
Una mirada simple sobre las mujeres
"Mujeres de colores" , de Amancay Espíndola, con la colaboración de Betty Raiter y Paula Mujica Lainez. Dirección: Virginia Lombardo. Elenco: Amancay Espíndola, Patricia Kraly, Betty Raiter y Susana Di Gerónimo. Escenografía: Adriana Estol. Vestuario: Cristina Briante. Luces: Luciana Giacobbe. Diseños sonoros: Joaquín Segade. Asistentes: Hebe Carbonell y Mariángeles Taroni. En el Abasto Social Club, Humahuaca 3649. Los domingos, a las 20.30. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: regular
Espiar el universo femenino por medio de una suerte de ojo de cerradura puede resultar un desafío interesante para cualquier hombre. Esas charlas de té canasta o de toilette femenino despiertan la intriga del sexo opuesto. De eso se trata, en parte, la propuesta de "Mujeres de colores": de espiarlas para, a partir de allí, descubrir su universo. Dos hermanas, Juana y Lucita, reciben en su casa a dos amigas: Gladys y Tina. Durante los primeros minutos de la pieza no se sabe por qué están ahí probándose ropa, cantando trozos de canciones y vistiendo conversaciones con comentarios profundos y detalles superfluos. Luego se sabe que se preparan para salir a la calle porque todas las mujeres están viviendo una jornada festiva. Para ganarse votos o para demostrar que la violencia es masculina, el intendente decretó que los hombres deberán quedarse en casa y ellas podrán divertirse con strippers incluidos.
La estructura de la obra no es uniforme. No tendría por qué serlo, pero la historia no es funcional a la acción, a la vez que la línea dramática se fractura casi en forma permanente. Lo supuestamente intenso de una charla de café filosófico no se mezcla, sino que se molesta con lo superfluo en una construcción dramática no muy clara. Frases como "te cambio tu sueño por un hombre de verdad" se mezclan con otras que piden un alfiler de gancho. A su vez, mechada con trozos de poesías (de Alfonsina Storni, sobre todo), esta mundanidad pretendida no es creíble. Hay algo de todo ese texto que no luce orgánico en boca de estas actrices de probada idoneidad. Es una lástima que un mundo tan amplio como el femenino quede reducido sólo a contornos, con contenidos vagos e inconsistentes.
En favor de esta tragicomedia con ribetes psicológicos, los perfiles de las cuatro están mejor definidos desde la actuación. Juana (Espíndola) es la sensible que pretende a su lado a "un hombre con ruleros"; Tina (Di Gerónimo) es la casada que dibuja de ingenuidad su sometimiento; y Gladys (Raiter) es la incomprendida y dura a la que los hombres le han hecho mal. Pero el emergente y resultante de la obra es el personaje de Lucita, una loca linda que está poseída por su abuela, repite frases hechas, habla en poesía y flota. Un interesante trabajo de Patricia Kraly.
La puesta de Virginia Lombardo aprovecha el espacio escénico no convencional y trabaja en diferentes planos, muy disímiles entre sí. Hay cierta intención de intimidad en algunas escenas que no se logran del todo, en algún punto, por la poca disponibilidad lumínica.




