Un Otelo muy lejos de Shakespeare
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Otelo. El nuevo musical. Libro, letras, puesta en escena, coreografía y dirección general: Pepe Cibrián Campoy. Música original, orquestación y dirección musical: Angel Mahler. Elenco: Juan Rodó, Georgina Frere, Daniel Vercelli, Diego Duarte Conde, Lorena García Pacheco, Mercedes Benítez, Beto Cuello, Sergio Caruso y elenco. Diseño de escenografía y vestuario: René Diviú. Diseño de luces: Pepe Cibrián Campoy y Adrián Condomi. Sala: El Nacional. Duración: 180 minutos con intervalo.
Nuestra opinión: bueno
Una de las muchas preguntas que despierta el estreno de Otelo. El nuevo musical es si una tragedia isabelina puede oficiar de marco para un musical o si, por el contrario, la tragedia tiene el poder de revelarse y asomar en los momentos menos esperados en cualquier versión. Otelo es precisamente una de esas obras en que la filosofía shakespeariana asoma con fuerza al mismo tiempo que goza de un entramado perfecto que va siendo percibido a través de las estrategias de Yago.
El problema aquí no es tanto de los autores como del contexto cultural en el que están inmersos. Las industrias culturales sienten pavor frente al vacío, el nihilismo y la desesperanza. Necesitan apostar por un final feliz, ¡aunque sea una tragedia! Y si la trama original no lo permite se creará una metáfora que sí lo haga. Este Otelo, lógicamente, tiene muerte y sangre. Pero previamente, para sortear ese obstáculo, hicieron de Desdémona un personaje salido de algún producto de Disney (hecho que luego vuelve inverosímil el momento en el que enfrenta a su padre y, peor aun, a su propio marido) con un momento musical cargado de luz y de esperanza romántica. En el original, Desdémona se compara con una mariposa por su filiación a un espíritu de paz. Pero aquí la "mariposa" -y no ignoramos la línea zoológica de interpretación de los personajes del autor isabelino- deviene en un elemento que permitirá a los cuerpos, una vez muertos, encontrarse. Y en el momento del saludo, fiel a la estética de los musicales con la canción de cierre, Desdémona y Otelo, ambos resucitados, harán tabla rasa de todo el planteo shakespeariano.
Pero si nos olvidamos de Shakes-peare y tomamos el espectáculo como una creación original del dueto Cibrián-Mahler, hay que decir -en el sentido exactamente contrario a lo anterior- que ambos conocen el género como pocos en nuestro país y que entienden lo que el público quiere, aunque sea ésta una obra dispar en sus resultados, que tiene un primer acto extrañamente empobrecido, pero un segundo en el que la música, los intérpretes y la puesta en escena parecen despertarse y ofrecer otra obra. Es en el segundo acto cuando Cibrián apela a lo coral y encuentra allí la mayor potencia escénica, que le permite resaltar, por contraste, los solos o los dúos románticos que luego tan bien maneja.
Buenas interpretaciones
Desde lo interpretativo, hay que señalar que tanto Juan Rodó (Otelo) como Georgina Frere (Desdémona) y Lorena García Pacheco (Bianca) hacen un trabajo eficaz en función de lo que la dirección les pidió, pero quien sobresale es Daniel Vercelli, que logra darle a su Cassio algo de lo presente en el original. Con una participación menor -tan menor que no está destacada en el programa de mano- la actriz que hace de Mariselda, la hermana de Desdémona, logra aportarle a la protagonista una pureza de la que interpretativamente ella carece.
En cuanto a lo escénico, hay que destacar las luces que realizan juegos más que interesantes, pero fundamentalmente el trabajo de René Diviú, con la escenografía y el vestuario. Este último es de una belleza y una prestancia que realmente conmueve porque encontró el equilibrio justo entre las exigencias de ser verosímil en tanto vestuario de la corte de Venecia y lo que el escenario requiere para darles movilidad y dinamismo a los actores que lo usan. Sería bueno que en lo escenográfico se tome una decisión final sobre la tela que cuelga del techo, que tiene la capacidad de crear ambientes, pero que, para ello, necesitaría de una marcación precisa que organice cada uno de sus movimientos en el momento justo.



