
Un musical en busca de dirección
"Jazz swing tap". Sandra Guida, Elena Roger, Diego Reinhold, Nicolás Armengol, Mariano Botindari, Gustavo Carrizo, Rodrigo Cristófaro, Cecilia Estévez, Charly G., Bruno García, Fabio Gigli, Christian Jiménez, Bebe Labougle, Carla Lanzi, Eugenia López Furgoni, Luis López Morera, Agustina Maier, Vanesa Millán, Jimena Olivari, Ariel Pastochi, Darío Petruzio, Nadia Saval, Cecilia Sullivan, Paula Tirelli, Silvina Tordente, Débora Turza y Damián Zaga. Escenografía: Valeria Ambrosio. Vestuario: Fabién Luca. Iluminación: Ariel Del Mastro. Sonido: Gastón Brisky. Coreografía: Elizabeth de Chapeaurouge. Coordinación artística: James Murray. Dirección musical: Gerardo Gardelín. Teatro Broadway. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: bueno
Para los seguidores de las comedias musicales, "Jazz swing tap" es una panzada de caras conocidas. Allí está la que hizo a la Velma de "Chicago", aquel que suele sacar las mejores chispas a las piezas de Hugo Midón, aquella que nos quedamos con ganas de ver en "Cabaret", el Tony Manero de "Fiebre de sábado por la noche".
Así, uno podría pasarse la hora y media que dura este show enumerando o recordando a cada uno de los suben y bajan de la gran escalera que domina el espacio escénico. En cierto modo, el casting es la primera virtud de este espectáculo y hasta da cuenta, casi por elevación, de la gran cantidad de potencialidades que se reunieron en este musical basado en melodías famosas, traducidas al castellano, que inmortalizaron Frank Sinatra, Louis Armstrong, Judy Garland o Dorys Day, entre otros.
El fugaz boom de las comedias musicales ya pasó y esto posibilitó el armado de este show que se ofrece en el teatro Broadway con la mano de obra altamente especializada, pero ahora sin ofertas tentadoras.
Claro que después de haber visto a Sandra Guida mostrar todas sus cualidades artísticas en "Chicago" reducida a su estupenda voz, es una verdadera pena. La misma idea se podría aplicar a cada una de las piezas que conforman este espectáculo que, aunque tiene momentos muy logrados y electrizantes, se queda a mitad de camino.
Hay un dato que parece fundamental: según consta en el programa de mano, "Jazz swing tap" cuenta con una coreógrafa (Elizabeth de Chapeaurouge), con un coordinador artístico (James Murray) y con un director musical (Gerardo Gardelín), pero nadie -aparentemente- se ha hecho cargo de la dirección integral del espectáculo.
Y ese "detalle" se nota porque faltan ideas rectoras que hayan trabajado el clima integral, el ritmo, el equilibrio y hasta una sutil dramaturgia que haga dialogar a los cuadros entre sí. Sobresalen las partes (como cuando tres parejas bailan aburridas y casi idas "Amor secreto"), pero el todo carece de una reflexión mayor que potencie el complejo juego escénico.
Swing en el Broadway
De todos modos, en el juego puntual de las partes, Sandra Guida siente cada canción y tiene una presencia escénica admirable. Hasta da la sensación de que le caen a la perfección las melodías de Glenn Miller, Cole Porter o Nat King Cole. Junto a ella, Elena Roger impone su simpatía, su desfachatez, su pasta para el género. O Diego Reinhold, que, a falta de una voz más potente, saca a relucir su enorme talento como comediante y bailarín.
Los tres están acompañados por un riguroso cuerpo de baile, de esos que aman lo suyo, que están en toda producción que ronde la avenida Corrientes. Y como en esas grandes producciones, "Jazz swing tap" está vestido con abundancia, con generosidad. Es más, la sala muestra orgullosa su gran equipamiento técnico (como en el número de "Amo el piano", tema que hizo famoso Liza Minnelli, con la espectacular Sandra Guida caminando en medio de haces de luces que se gana la admiración de la platea).
Los amantes del género seguramente encontrarán coreografías vibrantes, una buena dosis de humor, canciones entrañables de las décadas del 30 al 50 y tres excelentes actores en escena. O sea, un buen pasaporte para un buen momento. Claro que da que pensar que si esos mismos elementos hubieran sido más trabajados, "Jazz swing tap" sería un verdadero lujo.




