Retrato de una mujer brava

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30 de junio de 2002  

"Juana Azurduy", de Andrés Lizarraga. Intérpretes: Titina Morales y Gustavo Manzanal. Escenografía y dirección: Alberto Rubinstein. En el Actor´s Studio.

Nuestra opinión: Bueno

El poeta y dramaturgo alemán Friedrich Schiller escribió alguna vez que "el teatro es el tribunal donde se revisan los procesos de la historia". Siguiendo esta línea, parte de la producción de Andrés Lizarraga no hace más que promover una profunda reflexión sobre fuertes acontecimientos que derivaron en la independencia de América. Produjo, sobre todo, una trilogía denominada "trilogía de mayo", que incluye "Tres jueces para un largo silencio", "Alto Perú" y "Santa Juana de América", en la que propone una revisión histórica y expone la conducta de los patriotas que en tiempos del virreinato impusieron su ideología y se convirtieron en los primeros latinoamericanistas.

Uno de estos textos, producido durante la década del 60, será retomado diez años después. Así, Juana Azurduy será primero la protagonista de "Santa Juana de América" y luego de "Proceso a Juana Azurduy" (1974). En el Actor´s Studio, el Grupo Del Sur propone una investigación dramática donde toma elementos de ambas piezas y da forma a un espectáculo de neto corte documental. La dramaturgia hace hincapié en la historia de Juana y su esposo, Manuel Padilla, y a la vez va mostrando el tiempo político en que vivieron y pelearon.

Siendo campesinos acosados por las demandas virreinales, él decide levantarse en armas y luego ella lo acompañará conformando su propio ejército de amazonas. La mirada de Lizarraga, que se enfatiza en esta puesta, expone con acertados méritos ese tránsito del personaje que no puede desligarse de un mundo personal y familiar, el mismo que lo lleva a entrar en más de una oportunidad en crisis, pero que nunca hará dudar sobre el objetivo fundamental: salvar a las nuevas generaciones de un poder gubernamental que somete y humilla.

Sólo unos pocos objetos escenográficos serán el marco indispensable en el que los dos actores jugarán las diversas situaciones, en su mayoría breves, pero de intenso dramatismo. La dirección de Alberto Rubinstein apuesta a sus intérpretes, trabaja recursos mínimos, pero a fondo, y logra un buen ritmo y una tensión que progresan armónicamente.

El marco indispensable

Titina Morales logra una composición muy precisa. Muestra en una breve escena su fuerza e hidalguía y luego desarrollará aspectos diversos de su personalidad. Su entera femineidad asomará en la relación con su esposo y sus hijos, en tanto que su bravura irá una y otra vez reforzándose en su relación con diferentes personajes que llegan de un afuera convulsionado y hostil.

Gustavo Manzanal recrea a diversos personajes, entre otros Manuel Padilla y Juan José Castelli. La inmediatez de los cambios entre unos y otros le hacen perder ciertas cualidades diferenciadoras, pero nunca quiebran la acción. Su recreación de Padilla, sobre todo, es muy provocadora. Trabaja un costado de cierta debilidad que hace potenciar la relación con Juana y a ella misma en sus convicciones.

"Juana Azurduy" mantiene intactos ciertos valores que hacen a un teatro de raíz política y con destacados logros.

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