
Un talento que sólo se ve a chispazos
"La era del pingüino." Libro y dirección general: Jorge Guinzburg. Elenco: Miguel Angel Cherutti, Jorge Guinzburg, Luciana Salazar, Marcos "Bicho" Gómez, Jésica Cirio, Karina Piñera, Romina Godoy, Olga Lotes, Natalia Gerling, Vanina Escudero, Sonia Capon, Mariela Rosso, Analía Irrazábal, Pablo Curbelo y Pier Fritzsche. Música: Andrés Grant y Federico Vila. Coreografía: Ricky Pashkus. Asesoramiento creativo: Sergio Marcos y Miguel Gruskoin. Escenografía y luces: Luis Castellanelli. Vestuario: Héctor Vidal Rivas. Audiovisual: Pablo del Campo. Producción ejecutiva: Andrea Stivel. En el Metropolitan. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: regular
Indudablemente, Miguel Angel Cherutti y Nito Artaza tienen un público que confía en ellos y queda demostrado en la multitud que invade las veredas de las salas donde hacen sus obras, respectivamente. Mientras el líder de los ahorristas buscó la variante junto a Raúl Lavié y Valeria Lynch, el imitador de voces hizo lo propio con el periodista y humorista Jorge Guinzburg. Eso podría considerarse una garantía en vista de la indiscutible inteligencia pícara del conductor de "La Biblia y el calefón".
Pero aquellos que vayan a buscar al Guinzburg brillante y corrosivo de la televisión no van a salir del todo conformes. Probablemente, la multiplicidad de roles -actor, productor, guionista y director- lo haya apabullado. "La era del pingüino" es un espectáculo anodino, sin brillo y con una ausencia de contenido sólido en sus cuadros.
Hacer revista no es sólo poner escaleras, lucecitas de colores y muchas vedettes sueltas de ropa. Hay una gran sensación de que se trata de un show realizado para que el público se conforme. Todo está a mitad de camino y no queda afuera ningún lugar común.
El truco de los "morcilleos", los furcios y las tentaciones de risa de los artistas son recursos demasiado fáciles para artistas como Cherutti, Guinzburg y Marcos Gómez. A su vez, la profusa improvisación no es del todo creativa. El público participa muy activamente en el show, pero en un nivel casi infantil. El "mariachi loco" de Gómez se hace despedir con un saludito de manos que Firulete hacía 30 años atrás con los chicos. Asimismo, se hace subir al escenario a la gente con excusas simples para que se lleve un "regalito" de los sponsors más generosos.
Multimedia
El agregado de dos pantallas a los costados con escenas filmadas especialmente (en una de las cuales participa Alejandro Marley) y de cuadros en los que la cámara registra al público no aporta nada especial. Guinzburg no es un buen monologuista, pero sale más airoso cuando comparte escena con otros. Su crítica ácida a la policía y a la inseguridad es brillante, pero hace agua con un remate de dudoso gusto. Del mismo modo, hace una referencia muy poco feliz sobre el sida en un chiste remanido.
Cherutti sale ganando con sus imitaciones de Diego Torres, Sandro y Fito Páez, entre otros, y el público agradece mucho cuando canta en serio. El cuadro de tangos da relevancia a sus cualidades vocales.
El sketch que comparten, en el que parodian a Néstor Kirchner y a Lula da Silva, no tiene sustento y, a juzgar por la reacción del público, evidencia que todavía no hay mucha predisposición a reírse del actual presidente. La imitación que Gómez hace de Elisa Carrió es desopilante.
Por otra parte, la participación de las supuestas vedettes Luciana Salazar y Jésica Cirio sólo es efectiva por sus figuras. Pero carecen de ángel, fuerza y talento. Del mismo modo, el resto del elenco femenino, que salvo unos pocos casos, no tienen habilidades para el baile.
Son vistosos los cuadros de la equilibrista en telas Karina Piñera, en cambio, son pobres la escenografía de Castellanelli y el vestuario de Vidal Rivas.
Una lástima que el talento de Guinzburg, Cherutti y Gómez sólo se vea por chispazos en este show que parece hecho a los apurones.






