Tres mujeres en pugna
Dirigidas por Virginia Lombardo, exploran arquetipos
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Con un título como Suegras, nueras y cuñadas, esta obra de Hilda Levy necesitaba un equipo femenino que la llevara a escena. Las actrices Alicia Aller, Anahí Martella y Gimena Riestra, y la directora Virginia Lombardo pusieron su experiencia y sensibilidad femenina al servicio de esta obra, que se estrena hoy, en la Casona del arte, Foro Gandhi.
La obra muestra los conflictos que se desatan cuando comienzan a conocerse la suegra, la cuñada "histórica" y la nueva integrante de la familia. "Lo que empieza a suceder es que hay alianzas que se rompen y otras nuevas que se arman. Todo eso empieza a circular en este primer contacto que empezamos a tener", comenta Martella.
"Es una humorada, cercana al disparate, por suerte, verosímil, de las relaciones políticas entre la familia política -define Lombardo a la obra-. Uno se enamora, por suerte, muchas veces en la vida y se enamora de un muchacho que viene con el camión y el acoplado. Así que acá están las idas, vueltas, encuentros y desencuentros, amores y desamores, de estas relaciones políticas." Para Martella, la obra habla de los vínculos que a veces pueden ser tan problemáticos y a veces no, dependiendo del amor, la tolerancia y el perdón.
Con respecto a los personajes, las actrices dicen haberse sentido atraídas hacia las posibilidades humorísticas que presentan. "Soy la única nuera hasta que llega esta novia, y me parecía que estaba bueno apostar a un trabajo donde el humor podía ser un estereotipo o tener carnadura, que es lo que terminó resultando de este trabajo. Todos los personajes son queribles, tenés ganas de matarlos, tienen contradicciones. Me parecía que todo el material tenía esa posibilidad, y eso me parece mucho más interesante que un estereotipo o un disparate por el disparate", comenta Martella, quien interpreta a la cuñada del título.
Para Aller, lo más interesante era poder jugar a ser una suegra muy distinta de como es ella en realidad. "En esta obra mi personaje es madre de dos varones y tiene que ganarse el afecto de sus nueras. Además tiene que aceptar a sus nueras, porque se siente como despojada. ¿Cómo otra mujer va a ocupar su lugar? Eso me parece atractivo, porque es lo opuesto a lo que soy yo. Me pareció interesante hacerla como es pero con afecto. Le tomé cariño a esta suegra y quiero que la gente, si es posible, la quiera también", explica Aller.
Para este grupo de mujeres la idea popular de que la suegra es una bruja es un mito. Según ellas, sus experiencias les han demostrado lo contrario, a pesar de que admiten que los conflictos son algo común en este tipo de relaciones. "He tenido varias suegras y me he llevado bien con todas. Así que quería contar esto desde el amor y desde el perdón", dice Lombardo.
Martella comenta que ella tampoco es una cuñada como la que representa en la obra. "No tengo ninguna de las características y, sin embargo, puedo entender a una persona que hasta ese momento vivió siendo la única y de repente no lo es más. Te agarran ganas de clavarle un cuchillo en la yugular a otra", comenta, entre risas.
Otro aspecto de la obra que les parece interesante a las actrices y directora es que los personajes resultan, según ellas, muy reconocibles para el público. "Hilda Levy tuvo la virtud, a mi juicio, de retratar gente que conozco. Tengo la esperanza de que el público se vea o reconozca a algunos parientes", dice Aller. Para Lombardo la gracia está en que todo el mundo tiene en su imaginario y en su recuerdo esas "relaciones picantes".
Anahí Martella viene de hacer un éxito en el off como Canto de amor contra la muerte; Gimena Riestra es uno de los personajes más desopilantes del varieté y del under porteño, y Alicia Aller, la actriz de Las lágrimas amargas de Petra von Kant, no necesita mucha presentación. "El folklore habla de las mujeres como las brujas. Pero las brujas somos también la contención, la comprensión. Quisimos apreciar esa característica femenina que es maravillosa", concluye Martella.






