Una comedia con desparejo elenco
"Vengo por el aviso", de Marc Camoletti. Traducción: Dolores Casado de Achával. Adaptación y dirección: Carlos Evaristo. Con: Rodolfo Ranni, Norma Pons, María Fernanda Callejón, Campi, Claudio Morgado, Claudia Albertario, Laura Cymer y Eduardo Carrera. Escenografía y luces: Alejandra Villar. Asistente de dirección: Daniel Fernández Chiazza. Teatro Astral, Corrientes 1639. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: bueno
Marc Camoletti es al teatro como "Los Simpsons" a la televisión. En el horario que pongan a la familia amarilla, el rating sube. Con el autor de "Boeing Boeing" pasa algo similar -salvando las distancias de masividad-: en los Estados Unidos o en cualquier parte del mundo sus caballitos de batalla son una carta segura para divertir y nutrir boleterías.
"Vengo por el aviso" es una de sus obras más exitosas. Se estrenó en 1966 y Buenos Aires tuvo su versión -también en el teatro Astral-, que permaneció 5 años en cartel, desde septiembre de 1968. Estaba protagonizada por Diana Maggi, Beatriz Taibo, Haydée Padilla, Santiago Bal y Tincho Zabala, entre otros. Camoletti divierte desde el gag y la ocurrencia y éstas están encadenadas una tras otra en "Vengo por el aviso". Sus situaciones disparatadas y sus personajes vulnerables son el eje de su historia. Ellos revelan un patetismo tan natural que, desde la pluma artesanal del autor, son los motores de esta liviana pochade.
Todo comienza cuando cuatro mujeres de ocupaciones y personalidades diferentes, que comparten un departamento, deciden publicar un aviso solicitando, indistintamente, un modelo para pintura, un alumno, un inquilino y un amante. De más está decir que éstos se mezclan para generar confusiones y cambios de roles desopilantes. A pesar del tiempo, la obra conserva diálogos ágiles, claros y diligentes, y en eso tiene mucho mérito la adaptación de Carlos Evaristo.
Por eso no era necesario apelar a ciertos recursos fáciles para llamar la atención. Desde el texto no hay un motivo aparente que justifique que la profesora de piano que compone Claudia Albertario esté ensayando en camisolín. Pero en líneas generales, Evaristo realizó una interesante labor desde la dirección de un heterogéneo grupo de actores. Salvo en los últimos cuadros, casi todas las escenas son de a dos o de a tres, por eso el problema se presenta en el desnivel actoral de esas duplas.
Norma Pons y Rodolfo Ranni son los únicos ejes interpretativos, lástima que algunos partners no respondan. Ranni parece trabajar solo en el contrapunto que tiene con María Fernanda Callejón, que está fuera de órbita durante toda la obra. La actriz sólo hace poses y repite texto sin la mínima intención aparente de componer ni de relacionarse con sus compañeros.
Ranni y Norma Pons pisan el escenario con firmeza y oficio y salvan el factor interpretativo de la obra del naufragio. Ambos saben muy bien cómo sacarle partido a cada situación y qué es lo que se está diciendo o haciendo. Del mismo modo, es muy acertada la intervención de Campi, en una creación propia, y sorprende el debutante Eduardo Carrera, un ex "Gran Hermano" que hace las veces de modelo vanidoso y hueco. El muchacho aceptó la idea de jugar con su criatura y eso lo conduce a un trabajo natural, simpático y sin fisuras. Por su parte, Laura Cymer no resulta tan eficiente en el teatro como en la televisión, en una caricatura desprolija y sin intención. Claudio Morgado y Claudia Albertario, también en labores olvidables.
La escenografía hiperrealista de Alejandra Villar brinda amplias posibilidades de movimientos y despliegues esenciales en este tipo de pieza. En resumen: una obra sencilla que cumple muy bien con su función y podría ser completa con una mayor exigencia.







