Seductora puesta de Tantanian

Alejandro Cruz
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19 de agosto de 2005  

"Los mansos" , de Alejandro Tantanian, basado en cierto motivos de "El idiota", de Dostoievski. Con Stella Gallazi, Nahuel Pérez Biscayart y Luciano Suardi. Iluminación: Jorge Pastorino. Escenografía y vestuario: Oria Puppo. Texto, musicalización y dirección: Alejandro Tantanian. Funciones los sábados, a las 23, y los domingos, a las 19, en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.

Nuestra opinión: bueno

El mismo Alejandro Tantanian, el gestor de "Los mansos", dice que su nueva obra está basada en motivos de "El idiota", de Fedor Dostoievski, y una serie de elementos tomados de su biografía personal, de los actores y del mismo Dostoievski. Esa suma de historias da vida a este nuevo espectáculo, en el cual se mezclan las tensiones entre el príncipe Myshkin, Rogojin y Nastasia con las otras individualidades. Quizás haya que reconocer que esa línea no toma cuerpo de una forma contundente. Que, a lo sumo, es algo que se intuye. Pero la obra es más que el soporte dramático utilizado por Tantanian, respira más sensaciones.

Entonces, ¿de qué se trata "Los mansos" más allá de los procedimientos formales? Quizás hable de tres personas (o de una misma) que entablan un vínculo ganado por un erotismo latente y perturbador, por pasiones cruzadas, por un deseo convulsionado, por una pulsión trágica que los gana siempre. Y como entablan una situación pendular, son los seres más tiernos (que pueden terminar cantando un bellísimo tema de Cole Porter y hacerle sentir al espectador que la vida es bella) o los que dan un perverso golpecito para que el otro caiga al vacío, indefenso.

"Los mansos" es una historia con avances y retrocesos (algunas de esas ideas y vueltas son francamente seductoras), con diálogos que arman un extenso e íntimo monólogo. Es también una historia compuesta por fragmentos que seguramente admitirán varias lecturas posibles. Tan fragmentaria es la propuesta que, en la mayoría de las escenas, el espectador no tendrá la posibilidad de verles las piernas a los actores porque se lo pasan moviéndose adentro de una enorme caja rectangular. O sea, cuentan y esconden. Dicen y se callan.

Para el armado de este rompecabezas, Alejandro Tantanian "descubrió" un espacio ubicado en el primer piso de El Camarín de las Musas, de una fuerza poética enorme. En ese punto, no esconde nada. Claro que tal es la magia del lugar y la potencia puesta en juego por él y por su equipo creativo que, por momentos, opaca al texto y a lo que propone como situación dramática. Probablemente, el punto en el cual el texto y la puesta dialoguen con mayor fluidez es cuando los actores cantan y bailan la canción de Cole Porter. O sea, cuando la tensión se toma un respiro.

Oria Puppo, como la vestuarista y escenógrafa, concreta una inteligente no escenografía (su inteligencia consistió en dejar las paredes casi al desnudo o intervenirlas de una manera muy sutil). La misma sutileza está presente en la delicada iluminación de Jorge Pastorino, quien se las ingenia para darle más vida a un sitio plagado de recuerdos. El equipo se completa con el sólido material sonoro seleccionado por el mismo director del montaje.

El trío actoral

La otra gran alianza que entabla Tantanian es con sus tres actores. El director, dramaturgo, actor y cantante convocó a dos intérpretes de peso, como son Stella Galazzi, sencillamente maravillosa en "Electra shock", y a Luciano Suardi, el notable director de "Temperley". La paleta de ella es tan amplia que va desde una mujer nublada por el dolor hasta una mujer poseedora de una seducción irresistible. Suardi compone a un personaje oscuro, de dobleces, de esos que siempre se guardan una carta.

El trío se completa con la actuación de Nahuel Pérez Biscayart. El intérprete, de poca experiencia teatral, tiene una riqueza expresiva llamativa. Y más que eso: es un animal de teatro. Entre esos dos enormes actores él no se apichona. Los provoca, los potencia, los expande con un rostro angelical y tortuoso. Por momentos, el vuelo que toman es tan seductor como el espacio mismo, como esas cuatro enormes paredes desnudas en donde habita esta nueva historia de Alejandro Tantanian, en, probablemente, uno de sus mejores trabajos como puestista.

Otros soportes

  • Seguramente, para Alejandro Tantanian el hecho escénico no sólo toma cuerpo en el mismo escenario. Consciente de esas posibilidades, en el blog http://losmansos.blogspot.com comparte buena parte del proceso creativo con comentarios, apuntes de los ensayos, escritos de los espectadores, fotos y un universo de relaciones de enorme riqueza. Pero la cosa no queda ahí. En el hall de la sala, el fotógrafo Ernesto Denogana presenta una interesante exposición con material obtenido durante el largo proceso creativo. La yapa es un programa de lujo que, bajo el formato de libro-objeto, incluye el texto de la obra, fotos de los actores y de algunos de sus familiares y apuntes escritos por el mismo Tantanian. El libro de Gonzalo Martínez completa el abanico de posibilidades que se pensaron para este montaje estrenado la semana pasada.
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