Vicentico: el oficio de derribar prejuicios
Hoy presentará en Obras Los pájaros, pero antes tuvo tiempo de imaginar con nosotros el posible retorno de Los Fabulosos Cadillacs y de reírse de los motivos por los cuales se separaron
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Plantea y replantea; ensaya una definición ("si hay que hacerlo, lo hago") y luego se permite dudar de lo que acaba de decir. A gusto, con ganas de conversar y de terminar un postre tan tentador que cuesta quitarle la vista de encima, Vicentico o, ya saben, Gabriel Fernández Capello, se dispone a charlar, a indagar en los caminos de su vida, pero en un orden inverso al cronológico: del solista al cantante de los Fabulosos Cadillacs.
Buddy Holly nos mira fijo y hasta podría asegurarles que presta atención a cada palabra que se pronuncia en el salón vip del Hard Rock Café. Vicentico le da la espalda, pero a él no parece importarle; al contrario, luce su sonrisa amplia, la misma que, como sus anteojos, quedó inmortalizada en varias portadas de discos. Y no es justo atemorizar al cantante, así que mejor dejemos que Buddy Holly siga la conversación como un intruso de lujo. De paso, que participe a su manera.
Ya queda poco del postre y este fanático de San Lorenzo se despereza para arrancar. Su mujer, Valeria Bertucelli, está filmando y anoche debió llevar a Vicente, su bebe de tres meses, al set de filmación para no interrumpir el período de lactancia. Poco sueño, pero felicidad en abundancia, a la que se acopla con naturalidad su tercer disco, Los pájaros, y la presentación de esta noche en Obras. Y si del álbum se trata, en él hay un Vicentico compositor todoterreno, con esas baladas que ya son marca registrada del solista pero también con canciones inquietas con destino de hit.
-¿Podemos decir que el común denominador de tus tres discos como solista es la canción latinoamericana?
-No es una pose ni nada, pero en mí los estilos no existen y me cuesta definir qué es canción latinoamericana, rock o lo que fuere. Obviamente, si me pongo a ver lo que hice en el pasado voy a encontrar que fui un músico de rock y que lo sigo siendo. Me gusta el rock, mis shows son conciertos de rock, en el sentido en que busco ese tipo de impacto que genera, incluso aunque toque canciones latinoamericanas."
Ahí llegan las primeras risas, el segundo cigarrillo y un ensayo para descifrar la libertad del compositor post-Cadillacs. "Armé una banda con mucha percusión y, de hecho, con el que más onda tengo es con Buira [ex de Los Piojos]. Es un amigo y un gran percusionista y me es muy sencillo trabajar con él. A veces laburo con las bases que él me pasa, pero no todas las canciones se relacionan con la fuerte presencia de la percusión. Si sirven para algo las definiciones, diría que soy un rockero al que, a la vez, le gusta el pop melódico más clásico. Hay algo que sé Si yo tuviese alguna clase de problema y no pudiera tocar más de este modo, no dudaría en presentarme acá, en el Hard Rock, con un teclado con ritmos y canciones del Puma Rodríguez.
-Mientras la gente come o se atraganta.
-Pero lo digo de verdad, sería muy feliz haciendo eso también. Al principio me daba mucho odio tocar en fiestas privadas, y con el tiempo lo superé. Si me invitan a cantar en una fiesta de cumpleaños, aunque parezca patético, me termina gustando el hecho de entretener a unos pocos, incluso emocionarlos en algún momento. El oficio de cantar para entretener es algo que a mí me sienta bien.
-Como cantante, "te la creíste" recién en tu etapa solista.
-Tal cual, y a veces uno tiene que "creérsela". Básicamente esto empieza cuando te ponés a componer para vos mismo. Una cosa es escribir para uno y otra componer para una banda, donde se conjugan las limitaciones del grupo con su poderío. La limitación de una banda también es poder, porque comprime, pero cuando compongo para mí solo digo lo que quiero y lo canto en el tono que me conviene.
-Pasaste del juicio de una banda al comentario familiar.
-Exacto: de las 40 canciones que podía componer por año llegaban a un disco entre tres y cinco. Lo hacía con placer porque así funciona una banda, pero ni se me ocurría que podían entrar las 40. Esas cinco mías que elegíamos para los Cadillacs iban al disco por alguna razón que tenía más que ver con las cosas de una banda: "Necesitamos un rock", "acá una canción más rara".
-El famoso balance...
-Sí, con lo que escribe el otro. Ahora balanceo solo, y si me falta una canción más power, la compongo como quiero.
- Los pájaros es un disco conciso: diez canciones y a la bolsa.
-Son las diez que creí que tenían que ir. Compuse mucho para el disco; elegí las 15 que iba a grabar y en el proceso empecé a sacar las que no cuadraban. Y los discos largos, salvo que sean geniales, me aburren, igual que los shows. Tengo muy en cuenta cuando toco no pasarme de la raya. Para mí, un show o un disco tienen que tener una magia, un principio y un fin con un desarrollo dramático.
-Tenés tres discos como solista. Tranquilamente podrías dejar de lado las canciones de los Cadillacs.
-Pero a mí tocar canciones de los Cadillacs me cierra totalmente. Me trae buenas sensaciones hacerlo y a la gente, también.
-¿Cada vez que te juntás con Flavio surge el tema de los Fabulosos Cadillacs? Este es el año de los regresos...
-Claro que sale el tema; no sólo con Flavio, sino con todos. En verdad, depende de que las cosas se den como se dieron siempre. Nosotros no dijimos que los Cadillacs se separaban ni hicimos una gira de despedida. Estábamos todos limados y necesitábamos parar. Fue parte de la inercia. Los primeros años ni nos hablamos entre nosotros y, con el tiempo, retomamos la onda. En un punto me da lo mismo si nos reunimos ahora, dentro de diez años o nunca, porque lo que me importaba a mí era que pudiéramos tener una relación, incluso mejor que antes, que nos permitiera entendernos, recordar y reírnos de las partes más ridículas nuestras que fueron las que nos llevaron a parar, como el delirio de quién agarraba la suite más grande cuando llegábamos a un hotel.
-La otra pregunta es con qué formación: ¿con la primera o con la última?
-Yo creo que sería la primera, porque cuando volvimos a hacer algo [la versión de "La parte de adelante" que se encuentra en el disco uno del tributo Calamaro querido] , fue con la primera formación de todas, con Sergio [Rotman] y Luciano. Pero no tengo nada muy en claro; lo que te digo es lo que yo pienso más alguna cosa que sé de los chicos.
-Tu tramo solista también implicó éxito, popularidad y presiones como las que viviste con los Cadillacs.
-La única presión que tengo es la propia; lo externo no me intimida, no lo hizo nunca y menos ahora. No entiendo la queja del tipo que dice "tengo presiones". Si vos arreglás que una compañía te banque a pleno y después te da miedo, sos un boludo. En un punto, todo me c... un huevo de verdad, no sufro por la guita y todo eso, pero al mismo tiempo tengo una ambición preocupante. Quiero cada vez más: sonar más fuerte, ganar mucha plata para poder hacer espectáculos enormes... Tengo un delirio, y eso sí me lo tengo que bancar solo, porque a veces desear tanto algo es pensar bastante en lo que vendrá y no estar nunca tranquilo. Eso me pasa, y pago por ello pero no sé si existe el avanzar sin esa presión.




