comienzo, la capital de España está presente a través de aires verbeneros, en los que la soprano Lara Mauro y el tenor Jorge Contegni se encargan de estimular la nostalgia.
Pero la idea de Luis Aguilé era trazar una historia basada en la llegada al Madrid actual de una escritora uruguaya bastante excéntrica y, de su mano, recorrer lo nuevo y lo viejo de España y aderezarlo con coloridos cuadros cantados y danzados.
El hilo argumental, algo débil e intrascendente, permite no obstante comprobar que las condiciones de actriz pícara y desenfadada de Mariquita Gallegos no han sufrido mella, y que Eduardo Silvera se desempeña con corrección como un camarero porteño dispuesto a poner en práctica la famosa "viveza criolla".
"Los nardos", en la voz de Lara Mauro, adquiere excelentes matices, el Ballet Aranjuez demuestra fibra y sincronización y Manuel de Segura se distingue por su timbre vocal y su simpática personalidad en "Soy levantino", "Don Triquitraque" y en un cálido homenaje a Miguel de Molina. La presencia de Luis Aguilé en el escenario se hace desear, en tanto que Mariquita Gallegos se luce en "Suspiros", tema picaresco en el que impone su avasallante personalidad.
Entrega total
Finalmente Luis Aguilé hace su aparición frente al público, que lo recibe con una emoción que habla de su permanente vigencia. Y, como para escarbar en los recuerdos, entona "Cuando salí de Cuba", otras canciones de su antiguo y nuevo repertorio y el tema "De hombre a hombre", poema de protesta que se introduce en la realidad de la Argentina de hoy.
El show continúa a través de esa historia que enhebra al espectáculo y que en su segunda parte retrotrae al Aguilé cantante en "Rubias de New York","New York, New York", "Cuando se escucha un tango", un recuerdo sensible de Buenos Aires, prologado por la voz de la inolvidable Beba Bidart; "Declaración de amor a Buenos Aires" y otras canciones a las que Aguilé imprime su sello personal, apoyado en un ampio dominio del escenario y en la facilidad para mover su cuerpo ágil y para otorgar a sus manos la sensibilidad que brota de su voz.
Como comediante, Luis Aguilé apela a la total simpatía en ese cuadro de divertidas aventuras que él narra con picardía, simpleza y gracia. Luego de tres horas, tiempo algo extendido para un show de este tipo, Aguilé y Mariquita Gallegos cierran la velada con "Dos solitarios", una canción que posiblemente resuma antiguos romances.
Tanto la escenografía y la puesta de luces a cargo de Edgardo Benvenuto, amparadas por un criterio que, en este espectáculo, sigue una vieja tradición del género, como la imaginación del autor del libreto, que podría tener más ingenio, son elementos que conspiran contra el resultado final. Pero ello no impide que Luis Aguilé siga brindándose íntegro sobre un escenario, y su entrega total deja de lado cualquier puntualización adversa.






