
Una aproximación a la historia de Casandra
Noemí Frenkel vuelve a la escena con un personaje que desea encarnar desde que era niña
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El teatro, el cine y la televisión son espacios muy conocidos por Noemí Frenkel, aunque, en los últimos tiempos, su actividad ya no tiene la misma intensidad que en otras décadas. "Tengo otro aliento para hacer las cosas -explica-. Soy muy meticulosa y obsesiva, y no siempre encuentro proyectos que sean afines a mí."
Desde hace algo más de un año viene trabajando sobre un proyecto personal que la conmueve mucho. La historia de Casandra, personaje de la mitología griega, le posibilita hoy volver a un escenario haciendo una relectura de los acontecimientos que marcaron la vida de aquella mujer. La propuesta se llama Casandra iluminada (rito de pasaje) y se estrena hoy, en Elkafka.
Siendo muy niña, Frenkel comenzó a sentir cierta fascinación por autores como Esquilo y Eurípides. Tenía un libro que recogía algunas tragedias en versión infantil. Allí descubrió a Casandra, en laOrestíada, y su mundo la deslumbró. "La veía como una mujer rebelde que se atrevió a desafiar a Apolo. A la vez, ella es incomprendida porque no es escuchada, tiene un saber que no logra transmitir", cuenta la actriz.
La novela de la alemana Christa Woolf (Kassandra) le permitió observar al personaje desde otra dimensión. Allí la reconoce cerca del momento de morir y aquí asoma el disparador de la obra que ella misma escribió, con la supervisión de Patricia Zangaro.
"Esa circunstancia de proximidad con la muerte me atrajo mucho. ¿Qué le pasa a ese personaje en los últimos momentos de su vida? -se pregunta Frenkel. Y pensé en hacer una especie de recapitulación, de ir cerrando los temas que quedaron pendientes. Entrar a la muerte perdonando lo que hay que perdonar, entendiendo lo que hace falta entender. Lo más paradójico de la vida de Casandra es su relación con Apolo. Él le ofreció el don que posee (la profecía) y, a su vez, la maldijo y le quitó la posibilidad de persuadir, con lo cual no pudo disfrutar de ese don y quedó consagrada como sacerdotisa de él. Esta paradoja me parece que puede relacionarse con muchas cuestiones de la vida. Las cosas no son blanco o negro. Hay enigmas que para poder entenderlos y enfrentarlos hace falta dar un salto de conciencia. Esto está muy relacionado con la filosofía oriental. La muerte es una posibilidad de dar un paso a otro nivel de conciencia."
Cuando se le consulta a Noemí Frenkel por qué su carrera en los últimos años muestra cierta discontinuidad de trabajo, ella lo explica de manera muy sencilla. "Tiene que ver con mi manera de vivir. No soy de esos actores que pululan por todos lados. Mis proyectos me llevan mucho tiempo. Veo a otros artistas que hacen y hacen, tienen un motor que los lleva a producir constantemente. Tengo otro aliento para hacer las cosas. Hay momentos de plegarse y otros de desplegarse."
Cuenta que extraña la cámara de cine (su último trabajo fue en 2011, en El amigo alemán, de Jeanine Meerapfel), aunque no tanto el escenario, ya que está permanentemente entrenando. Está convencida de que la base de un actor es su presencia, y en eso hace mucho hincapié técnicamente.
La televisión es una aliada más incondicional. En los últimos años se la vio en Aliados (Telefé), Herederos de una venganza (El Trece), en el unitario Tratame bien (El Trece) y el año pasado disfrutó mucho participar en el ciclo de Santiago Loza Doce casas (TV Pública).
También en 2008 fue productora e intérprete de una experiencia en El Cubo, Los padres terribles,de Jean Cocteau, con la dirección de Alejandra Ciurlanti. "Quería sacarme esa idea de que el teatro comercial no es interesante porque ya viene todo masticado y digerido. Busqué hacer algo interesante y potente y que movilizara al público. Fue una experiencia muy satisfactoria, lograda. Concreté una verdadera producción artística."
Una frase de Carlos Castaneda viene marcando el rumbo artístico de esta intérprete: "Hacer un camino con corazón". "Me sentí muy representada por esa idea, por esa filosofía de vida -cuenta. Cuando me llega una propuesta, un proyecto, si tiene corazón ahí voy, porque tiene sentido. No tolero estar arriba de un escenario sin convicción."





