
Una mirada personal al sida
"Una comedia bareback sobre el Sida" , idea de Diego Kogan con dramaturgia de Patricia Zangaro. Con Silvia Alfie, Marcelo Balquinta, Laura Fontenla, Martín Papanicolau, Cristian Stevenot y Constanza Viceconte. Iluminación: Omar Possemato. Dirección: Diego Kogan. Teatro Payró. Funciones los viernes y sábados, a las 23.
Nuestra opinión: bueno
Hay un búnker en un sótano (que, cosas del teatro, no es tal) y hay una pseudo-organización guerrillera que tampoco es tal. Afuera, unos legisladores discuten una norma y, adentro, ellos planean cómo expresar su oposición a esa norma que sienten que no los incluye.
Los de afuera y los de adentro hablan del sida. En realidad, en los que habitan ese búnker el sida es mucho más que una línea discursiva, es algo que literalmente se ha hecho cuerpo.
Esta banda podría ser de unos malos totales, pero no. Quizá lo que ellos estén planeando tenga algún parecido a los pasos previos de la reina del carnaval de Gualeguaychú antes de la reunión de presidentes en la ciudad de Viena. Claro que en este caso no conoceremos los resultados finales. Y a juzgar por ciertas desprolijidades, uno podría suponer que esta banda no está para proyectos escritos con mayúsculas. Ni ahí. Es que tampoco la obra tiene intenciones de dejar un mensaje políticamente correcto sobre el sida ni apelar a golpes bajos ni nada de esas cosas que le tele o el cine bien pensante norteamericano nos tiene tan acostumbrados (o domesticados, vaya a saber uno la diferencia).
Lo que se propusieron Patricia Zangaro, a cargo de la dramaturgia, y Diego Kogan, como gestor de la idea y la dirección, es hacer lo que dice el mismo título del espectáculo: "Una comedia bareback sobre el Sida". ¿Qué es bareback? Suena a comida judía, pero no. En el mundillo, es tener sexo sin protección, sin profiláctico. Algo que estos personajes -más allá de cuestiones morales- saben, conocen, deciden y padecen sin lamentos. Es que cada uno a su manera, se la bancan.
Esa propuesta, de reflexión corrida de los ejes habituales, en varios momentos toma cuerpo en el búnker que los actores crearon en un hueco del Teatro Payró apto sólo para cuarenta espectadores. Allí se juntan un fanático del chat, un líder que delira y se enamora en el momento menos indicado, una pareja despareja que está por tener un bebé, una fanática de los té aromáticos onda una new age ya pasada de moda, una doctora que deja el rigor de la ciencia por el alcohol y un taxi boy que podría estar con su papi en Nordelta, pero no. Es que todos podrían estar seguramente en otra, pero tampoco. Y sin desplegar justificaciones vinculares demasiado claras, están juntos.
El desplazamiento de los actores sucede a centímetros del público, que rodea al espacio escénico. Allí van y vienen en este juego que, seguramente, con el paso de las funciones tomará mejor ritmo. Con un nivel parejo en lo actoral, Diego Kogan aporta su personal mirada sobre cómo es vivir con HIV. Y de eso sabe: justamente hace quince años (cuando era asistente de Gambas al Ajillo) un doctor le dijo que no le quedaba mucho tiempo de vida. Claro, no se la creyó.





