
Sonidos y movimientos creativos
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Residencia para compositores y coreógrafos. Coordinación general: Marcelo Delgado. Escenografía: Gastón Joubert. Vestuario: Martín Coronel. Iluminación: Eli Sirlin. Conjunto instrumental Compañía Oblicua y bailarines. CETC.
Como apertura de la temporada 2005 del CETC, se conoció un espectáculo de música y danza realizado por jóvenes creadores que asistieron a las residencias para compositores y coreógrafos, novedosa experiencia que tuvo como eje central la relación de la música y la danza desde su concepción e inmediata interpretación.
Los autores de las partituras y los respectivos coreógrafos, que conformaron dúos por su afinidad estética, fueron seleccionados por concurso, así como los bailarines, que también surgieron de audiciones. El asunto trascendente de la experiencia fue que cada dupla de artistas, la compañía conformada por diez bailarines y el conjunto instrumental de siete músicos con Marcelo Delgado a su frente, estuvieron trabajando en forma conjunta y simultánea en ese proceso de plasmación definitiva, donde evidentemente el factor tiempo jugó un papel muy condicionante.
Entonces, el espectáculo resultante no fue escuchar una música para una idea coreográfica ni de observar una coreografía para una música determinada, sino apreciar una libre interacción plástica y sonora en la que lógicamente se sumaron como elementos no menos vitales como la iluminación, el vestuario y la utilización de los espacios disponibles, que de por sí no son convencionales, sino exclusivos de un lugar misterioso.
Cuatro visiones
Primero se apreció "Vértice", con una música realmente sugerente de Patricia Martínez, poseedora de sólidos antecedentes, e ideas de movimiento de Walter Ariel Cammertoni, trabajo interesante por la atmósfera de placidez lograda, tanto en la faz del sonido como por las plásticas imágenes creadas en el espacio por los desplazamientos del grupo de bailarines.
No menos mágico y grato fue el segundo trabajo "...que colma tu aire y vuela", con música de Marcos Franciosi, creador igualmente distinguido, no sólo en nuestro país -en 2004 obtuvo un subsidio a la creación artística de la Fundación Antorchas-, sino también en el exterior, con movimientos danzantes concebidos por el platense Ramiro Javier Soñez, que no traicionó en su obra abstracta cierta fusión con dibujos en el espacio de raíz folklórica.
"Delineado" fue la tercera propuesta, con música de Luciano Giambastiani y coreografía de Gabily Anadón, ambos brillantes en sus respectivas carreras. Así, las ideas y sugerentes deslizamientos surgieron de un permanente correlato con la música, dado que el equipo de bailarines -donde no sería justo destacar a uno en particular- logró alcanzar un positivo rendimiento estético.
Entonces, en ese punto, cuando ya habían desfilado una catarata de ideas de movimiento, se reflexionó sobre el don exclusivo de creación del ser humano y su portentosa capacidad para evolucionar reflejando de algún modo las costumbres sociales de su tiempo. También se valoró en su justa medida la gran contribución del director musical Marcelo Delgado y el disciplinado trabajo de los integrantes de un conjunto, conformado por flauta y piccolo, clarinete, saxo, violín, violonchelo, guitarra y percusión, cumplieron una labor de primer orden, porque a la justeza musical sumaron virtuosismo en la obtención de los sonidos y fidelidad a partituras de lenguaje nada sencillo, además de haber actuado en la escena amalgamados en la visión de conjunto.
Se modificó la atmósfera lograda con el cuarto y último trabajo, "Arder", resultado de una audaz coreografía de Mariana Bellotto con música de Raúl Lafuret Pereyra. Creación picante en los ritmos, menos refinada que las anteriores y sugiriendo una temática prostibularia con inclinación al realismo. Aquí, los bailarines -de honesto empeño y suficientes recursos técnicos- transitaron por gestos, movimientos y actitudes algo vulgares y en algunos casos prescindibles, en tanto que la música resultó excesiva en tensiones, ritmos persistentes, estridencias poco gratas y una duración que debió ser menor.
Acertada la escenografía de Gastón Joubert, adecuado el vestuario de Martín Coronel para cada uno de los trabajos, efectiva la iluminación de Eli Sirlin y buena la apoyatura técnica brindada por el personal del Teatro Colón, que anuncia varias funciones hasta el 13 de este mes.
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