Saulo Benavente, artista y poeta
Hizo suyo el precepto de Romain Rolland: "Se debe ser joven para siempre". Lo fue no sólo en la apariencia (tenía algo del perdurable porte adolescente de su actor favorito, Gérard Philipe), sino también por la constante, generosa disposición con que abordó, hasta sus últimos días, las demandas de una labor profesional en la que se exigió al máximo. ¿Cómo hizo Saulo Benavente (1916-1982), escenógrafo magistral, para cumplir un cúmulo de tareas demandantes de una capacidad fuera de lo común, a más de darse tiempo para viajar por todo el mundo, vivir dos intensos amores (Alicia Míguez Saavedra y Graciela Galán), dictar varias cátedras, alternar con los amigos en las madrugadas bohemias, y absorber sin pausa nuevos conocimientos que alimentaban su pasión por crear la poesía del escenario? Cora Roca, actriz, docente e investigadora teatral, autora de una excelente biografía de su maestra, Hedy Crilla ( Días de teatro: Hedy Crilla ; Alianza Editorial, 2000), firma ahora este "ensayo biográfico" sobre Benavente, en la colección Homenaje al Teatro Argentino, editada por el Instituto Nacional del Teatro.
Ante todo, la atmósfera familiar. De ambas ramas, la materna, los Padín, un linaje de actores (y Aída, su madre, al enviudar, se casó con el gran amigo de su marido, José González Castillo, el notable, audaz dramaturgo) y la paterna (pues Francisco Benavente era también autor teatral y talentoso dibujante, colaborador habitual de la revista Caras y Caretas ), todo contribuyó a que floreciese el talento de Saulo, demostrado desde la infancia, a más de una prodigiosa habilidad manual que, en las inevitables emergencias de las noches de estreno, lo llevaba a resolverlas velozmente y con los materiales más inesperados.
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La autora cuenta la trayectoria de Benavente con estricta sujeción a la cronología y en cada tramo da cuenta de las circunstancias políticas, económicas y sociales del momento, en la Argentina y en el mundo. Surge así algo más que el telón de fondo de una vida de trabajo intenso: la persona de la que se habla participa activamente de los hechos de su tiempo y mantiene una coherencia ideológica que, desde la izquierda, aspira a mejorar las condiciones de la vida humana. Aún a costa de abdicar, a veces, de ese ideal humanista para no perjudicar, teóricamente, la imagen del partido, como lo recuerda la autora en la página 174.
Casi no hubo espectáculo de teatro independiente en Buenos Aires, entre los años 40 y 60, que no contara con la colaboración desinteresada de Saulo, quien aprovechaba cualquier cosa tirada por ahí: trapos viejos, cajones de manzanas, papeles rotos. Embutido en sus famosos mamelucos (hoy de moda, pero sólo usados por entonces por obreros y artesanos) colmados de bolsillos en los que llevaba toda clase de herramientas y trozos de piolín y de alambre, ponía manos a la obra y, con ayuda de la luz, creaba verdaderas maravillas. ¿Quién que lo vio podría olvidar sus imaginativas escenografías para Orion le Tueur y Poof , en el Instituto de Arte Moderno; La loca de Chaillot, en el Lasalle; Cuando la muerte clava sus banderas , de Omar Del Carlo, en el Cervantes, o Leocadia, de Anouilh, en el inmenso escenario del Politeama, donde con mínimos elementos evocó la vastedad de un bosque en la noche, cercano al mar? Memorables, también, sus creaciones para la compañía de Delia Garcés y Alberto de Zavalía ( Ondina, de Giraudoux, o El límite, de Zavalía), para el Grupo de Teatro, dirigido por Orestes Caviglia, para Lola Membrives en el Cómico, para la compañía Alcón-Gallo-Bonet en el Odeón. Y no eran sólo los decorados: sabía de técnica escénica como nadie; a él se deben el diseño y el equipo mecánico de las salas Coronado y Casacuberta del San Martín, la del IFT, la original (luego modificada) de Los Independientes, hoy Payró. Quizá nadie lo definió mejor que Lucrecia de Oliveira Cézar en la revista París en América, en mayo de 1951: "Maravillada por su talento y por el acierto con que logra dar clima a las obras, me he puesto a pensar quién como él merece el título de artista, porque ser pintor o escenógrafo no quiere decir ser artista, como tampoco el que escribe es escritor, y ser escritor no es ser poeta, y Saulo es artista y poeta".
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