Una puesta imbatible: la obra con una magnífica actuación de Luciano Cáceres que concientiza sobre la donación de órganos
La pieza ya estuvo en el escenario del Teatro San Martín; se reestrenó en el Regio
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Autora: Inmaculada Alvear. Versión: Dany Mañas. Dirección: Ignacio Rodríguez de Anca Intérpretes: Luciano Cáceres. Dispositivo escénico: Victorio Bello. Vestuario: Carolina Langer. Iluminación: Ricardo Sica. Música y diseño sonoro: Nicolás Diab. Diseño audiovisual: Sonia Frickx Teatro: Regio (Córdoba 6056) Funciones: miércoles, a las 20. Duración: 70 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
La sala deja al desnudo sus paredes, el micrófono de pie, un par de cámaras y las luminarias, estratégicamente distribuidas. En la pantalla del fondo aparecen un par de frases, mientras se escucha el sonido del golepteo de las teclas de una máquina de escribir. Esos signos advierten sobre dos cosas que lo que se verá es una ficción y que donar órganos salva vidas.
El dispositivo subraya la ficción en todos los aspectos posibles, pero hay uno más: esto es un unipersonal, pero de ningún modo se presenta un solo personaje en un solo lugar.

Juan Valero lleva adelante su relato. Todo comienza en un quirófano en el que el protagonista recibirá un trasplante de corazón. Allí se entera parcialmente de algunos datos de la donante y es testigo de la discusión entre los cirujanos que sostienen que el órgano guarda cierta memoria y entre aquellos que simplemente lo consideran un mero órgano.
Para que la historia pueda tener lugar es la primera de las opciones la que habilita el desarrollo de la propuesta. Así, se verá la transformación de un personaje rígido, en las antípodas de la ternura. Es calculador y empresario de una compañía poderosa. Sobre ese personaje, empiezan a inscribirse otros gestos, otros deseos, elegidos de manera incisiva ¿irónica? por la dramaturgia y un conflicto interior empieza a desplegarse en el personaje.
Esta obra que estuvo en el Teatro San Martín hasta el 29 de marzo, volvió desde el 8 de abril al Regio.
Transformaciones
La puesta construida desde su punto de vista –en una obligación de acompañar de modo abierto lo que le pasa, lo que siente, lo que no comprende, lo que desconoce- mostrará sus transformaciones, primero, levemente visibles y, luego, definitivamente evidentes.
El oscilar entre el personaje femenino que falleció cuyo corazón late en ese cuerpo exacerbadamente masculino y la existencia anterior al trasplante se va corriendo de modo cada vez más exagerado. Para la dramaturgia, la hipérbole es el procedimiento. Cada vez apuesta por algo que va un poco más allá. Que no se desarrollará acá, justamente, porque las vueltas de tuerca constantes son parte del disfrute de la obra.
Las decisiones de puesta no recurren a la desmesura, sino por el contrario a la reutilización de los objetos o los dispositivos técnicos cambiándoles el sentido. Se produce la transformación de uno de esos muñecos que se utilizan para practicar RCP a un número considerable de personajes, de la mesa de un quirófano a un escritorio o a una cama. Lo sonoro amplía universos, las luminarias devienen en flashes fotográficos y la misma pantalla tiene variedad de usos.
De hecho, Valero se transmite a sí mismo y sobre la superficie blanca se lo observa en primer plano, pero no vemos su imagen del modo esperado, sino, tal vez, con un funcionamiento metafórico. Así como el ojo humano funciona solo bajo determinado rango y hay cosas que no puede ver y la tecnología ha ido probando prótesis como la visión térmica para contextos de escasa o nula luz, del mismo modo, puede jugarse con la idea de acceder a sus pensamientos o sentimientos más profundos, esos que él mismo no querría verbalizar.
Esta combinación entre la orientación de la dramaturgia y las decisiones de todo el resto de los lenguajes constituyen una puesta con un ritmo imbatible. Y falta, por supuesto, el dato fundamental: la magnífica actuación de Luciano Cáceres que deviene en un péndulo entre las mutaciones constantes de la dramaturgia y las transformaciones de una escena que con, en apariencia, pocos elementos se despliega de un modo sorpresivo.
“Paraíso” es el topónimo de un distrito de República Dominicana. Un término que denota elementos positivos nombra, según la dramaturgia de Alvear, una especie de basural a cielo abierto. Título además de la obra en cuestión, lo que puede observarse es la contradicción latente, la puja por los sentidos y por las diversas posturas.
Paraíso, la obra, tiene una cantidad innumerable de capas entramadas, de cuestionamientos, de perspectivas, de puntos de vista encontrados. Una sola verdad es la que postula: donar órganos salva vidas. Todo lo demás está puesto en cuestión y de un modo definitivamente muy atractivo.
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