
Una pasión, un desahogo,Charlas teatrales
El director chileno es una figura destacada de la escena latinoamericana
1 minuto de lectura'

"Disfruto hacer teatro. Para mí, el teatro es como una religión secular en la que la gente, sin saber por qué, se encierra en una sala para perder tiempo. Muchas veces el teatro no es tan entretenido como una película, pero vamos igual a buscar, nuevamente, el primer amor." Quien habla es el director y dramaturgo chileno Guillermo Calderón, el mismo que en medio de cierta distancia que generó la última edición del Festival Internacional de Buenos Aires, él, con sus obras Neva , Diciembre y Clase se ganó la aprobación generalizada del medio. El mismo que el miércoles, en el Malba, dio una charla sobre escritura teatral.
Calderón terminó su carrera de actuación en 1993. "En aquel momento, en términos teatrales, no había nada contra qué revelarse. El teatro de la «vanguardia posmoderna» de los años 80 y 90 ya estaba consolidado y podía tratar los temas de la dictadura de una manera fresca e interesante. Eso hizo que termináramos la escuela sabiendo cómo hacer teatro, pero sin saber por qué hacerlo. Para mi generación, el escenario posmoderno, con su maravillosa extravagancia visual y complejidad de contenidos, se había transformado en algo un poco agotado", dijo al auditorio. Calderón considera que ese escenario posmodernista se convirtió en algo cool . "Esa gran energía antisistema fue eventualmente cooptada por los medios de comunicación de masas, por la sociedad de consumo. Muchas veces veía obras que no eran muy potentes, pero que eran consumidas como un objeto de lo cool . Podía ser un espectáculo muy político, pero esa característica no se la leía." Y para graficar esa situación pone un ejemplo contundente: "Era cool haber visto esa obra que nadie entendió nada. No era tan importante hablar de la obra, sino «decir» que uno fue a verla para reafirmar cierto círculo de lo cool . Eso, para mí, terminó siendo incómodo".
Como reacción a toda esa tendencia creó Neva , aquel perturbador trabajo iluminado apenas por la luz de una estufa eléctrica mientras tres personajes intentan montar El jardín de los cerezos en medio de una violenta tarde de San Petersburgo de 1905. Para contrarrestar tanto despliegue visual apostó por un trabajo anticuado para la época ("ridículamente anticuado", reafirma él) en la que los personajes no hipersimbolizaban nada. Sencillamente hablan, discuten. "Diría que es una obra basada en el arte olvidado de actuar bien y, sobre todo, utilizando el humor", señala. Esa experiencia, a contramano de los signos escénicos de la época, funcionó: vinieron las críticas, los premios, las invitaciones a los festivales europeos y todo ese rollo del reconocimiento internacional.
"Pero, claro, hubo que pagar un precio", reconoce. Una noche se presentaron a la sala dos ex ministros de Pinochet. Calderón no supo qué hacer. Hasta pensó en no dejarlos entrar. Al instante, recapacitó y se dijo: "Está bien, que entren, que vean lo que es bueno". En tren de suponer, quizás el mejor desenlace para Calderón hubiera sido que los dos ex funcionarios dejaran la sala porque intuían que algo de lo que se hablaba tenía que ver con la violencia de ese proceso que esos dos señores seguramente no llaman dictadura. Sin embargo, vieron toda la obra y aplaudieron felices. "Ahí me di cuenta de que la obra se había convertido en un objeto cultural que le había hecho perder todo el filo político que pensaba que tenía", cuenta. ¿Será que la categoría de objeto cultural se lleva de maravillas con lo cool ?
¿Dicen que soy aburrido?
El próximo trabajo de Calderón se llamará La dictadura del aburrimiento . Se estrenará en Chile, en enero próximo. De todos modos, se percibe claramente que le está dando forma en estos mismos momentos. El punto de partida para la obra es el parque de Villa Grimaldi, en Santiago de Chile. Se trata de un ex centro de tortura y exterminio de la dictadura por el cual habrían pasado alrededor de 4500 prisioneros, de los cuales 229 han sido asesinados o se mantienen como desaparecidos. Según el director, nadie sabe muy bien qué hacer con el llamado Parque de la Paz. "El tema de la dictadura es espantoso en sí mismo y aburrido de por sí; pero los torturadores están libres. Entonces, ante el fracaso de lo político y de la cultura, el último recurso es el arte", sostiene el mismo día en que la Iglesia Católica chilena presentó al gobierno del presidente Sebastián Piñera una propuesta de indulto a militares sentenciados por violaciones de los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Las posibilidades para ese montaje son muchas. "Llegué casi a la tentación posmoderna de hacer una obra de seis horas durante la cual la gente vea el espectáculo y se aburra hasta que alguien, pongamos a las dos horas, se diga: «Ajá? esta obra es aburrida para que me cuestione qué es aburrido; o para que me cuestione por qué tengo que tener la expectativa de entretenerme con un tema así». Y que a las cuatro horas siguientes, el público se convierta en un vouyerista que se dice: «Voy a ver cuánto dura esto». Por eso, quizá, termine apelando al viejo truco del humor. Sea el recorrido que tome, es un problema justo para el teatro porque el teatro se tiene que hacer con problemas grandes. Yo prefiero el fracaso antes que correr poco riesgo."
¿En qué modificó la situación teatral la llegada de la derecha al poder? "Todavía es muy reciente. Diría que todavía hay un aturdimiento generalizado, que consiste en preguntarse cómo llegó al poder esta gente con la falta de autoridad moral que tiene", responde a este cronista una vez terminada la charla.
"Hago teatro político para desahogarme -había confesado minutos antes-. Necesito hablar de lo que quiero decir porque mis ideas, compartidas por muchos otros, no tienen proyección en el espacio público. En segundo lugar, lo hago para iniciar una conversación cultural. Y que se entienda lo que digo: iniciar una conversación. No hablo de «transformar» nada. Y en tercer lugar, para alentar tropas. Hay mucha gente que viene a ver las obras que hago y ya está de acuerdo con lo que plantean antes de verlas. Pero es bueno verse reflejado en la cultura y que esa persona salga pensando que no está sola, que hay alguien que es capaz de poner eso en un escenario y que la ayude a revisar ciertas ideas."
Si todo sigue como lo previsto, Neva hará una temporada el año próximo en Timbre 4.
Charlas teatrales
- En las próximas charlas organizadas por Escena Sur, estarán Romina Paula, Ariel Farace, Horacio Banegas, Rafael Spregelburd, Emilio García Wehbi, Mauricio Kartun y el alemán Philip Löhle. Para mayor datos, consultar en www.escenasur.com.ar .






