
Una revisión al nazismo en la Argentina, en los años 30
Beatriz Spelzini y Hugo Arana suben a escena, en el Cervantes, con un texto agudo de Augusto Fernandes ambientado en Bariloche, en 1938
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Preludio de la Segunda Guerra Mundial. La figura de Adolf Hitler había emergido unos años antes en Alemania y se proyecta cada vez con más fuerza en buena parte de Europa. En marzo de 1938 el líder del nacionalsocialismo presiona a Austria para la unificación con Alemania y ocupa con sus tropas algunos distritos de Checoslovaquia. La revista estadounidense Time lo proclama "Hombre del año". Ese es el contexto en el cual se desarrolla la historia de 1938, un asunto criminal, obra escrita y dirigida por Augusto Fernandes que, luego de una importante gira nacional, llega al Teatro Cervantes.
Fernandes es también uno de los tres protagonistas de la obra, que se apoya en las vicisitudes de un intrincado triángulo amoroso que completan los personajes de Beatriz Spelzini y Hugo Arana. "Siempre me interesó el tema del nazismo explica Fernandes. Estuve en Berlín en la época de la Guerra Fría y la ciudad se veía ordenada, muy cuidadita. Pero yo estaba convencido de que estaba edificada sobre cadáveres. Mis compañeros de la compañía teatral con la que viajé me miraban como si fuera un loco cuando comentaba eso", rememora.
Ambientada en Bariloche, un lugar donde finalmente se terminaron refugiando algunos jerarcas nazis, para Spelzini -quien también es protagonista de la recientemente estrenada Los inocentes, película de Mauricio Brunetti, la obra es "una prueba categórica de un mundo que está en llamas, que no tiene en cuenta al ser humano ni su felicidad". Para Arana "se trata, sobre todo, de una aguda mirada sobre el tema de los «ismos». Esos «ismos» siempre fueron cárceles agrega el experimentado actor. Si uno se singulariza dentro de algún «ismo», sea cual fuere, se vuelve un traidor a la causa. Simplemente por singularizarse, por no pensar como los otros. En algún momento fueron los artistas los que iluminaban el camino. Después esa posta la tomó la ciencia. Y ahí se pudrió todo. Se dejó de usar una palabra tan bella como porvenir, que suena hermosa, como cascabeles. Y se empezó a hablar de futuro. Pero ese futuro es científico, no personal, vivencial o emocional. Evolucionamos en algunos aspectos e involucionamos claramente en otros".
En 1938, los ecos del nazismo también resonaban fuerte en la Argentina, como lo prueba el multitudinario acto que celebraron los seguidores de las ideas de Hitler en el Luna Park (se calcula que hubo unas quince mil personas). "Hubo mucha gente que le encontró un sentido a la vida a partir de entrar en contacto con el nazismo. Vidas extraviadas que veían ahí una manera de reencauzarse, que encontraban en esa ideología la fe y la confianza que habían perdido. Es lo que de hecho le pasa al personaje que interpreto en la obra, una mujer que perdió a su gran amor en la Primera Guerra Mundial y le cree a Hitler cuando empieza a hablar de pacificación, en sus primeros años de notoriedad", remarca Spelzini.
Cuando Fernandes, Arana y Spelzini empezaron a reunirse para delinear la obra, ni siquiera estaba claro dónde iba a estrenarse. En un momento apareció la posibilidad del Cervantes, el mismo lugar donde Fernandes montó en 1996 El relámpago (Travesía), una recordada versión libre de Camino a Damasco, de Strindberg, y se armó la gira nacional previa a este estreno. Hubo tres meses intensos de ensayo para poner a punto un proyecto que tiene la particularidad de tener al propio autor y director en escena. "Fue difícil, pero creo que llegamos a buen puerto", sintetiza la actriz. "Uno se va acomodando a cada circunstancia, a cada desafío amplía Arana. La actuación me ha servido para mantener vivo en mí al niño que juega, y eso es sagrado. Un nene que agarra un escobillón y dice que es un caballo blanco no está loco. Nietzsche decía que se llega a la adultez cuando se logra la seriedad del niño que está jugando. Y nosotros subimos al escenario a jugar."
1938, un asunto criminal
De Augusto Fernandes
De jueves a sábados, a las 21.30, y domingos, a las 21.
Sala Orestes Caviglia, del Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815
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