
Una pintoresca "Boda gitana"
La puesta, con libro de Marisé Monteiro, recrea ritos y ceremonias tradicionales
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MAR DEL PLATA.- Uno de los atractivos que ofrece la ciudad, generosa en esta temporada en variedad de espectáculos, es "Boda gitana", una propuesta que se ofrece en el salón dorado de Tío Curzio, que recrea una celebración matrimonial gitana en la cual el público es el invitado y como tal participa de la ceremonia y de la fiesta.
Con libro de Marisé Monteiro y dirección de Rubén Pires y María Carreras, un elenco de músicos, cantaores y bailarines flamencos, esta fiesta nupcial, además del espíritu de la región andaluza, contiene una historia de amor y odio que el espectador comparte. Hasta allí llegan los anfitriones, los mayores de dos familias, con fuertes reminiscencias lorquianas, que se unen para celebrar la boda de dos jóvenes y lo hacen respetando el ritual milenario entre los pueblos gitanos: la prueba de honor y las bendiciones, a la luz de las velas.
Con la cena o con una copa
El público, que puede participar con la cena o con una copa, se encuentra de esta manera involucrado y recibe la bendición de uno de los participantes. Se suma el saludo de la familia, que recorre las mesas entregando un clavel blanco para las damas y uno rojo para los caballeros, como símbolo del amor.
Mientras se van presentando los personajes, se sirven un plato de tapas y las bebidas (éstas, con consumición aparte). Vilma Sagrario es la abuela del novio; Jorge Taglioni, el padre de la novia; Juan Bautista Carreras, hermano de la novia; Analía Riamonde, la prima; Victoria Moreteau, hermana de la novia; Jesús Romeu, un amigo del padre, con intenciones de casarse con una de las jovencitas, y Germán Emanuele, el que viene en busca de sus orígenes. Todos bailan y cantan.
Ellos se concentran en este festejo, que al mismo tiempo sirve para pergeñar futuras bodas, de las cuales los mayores son los gestores. Pero también llega un extraño venido de la Argentina que busca a sus ancestros. Es el núcleo dramático de esta propuesta que también acoge el canto de Jeromo y Stella Carbone, con Aníbal Maturi y Héctor Romero en guitarras y Marcelo Aronson en percusión.
Los sones andaluces son el soporte musical que acompaña a los novios mientras son llevados en andas por todo el salón.
Baile y comida
El intervalo en la comida es el pie para el baile de los novios (los bailaores Virginia Ayesta y Maximiliano Serral), y se suma el resto de los participantes, que a su vez convocan al público, invitados que gustosamente, en su mayoría, se acercan al tablao para compartir el festejo.
La trama dramática continúa cuando el extraño, nieto de un gitano, expresa la intención de buscar a los familiares de su abuelo, rechazado por haberse casado con una mujer foránea. Entre los mayores esta noticia crea un pico de tensión, que se ve interrumpido cuando se sirve el segundo plato: arroz con calamares o con pollo. Y siguen el baile, el canto y el romance, que dan lugar a otro conflicto.
Para no develar el desenlace, cabe decir que todo llega a buen fin en el momento del brindis con champagne y del rito de la torta. Otra de las tradiciones de los gitanos es colocar un billete arrollado en el piso superior del pastel, recurso que es facilitado por la producción al adjuntar en el programa de mano fotocopias de 50 dólares, costumbre de la cual participan todos los asistentes.
Aunque el espectáculo llega a su fin, el público continúa en el salón disfrutando de la despedida de la familia gitana, que se preocupa en informar que pronto habrá otra boda, como una manera de invitar a compartir otro momento de alegría.
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