
Tiempo de corromper tangos en las sierras
Sandra Guida, figura del musical, es parte de la gran perla de la cartelera de Villa Carlos Paz
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VILLA CARLOS PAZ.- Después de muchos años de eneros y febreros en París, Sandra Guida disfruta de su temporada en una ciudad serrana. Llegó por primera vez a Carlos Paz a los 14 años y su regreso a Buenos Aires fue en medio de lágrimas mientras le preguntaba a su mamá: "¿Por qué no nos quedamos a vivir acá?" Con Tango corrupto -se presenta de jueves a domingos, en el espacio LIV- estará casi tres meses entre las sierras. De paso, cuando puede eludir algún compromiso, se va a la casa que tiene en Traslasierras, cerca de San Javier. "Con el Champaquí a la espalda y el valle de Villa Dolores adelante es el lugar de mis sueños. La hice con mucho esfuerzo y es donde me escapo cuando puedo. Me enamoré del lugar."
En la década del 90 hizo temporada en Villa Carlos Paz con el musical Sor-presas, con Beatriz Bonnet, Nelly Beltrán y Carmen Barbieri. "La ciudad era otro universo, nada que ver con lo que es ahora", cuenta a LA NACION después de almorzar, en la tranquilidad del hotel. Luego vinieron sus grandes éxitos: Chicago y Guida concert.
Decidieron desembarcar con Tango corrupto -dos temporadas en Buenos Aires en 2015 y 2016, y ocho funciones en el teatro Moliére en 2014- porque este verano todo el elenco coincidía y no tenía compromisos previos. "Empezábamos a hablar de la gira y surgió Carlos Paz como plaza teatral fuerte. Después, a partir de marzo, comenzará el recorrido por el país."
Guida empezó en la obra haciendo la dirección vocal y los arreglos vocales, hasta que Julio Panno (director) y Oscar Lajad (actor-cantante) la invitaron a formar parte del elenco, como figura estelar. Interpreta, canta, baila y habla con maestría. "Me convencieron fácil porque me encantaba el producto, cuando sos arte y parte se ablanda el corazoncito y se da otra relación", describe.
Apunta que todo el elenco -además de Lajad, lo completa el bailarín Sebastián Colavita y la falsa orquesta de señoritas La Desvelada- lo pasa muy bien y se divierte. "Hay una diferencia entre sufrir y trabajar con rigurosidad; los directores sádicos te hacen sufrir. Y me tocaron varios -se ríe-. Pero tengo carácter y, a esta altura, experiencia. Hay que argumentar bien para convencerme."
Están todos entusiasmados por la repercusión y la convocatoria. "Nos sentimos mimados", dice. Este music hall reivindica canciones populares en ritmo de tango; abre la posibilidad a descubrir letras a las que siempre se les prestó poca atención. "Vamos a fondo, no nos quedamos en el chiste; el tango recodifica la poesía", insiste.
Explica que en los arreglos vocales respeta la primera estrofa y el estribillo que escribió el autor, y después "para que el tango se vuelva tango hay que modificar la métrica y agregar algunas notas tangueras". En la propuesta pasan distintos estilos, milonga, tango "hollywoodense", tango piazzolliano y hasta valsecitos criollos. "Traspolamos fuera del prejuicio".
Así, en casi una hora y media pasan temas como "Aserejé", "Fiesta", "Hola don Pepito", "Devórame otra vez" o "No me arrepiento de este amor". Guida enfatiza que, al elegir el material, ponen el acento en "buenas letras escondidas en la música que las lavó; es decir, rompemos con los patrones. El tango obliga a escuchar porque las pone en valor".
Para ella parte del atractivo del espectáculo es que "engloba recuerdos de adolescencia y de infancia". Los espectadores de este verano son "más cantores y más desinhibidos". Comenta que la interacción se produce sola sin ser promovida desde la estructura del espectáculo. "Los espectadores son muy respetuosos, no entorpecen, entiende el código porque está claro desde la luz, el clima musical, el texto... Que canten es un reconocimiento."
Mientras trabaja en la segunda versión de Tango corrupto (casi todos los temas elegidos son internacionales), Guida prepara otro proyecto. "Creo que voy a compartir una adopción", desliza, pero no quiere dar más detalles porque todavía es pronto.
A las idas y venidas del resto de los elencos, los romances y las peleas de verano los mira por televisión. En absoluto cree que compartir cartelera con obras más de temporada sea un problema. "Hay espacio para restaurantes y para fast food; todo es respetable. Muchas veces como en los carritos de la Costanera. Si se establece un producto cuidado y coherente, nada se pierde."





