Alcón, siempre presente

El gran actor argentino es recordado en una primera biografía y se reponen sus puestas en escena más destacadas
Carlos Pacheco
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25 de agosto de 2016  

El 11 de abril del año pasado el mundo del espectáculo se sacudió con una noticia tristísima: la muerte de Alfredo Alcón . Fue algo así como el símbolo del gran actor argentino. Algunos podrán afirmar que lo fue, otros lo pondrán en duda, pero es irrefutable que ocupará siempre el trono que dejó Pepe Podestá. Todo hacía prever que, al tiempo de su muerte, podría haber un sinnúmero de homenajes. Pero no hubo tantos, aunque algunos fueron contundentes. El director Jorge Vitti fue el primero que tomó como una cruzada devolver algo del trabajo de Alcón a la escena, con puestas que él dirigió o interpretó alguna vez y han sido emblemáticas. Pero también hay una completa obra bibliográfica que escribió Mario Gallina, gran historiador del mundo del espectáculo local a la que tituló Los caminos de Alfredo Alcón. Sin dudas, el gran actor argentino está siempre presente.

"Es un actor dócil para ser dirigido... Bueno, dócil si uno le dice cosas ciertas; indócil si se le pide hacer cosas forzadas, sino se le fundamenta. Dócil si lo que uno le dice es inteligente, si conviene con él y se llega a una convicción. Pero no es un actor caprichoso; al contrario, es estudioso, concienzudo, con una gran sensibilidad". Así definía el director Osvaldo Bonet a Alfredo Alcón, uno de los actores más importantes de la Argentina. La cita está extraída del libro Los caminos de Alfredo Alcón, del investigador Mario Gallina (Prosa Editores).

Es una biografía extremadamente sensible que recorre la vida del intérprete desde su niñez, que contiene numerosos comentarios de personalidades que trabajaron con él. Un ser sumamente carismático que conquistó a su primer maestro Antonio Cunil Cabanellas y tocó el corazón de cuanto artista estuvo a su lado.

Como en investigaciones anteriores ( Osvaldo Miranda, el comediante, Querida Lolita, retrato de Lolita Torres, entre otros), Gallina es sumamente minucioso en su relato. Aporta datos desconocidos, los vitaliza y les da una impronta tan particular que obliga al lector a seguir el relato de manera emotiva y, sobre todo, confiable.

La historia personal de Alfredo Alcón se torna así intensa y entrañable. Sus comienzos en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, su paso por la Radio del Estado (hoy Radio Nacional), sus viajes a España, su constancia, su timidez eterna y tan saludable porque le permitió no creerse "uno de los grandes actores argentinos" y, sin embargo, lo fue.

Mario Gallina recoge múltiples testimonios de actores, productores, directores. Gente que lo conoció, que compartió su camino y lo ayudó a ser quien fue. La documentación es mucha y está reflejada con rigurosidad, respeto y hasta con amor.

No hay ficción en esta biografía. Sólo descripciones meticulosas, análisis inteligentes, comentarios sensibles. Mario Gallina construye un relato apasionado, muy interesante. Su documentación es vasta y la traslada de manera llana, directa, accesible al lector. Esta es una historia pasional. Cada uno de los testimonios que aparecen así lo confirman. Dice, por ejemplo, Norma Aleandro: "Alfredo fue un magnífico actor, dueño de una creatividad infinita; uno de los seres más profundamente inteligentes que conocí porque tenía la inteligencia del corazón. Incapaz de lastimar; sin embargo era fácil lastimarlo a él porque era una persona hipersensible. Muy tímido, pero cuando se desataba se abría una puerta y aparecía un ser poderoso y arrollador. Ese tipo de gente que te hace apreciar el mundo de mejor manera, porque lo mira siempre desde un lugar inesperado."

El libro contiene, además, una exhaustiva cronología de los trabajos de Alfredo Alcón en radio, cine, televisión y teatro y algunos comentarios sobre su personalidad o su hacer que resultan sumamente atractivos. Uno de los tantos que elegimos es del actor Juan Gil Navarro que compartió escenario con él en la puesta de Rubén Szuchmacher de Rey Lear (teatro Apolo, 2009), dice: "Alfredo no tenía certeza de nada. Era lo que, verdaderamente, debe ser un héroe: un tipo con miedos que, valientemente, sale a entregarse a esa tormenta."

Una obra que el gran actor adoró

En la soledad de los campos de algodón

1996

Con Leonardo Sbaraglia y Horacio Roca

Memorable puesta de Alfredo Alcón en el Payró, que elevó el nombre del joven actor, acompañado por un sublime partener

2016

Con Marco Antonio Caponi y Nicolás García Hume

Jorge Vitti retoma la visión de Alcón en este nuevo montaje que acaba de estrenar en el Centro Cultural de la Cooperación

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