
Reflejos
Puro texto e interpretaciones en esta obra de Matías Feldman
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Autor y director: Matías Feldman / Intérpretes: Maitina De Marco, Javier Drolas, Juliana Muras, Luciano Suardi y Lorena Vega lsala: Club de Teatro Defensores de Bravard (Bravard 1178) / Funciones: Sábados, a las 22 (Reservas: 3533-2386). Nuestra opinión: Muy buena.
En una sala pequeña ubicada en una calle que apenas tiene una cuadra y media de vida, cinco actores copan un mínimo espacio iluminado por apenas seis bombitas de luz. Cuatro sillas y una mesita son los únicos elementos escenográficos a la vista de los cincuenta espectadores que se ubican de un lado y del otro de un espacio escénico que, en otros tiempos, supo ser el living de una señorial casa de Parque Centenario. Pura síntesis.
Allí, ahora toma vida una trama que no requiere más recursos que esos intérpretes cuyos sentimientos y movimientos se producen voluntariamente como respuesta consciente a un estímulo externo. O sea, casi la definición opuesta al término "reflejo" de esta obra llamada Reflejos.
Cuatro de estos personajes trabajan en una misma empresa. Hay jefes que deciden; hay uno que sugiere decisiones; hay empleados que obedecen. Y –claro está– hay disputas, estrategias, rencores, secretos, celos. El combo no termina allí: como pasa en las mejores familias (y en las mejores empresas), hay triángulos amorosos y un puesto vacante. O sea, cartón lleno para una situación que se cocina a fuego lento y que, llegado el momento, estalla en sentidos y en todos los sentidos.
Fuera de ese círculo vicioso (y tan efectivo) hay un solo personaje: la madre del que debe proponer quién será el que cuenta con el beneplácito de una empresa que desconocemos qué hace y que poco importa. La madre en cuestión es una volada que debe lidiar con imágenes proféticas que presagian esa calamidad que se va cocinando lentamente.
Hacia esa situación apunta Matías Feldman, autor y director del proyecto que todos los sábados sube en la sala que posee a metros de la avenida Warnes.
Todo comienza con pasos de comedias en medio de puertas que se abren y se cierran como si se tratara de un vodevil. Sin embargo, a medida que avanza la acción, se produce un corrimiento hacia terrenos de una incómoda densidad cuyo disparador es el sinuoso mundo de las relaciones laborales. Pero va más allá que eso. De hecho, algunas simples preguntas sobre cómo sobrevivir a la pérdida del ser amado hacen que el rumbo de la obra transite una interesante variedad de capas que le permiten expandirse en medio de ese mínimo espacio escénico.
Ellos/ellas
En el plano actoral, Maitina De Marco, Javier Drolas, Juliana Muras, Luciano Suardi y Lorena Vega (como ya lo han demostrado en Cómo estar juntos, en Exhibición y Desfile, en El matadero, en Los sensuales y en Afuera, respectivamente) se transforman en piezas clave para una trama que va adquiriendo una densidad reconocible en nuestro cotidiano. A lo largo de este viaje que propone Feldman, sale a relucir una interesante variedad de recursos. La proximidad con el público suma una incomodidad extraña. Hasta el ver a espectadores sentados en el lado opuesto (como se aprecia en la foto) hace que Reflejos se transforme en una reflexión sobre los límites de la ficción.
Probablemente, la experiencia lograría mayor efecto con una mayor síntesis dramática. Ciertos resultados (sala llena, para un trabajo estrenado hace ya dos años) podrían desmentir esa hipótesis. Lo cierto es que el trabajo de Matías Feldman y de esos cinco actores en ese tránsito que va desde la representación de un simple cotidiano laboral hasta la irrupción de lo trágico convierte a Reflejos en un hecho sumamente potente y de una extraña teatralidad.
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