
Una mujer fuerte que expone sus máscaras
Hoy estrena una obra dirigida por Manuel González Gil
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MAR DEL PLATA.- Pura cordialidad. María Valenzuela recibe a LA NACION paradita en la puerta del pequeño chalet marplatense del barrio Chauvin que alquiló para pasar la temporada veraniega. De tejas, ladrillo y mucha madera, la vivienda se convierte en el refugio perfecto para conversar durante más de una hora -mate en mano- sobre el año que pasó y el que acaba de comenzar, que la encuentra a punto de estrenar Máscaras , una obra que la tiene como protagonista excluyente por primera vez en sus 45 años de carrera.
Para semejante evento se pertrechó de los amores más cercanos, sus hijos Malena, Julián y Juan; un "amigo íntimo"; y sus gatos Carmelo y Cleopatra? No parece necesitar mucho más para estar bien. Se la ve relajada, tranquila, dato que se vuelve llamativo cuando comenta, feliz, que de a poco está dejando de fumar: "de dos atados diarios bajé a cinco cigarrillos", dice mientras prende el segundo del día, a las 7 de la tarde. Es que no hace mucho le detectaron un principio de enfisema pulmonar y decidió prestarle atención a los consejos médicos. Ya para sustos tuvo demasiado con la enfermedad de su hija Malena, experiencia que decidió plasmar en un libro para tratar de ayudar a otros padres que estén pasando lo mismo que a ella y a su hija les tocó transitar.
Revivir esa situación fue difícil pero gratificante, idénticos sentimientos a los que le dejó el programa Buscando a Dios , que condujo en Telefé. "Siempre fui una persona de fe pero, a partir de lo que le pasó a Male, esto se intensificó, me aferré a santos que antes ni conocía, por eso el libro y el programa fueron experiencias importantes para mí. Pero no te voy a mentir, soy una mina a la que le gusta disfrazarse y no cambio a la actuación por nada."
Y así, de hablar de disfraces la actriz pasó a las máscaras, a esas que hace referencia la obra que estrena, con dirección de Manuel González Gil, hoy, a las 23, en el teatro Santa Fe (de Jueves a domingos, a las 23; y martes y miércoles, de gira por la costa). Allí, una mujer que ya cumplió los 25 años de casada ve entrar en crisis su matrimonio tras la partida de su único hijo a estudiar al exterior. El hecho de no tener ya que preocuparse y ocuparse de su hijo -"el gran amor de su vida"-, empieza a ver qué pasa con su propia vida y se da cuenta cuánta mugre está escondida bajo la alfombra. Ella no es hipócrita y elige sacarse las máscaras.
Nido vacío
"Aparecen secretos ocultos por muchos años hasta que explota todo por el aire, con humor y con cierto dramatismo. Es una suerte de culebrón teatral en el que pasan cosas muy locas con la gente; en las partes dramáticas se ríen de los nervios, interactúan con nosotros, hacen comentarios, nos hablan apoyando o no cada posición. Es fantástico", dice en referencia a la experiencia que vivió junto con sus compañeros de elenco Nani Ardanaz, Fabián Talín y Cynthia Fridman mientras la obra -que escribió Lucía Arslanián- estuvo de gira.
María, al igual que la protagonista, también cumplió 25 años de casada antes de separarse -"creo que los dos llegamos boqueando"-, pero no se identifica mucho con la Vivi que interpreta. "Ella es absolutamente dependiente en lo emocional y en lo material y yo soy independiente desde los 10 años, edad en la que me di cuenta que ya hacía unos años que ganaba mi propio dinero y que, aunque me lo administraban mis padres, era mío. Además soy una tipa fuerte, dura y me hago cargo de lo que me toca."
Y en eso que le toca aparecen tiempos buenos, otros no tanto, como a cualquiera. No se desespera por saber ya si tendrá o no proyectos más allá del actual, ya vivió mucho tiempo la vorágine de hacer una tira televisiva y teatro a la vez. "Así que estoy aprovechando este momento y, además, a esta altura de mi vida quiero tiempo para mí, para mis seres amados", concluye y se despide para ir a ver una serie con su hijo Juan, que la ronda con ganas de tenerla sólo para él.




