Vidú Vidú
Una divertida sucesión de cuadros bajo la mirada entendida de Noralíh Gago
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Autores: Keller, Campilongo, Villazur, Gómez y Fernanda Pintado / Dirección: Noralih Gago / Intérpretes: Marcelo Keller, Matilde Campilongo, Silvia Villazur y Javier Gómez / Asistente de dirección: Andrea Salinas / Música: Diego Lozano / Escenografía: María Belén Draghi / Vestuario: Julia Camejo / Luces: Silvana Correa / Coreografía: M. Campilongo y M. Keller / Sala: Anfitrión, Venezuela 3340 / Funciones: sábados, a las 23.30 / Duración: 70 minutos.
Nuestra opinión: buena
Aunque hay temporadas de mayor oferta y períodos en los que cuesta encontrar, en una cartelera repleta de posibilidades, aquellos espectáculos que valen la pena, el varieté -género teatral caracterizado, entre otras cualidades, por la variedad de disciplinas artísticas que componen las obras y la sucesión de escenas casi siempre autoconcluyentes- conserva un lugar relevante en la estima porteña. No es para menos: primo joven, fresco y alternativo de la revista y el cabaret, puede dar buenos resultados con presupuestos moderados e imponerse como opción de entretenimiento con la fuerza de las minorías aguerridas. Con la dirección experta de Noralih Gago, Vidú Vidú retoma esta tradición under y varietera y demuestra que un puñado de canciones y monólogos bien resueltos alcanzan para sostener un espectáculo que entretenga y haga reír (que no necesariamente son sinónimos) y que la sofisticación es una cualidad que no tiene por qué serle esquiva a las producciones no comerciales. La fuerza de esta obra reside, ante todo, en la construcción de los personajes que presentan las escenas unipersonales y que, como casi todas las cosas buenas, basan su condición de buenas en cierta contradicción: son simples pero están llenas de detalles. Se destacan, en ese sentido, los cuadros de Javier Gómez como el joven militar Jimmy (especie de spin off de la canción de León Gieco "La mamá de Jimmy", que dice en su primera estrofa: "La mama de Jimmy es una inglesa/ que critica esta tierra/ pero no se da cuenta, pero no se da cuenta/ que en el sur están sus ovejas"), Marcelo Keller, como un hincha de Atlanta tan judío como compadrito, y Silvia Villazur, como una tucumana amante de las empanadas y voluntaria en Happy Fat Women, una asociación de mujeres felizmente gordas. Todos tienen algo en común: nos invitan a reírnos un poco con ellos y un poco de ellos. Mucho más lúcida cuando se propone este objetivo que durante las escenas grupales (que tienen como propósito conectar los cuadros sueltos e instalan un leitmotiv que no termina de resultar atractivo como enganche), Vidú Vidú es una sucesión de buenas partes que hacen a un todo algo mejor.






