
Un trabajo, a la vez, pobre y brillante
"Novia con tulipanes", de Gonzalo Demaría. Con Tomás Fonzi, Osvaldo Tesser y Rodolfo Roca. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: Alejandro Granado. Dirección: Gonzalo Demaría. Funciones: sábados, a las 23.50, en El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034).
Nuestra opinión: bueno
En "Novia con tulipanes" una madre (de esas que no quisiéramos tener cerca) tuvo siete hijos que se quedaron en el camino (digámoslo claramente: murieron). Cosas de la vida, el octavo en nacer, una mujercita, creció como pudo entre las garras de esa mujer dominadora, envidiosa y manipuladora. Una mujercita que, a los setenta años, se enamora de un preso que en sus ratos libres trabaja de taxi-boy.
Aparece también un abogado, un tal Edgardo, que intentará poner en claro los intereses de una parte y de la otra. Pero, claro, es sadomasoquista y el deseo desenfrenado lo puede. Sintéticamente, éstas son las cartas que Gonzalo Demaría, autor y director de este montaje que se presenta en El Portón de Sánchez.
La pieza de Demaría circula por varios carriles a la vez y por momentos fluye entre uno y otro con suma facilidad. Así va de un melodrama desbocado con cierto tono absurdo a una comedia negra sobre fondo escenográfico negro negrísimo.
El gran Tesser
El haber elegido para los dos personajes femeninos a dos actores es una acertada decisión. En realidad, lo mejor es haber elegido a Osvaldo Tesser, para que haga de esa madre salvaje, y a Rodolfo Roca, para la dominada hija y el oscuro abogado. Los dos demuestran ser actores llenos de sutilezas. Es más, Tesser, con esa voz potente que pega en el pecho del espectador, sencillamente dicta una clase de actuación. Impresionante lo suyo.
Al hacerlos actuar personajes femeninos el director logra una seductora ambigüedad entre esas voces tan masculinas y los "detalles" de lucir tacones lejanos y hablar en femenino. Cuando se produce el cara a cara entre esa madre y su hija es cuando la obra alcanza su mayor potencia, su fina y desbocada locura trágica. Y aunque se apele a recursos ya vistos o el espíritu de Copi ronde por ahí, en esa escena se logra un nivel que no está presente en el conjunto del montaje.
El personaje a cargo de Tomás Fonzi es el menos atractivo y el menos logrado. Fonzi aporta la máscara de ingenuidad que requiere el contrapunto entre esos seres que están de vuelta de todo frente a alguien que está haciendo sus primeros kilómetros. De todos modos, dato no menor, recordemos que el actor hace de un taxi-boy (o sea, un personaje con kilometraje propio, con banquinas propias y con todo el mapa que se nos ocurra). Sin embargo, esta doble cara no aparece, no toma cuerpo; su interpretación carece de la oscuridad necesaria. Quizá con el paso de las funciones, se acaba de estrenar, logra apoderarse con mayor convicción de su personaje.
El planteo de puesta (y también el escenográfico) hace que todo se apoye en el trabajo actoral. Esa decisión deja al desnudo cierta debilidad en la estructura y en la trama de la obra.
Algo que, inevitables comparaciones, estaba mucho más aceitado en "Lo que habló el pescado", la obra anterior de Demaría. Es más, si en esta puesta de "Novia con tulipanes" no estuviera Osvaldo Tesser, el resultado decididamente sería otro.







