
Vidas a mitad de camino en una versión de Chejov

Parias / Dramaturgia: Guillermo Cacace y Juan Ignacio Fernández, basada en Platónov de Anton Chejov / Dirección: Guillermo Cacace / Elenco: Lorena Vega, Javier Lorenzo, Laura Nevole, Horacio Acosta, Esteban Kukuriczka, Georgina Rey, Ignacio Rodríguez de Anca, Marcelo Subiotto, María Inés Sancerini, Fernando Contigiani García, Iván Moschner, Julián Marcove y Agustina Groba / Músicos en escena: Patricia Casares, Eliana Liuni y Francisco Casares. escenografía: Félix Padrón / Vestuario: Magda Banach / Iluminación: Aquiles Gotelli, Alberto Albelda / Asistente de dirección: Rosana Rodríguez, Julián Castro / Directora asistente: Julieta Abriola / Duración: 120 minutos / Sala: Teatro San Martín / Funciones: miércoles a sábados, a las 20, y los domingos, a las 19.30 / Nuestra opinión: muy buena
Justo en el momento en el que los personajes están al borde del abismo y cuando hay un mundo viejo que se viene abajo, se escucha una pregunta que se convierte en un puñal para actores y público que comparten la función de Parias: "¿Por qué no vivimos la vida que hubiéramos podido vivir?". La frase resuena con fuerza y se expande en su multiplicidad de sentidos, en el último estreno del teatro San Martín y con el que reabrió la sala Casacuberta. A partir de ese momento, llegan otras estocadas en serie: "Si miro hacia adelante, sólo veo desidia", "me cuesta vivir, pero quiero vivir", "yo necesito la vida ahora, no lo que viene después", "no sé qué hacer con una vida nueva, pero tampoco sé qué hacer con una vida antigua". Un Chéjov auténtico que, como escribió en una carta en 1888, se siente obligado a contar cómo hombres y mujeres aman, se casan, hacen hijos, hablan y mueren.
Guillermo Cacace es el director que se ocupó de idear este mundo sin certezas que es Parias, una obra que está basada en Platónov, pieza que marca el comienzo de la escritura teatral de Chéjov entre 1880 y 1881, cuando tenía 20 años, estudiaba medicina y trataba de sobrevivir con muy poco dinero. Según su biógrafo, Henri Troyat, esta obra temprana fue rechazada por larga y confusa y fue el propio Chéjov quien la destruyó, afectado por las críticas, hasta que en 1920 se encontró en sus archivos un primer borrador, al que no le había puesto título. Fue llamada Orfandad o Sin Padre, hasta que finalmente se instaló Platónov por el nombre del protagonista. Entre muchas postergaciones, fue estrenada por primera vez en la Unión Soviética en 1959 y en 1977 el cineasta Nikita Mikhalkov revalorizó la obra cuando la tomó como base del guión del film Pieza inconclusa para piano mecánico, una película clave del cine ruso.
En la trama, Platónov es un donjuán de rasgos rusos, afectado por la melancolía y la insatisfacción, en el contexto del tedio de una casa de campo, con deudas que se acumulan y personajes sin voluntad, que sueñan con una vida mejor pero que no hacen nada para salir de la inacción. Mientras tanto, el vodka, una excusa para ignorar el vacío.
La ebriedad es planteada en Parias como un tono de actuación, con personajes que agonizan, que son puro cuerpo tratando de enfrentar el embotamiento, de irrumpir con algo que salga de la desidia. Con 16 artistas en escena, las acciones se vuelven acontecimientos que estallan y se desvanecen, hay más lugar para los movimientos intuitivos que para los procedimientos intelectuales y en ese contexto, situaciones escritas literalmente por Chéjov adquieren una fuerza dramática única. No hay que perderse el "¿Acaso estoy callado?" de Javier Lorenzo, los ataques de desesperación de Laura Nevole, el laconismo de Lorena Vega y la frontalidad de Marcelo Subiotto, por nombrar algunos conductores de la acción dramática, en el contexto de un elenco que hace del trabajo colectivo, su fortaleza.
La escenografía de Félix Padrón deja a la vista la máquina teatral: andamios, bambalinas, fosa y plomadas y dialoga con una estética de lo inacabado, que trabaja Cacace y, por qué no, una idea presente en Chejov, de vidas a mitad de camino. El vestuario de Magda Banach fusiona el viejo mundo ruso y la vida contemporánea entre típicos gorros cosacos, ropa deportiva, exacerbación de marcas y colores flúo. Un collage de ropa ideal para gente que busca referencias, pero no encuentra ninguna. Ningún lugar donde se pueda hacer pie. Los músicos en vivo intervienen la escena y reúnen a los personajes en una canción. Un giro chejoviano para no dejar de hacer ni de vivir, aunque duela.
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