
Un vengador que se equivocó de época
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"El televidente" , de Rodolfo Santana. Intérpretes: Rodolfo Ranni y Pepe Monje. Diseño de escenografía y vestuario: Marcelo Pont-Vergés. Diseño de iluminación: Félix Monti y Alfredo Morelli. Dirección: Daniel Marcove. Duración: 65 minutos. En Multiteatro.
Nuestra opinión: regular
La tan vapuleada televisión no escapa a los rigores de la crítica, recibiendo encarnizados calificativos en cuanto a contenidos se refiere. No es difícil cuando actualmente, y globalmente, busca difundir producciones de muy dudosa la calidad, deformar el gusto de los televidentes, limitar el idioma nacional a muy pocas palabras, todos estos esfuerzos orientados exclusivamente hacia un objetivo final: las tan codiciadas e inexplicables mediciones de audiencia.
Por todo esto, y como lo anuncian algunos carteles en la vía pública, el televidente tendría que tener un derecho a réplica. Y en esto se inspira el prolífico autor venezolano Rodolfo Santana para escribir "El televidente", conocida originalmente como "El animador", una especie de vengador anónimo.
Un televidente secuestra a un ejecutivo de un canal de televisión, encargado de la programación, para juzgarlo y penalizarlo por algunas decisiones que presuntamente lesionaron la sensibilidad del espectador.
Con una carga de violencia implícita (el secuestro sin revelar el motivo) y explícita (las agresiones físicas), se establece la relación entre los dos personajes y se va develando todo un mecanismo enfermizo que se inicia cuando el televidente toma la ficción como si fuera la realidad.
De esta manera, el secuestrador exige el cambio de un final de telenovela (al mejor estilo de "Misery"), castiga por los alimentos que fue obligado a ingerir en su infancia a consecuencia de la publicidad, humilla por los vejámenes que padecen los que participan por premios, etcétera.
Pero estos ejemplos y fundamentos, en los tiempos que corren del reality show , resultan para el público porteño un poco perimidos y con cierto resabio de tiempo pasado.
Reparo insalvable
No es el único reparo. La puesta de Daniel Marcove poco puede inventar para sostener el texto endeble, excepto hacer correr, subir, bajar, entrar y salir a uno de los personajes, Pepe Monje, que muestra físico para hacerlo. Este recurso sólo sirve para dilatar la secuencia inicial. Mientras tanto, para Rodolfo Ranni,reserva un artificio, el travestismo, que resulta grotesco por la carga de trazos gruesos y burdos en el vestuario y el maquillaje.
A pesar de todo esto, los trabajos de Rodolfo Ranni y Pepe Monje son convincentes y se ajustan con eficacia a los climas de violencia. El tema es que este esfuerzo y compromiso actoral no alcanzan para suplir las deficiencias dramáticas y de contenidos que muestra el texto.
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