Simpática versión de "Pedro y el lobo"
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"Pedro y el lobo" , cuento sinfónico de Sergei Prokofiev, en adaptación libre para quinteto de vientos y actor, por el conjunto El Cuarteto y Yo, dirigido por Germán Martínez Lamas. Intérpretes: Cynthia Mancini (flauta), Horacio López (oboe), Pablo Pesci (clarinete), Verónica Foti (corno), Germán Martínez Lamas (fagot). Actor invitado: Adrián Murga. Salón Dorado del Teatro Colón, sábados y domingos, a las 14 y 15.30. Entrada, $ 2. Programa: $ 1.
Nuestra opinión: bueno
Dice Harlow Robinson, uno de los historiadores de Prokofiev: "En términos musicales "Pedro y el lobo" es uno de los ejemplos más exitosos de la notable capacidad de Prokofiev para "ver" personalidades en forma de timbre, ritmo y melodía".
El compositor ruso se había entusiasmado con las funciones para los niños que el Teatro Musical Infantil de Moscú realizaba con la dirección de Natalia Satz. Creó esta obra en pocos meses, quiso escribir él mismo el texto. El resultado tuvo tal acogida en el público infantil y adulto que su fama superó a sus muchas otras geniales composiciones más dramáticas que le habían llevado mayor tiempo de elaboración e incluso muchas decepciones antes de ser aceptadas.
Según su esposa Lina, Sergei seguía siendo un niño y esa parte de él se comunicaba muy bien con el público menudo a través de esta composición. Sea cual fuere la razón, "Pedro y el lobo" se ha convertido en un clásico, que contó con los más variados narradores: entre ellos, Mia Farrow, Sean Connery, David Bowie, Leonard Bernstein. Formó parte permanente del repertorio del Teatro Musical Infantil de Moscú; en 1987 Natalia Satz, con más de 80 años, seguía siendo su relatora.
Compuesta para narrador y gran orquesta sinfónica, utiliza un quinteto para identificar a los personajes protagonistas de la historia. De ese modo, los niños pueden seguirlos en sus alternativas: la flauta representa al pajarito, el oboe, al pato; el clarinete, al gato: el fagot, al abuelo; los bronces, al lobo, y la marcha orquestal completa, a los cazadores.
La versión que se presenta en el Teatro Colón utiliza sólo el quinteto, y el relator es un actor.
Relato animado
No puede negarse la sugestión que ejerce un ámbito señorial y a la vez cargado de significación como el Salón Dorado del Teatro Colón. Las lámparas, las alfombras, las cortinas, el tapizado de las sillas, la misma actitud reverente de los mayores, todo convoca a una suerte de recogimiento.
Pese a su impaciencia, los niños hablan en voz baja. Hasta que sale el actor-relator y los saluda en susurros. Luego comienza la conversación que se animará más a medida que el relato avanza. Los personajes son identificados con los instrumentos, aparecen los músicos con trajes y gorros alusivos. Es un vestuario amable, juguetón, sin exageraciones. No es posible desglosar cuánto los chicos miran y ven por el vestuario y algunos juegos corporales de los intérpretes, y cuánto "ven" por la identificación de los sonidos que escuchan.
El actor cumple una función destacada, que va mucho más allá de la narración, incluyendo juegos mímicos agradablemente expresivos. Pero a pesar de su medida de sobriedad en el uso de la voz, cae en algunos momentos en la sobreactuación, especialmente en la representación del abuelo de Pedro, al que ridiculiza desagradablemente exagerando una dificultad para hablar.
También sorprende al final, cuando se ha logrado tan buena atención y respeto por parte de los niños -lo que significa una interesante actitud de escucha- que el actor los inste a batir palmas, marcando el ritmo de la marcha final, para caer en un recurso que se ha convertido en un vicio, que no corresponde a la actitud en un concierto y que lo único que logra es confundirlos.
De todos modos, se produce un atento seguimiento de la historia, animada por el actor y "dibujada" por los músicos, creándose un clima interesado y distendido que es compartido en familia.




