
Visión sobre aquellos duros años setenta
"El argentino en windows" . Autor: Rodrigo Cárdenas. Colaboración autoral: Gerardo Bourre y Marcela Bea. Dirección y luces: Gerardo Bourre. Con Rodrigo Cárdenas y Marcela Bea. Video: Rodolfo Oreiro. Flauta traversa: María de los Angeles Titera. Títeres: Giselle Rodríguez Bosio y Leandro Lucanera. Vestuario: M. Bea. En la sala Osvaldo Pugliese, del Centro Cultural de la Cooperación. Duración: 55 minutos.
Nuestra opinión: bueno
El espíritu retro de quienes circundamos los treinta y pico y los cuarenta y pico parece siempre estar a flor de piel. Y esto no sólo se ve en conversaciones mundanas, sino también en muchos espectáculos, hechos sobre todo por artistas que pasaron sus años infantiles en los 70 y la primera mitad de los 80.
Es la atmósfera que irrumpe en una primera instancia en "El argentino en windows", una obra autobiográfica del actor Rodrigo Cárdenas. El personaje lleva colgados un puñado de revistas de historietas de los años 70, algunos discos simples de vinilo y su guitarra, al tiempo que dispara todo tipo de datos correspondientes a la niñez y la adolescencia en aquellos años. Es que este personaje se crió en el Buenos Aires de aquel entonces, donde, como diría Omar Pacheco en su "Cinco puertas": "La muerte andaba borracha en el pecho de los asesinos". A este muchacho con entusiasmo de rock nacional y ansias de amores juveniles, lo golpeó la oscuridad con el secuestro y la desaparición de su hermano mayor, frente a sus narices.
Así, en esta suerte de monólogo, matizado con la participación de diversos personajes femeninos (madre y novias), se pretende hacer una observación importante, personal, del horror argentino. Cada tanto aparece la muchacha con orejitas de ratón, para hacer un clic y cambiar la situación, avanzar o retroceder en la historia. Así como hacemos, generalmente, los argentinos.
Pero esta idea de "windows" se sostiene sólo hasta la mitad del espectáculo. Luego no se vuelve a hacer uso de este recurso, por lo tanto, esa idea queda inconclusa y casi desprolija. Pero la narrativa utilizada por Cárdenas y los coautores es honda, no cae en facilismos ni golpes bajos, y utiliza el vehículo del humor para la ilustración de situaciones. Sin embargo, el entusiasmo por el recurso retrospectivo (que aparece muy atractivo al principio como marco) se vuelve reiterativo y no aporta demasiado a la dramaticidad, durante el transcurrir de la pieza.
De todos modos, la historia planteada por Cárdenas merecía una escenificación y se prestaba muy bien como testimonio de una época funesta.
Multimedia
Gerardo Bourre planteó su puesta desde una utilización multiespacial, algo que enriquece esta puesta, que también cuenta con títeres y proyecciones en video. Las imágenes logradas con la Costanera de fondo son de gran belleza y acentúan el texto.
En forma acertada, el director buscó la ingenuidad del protagonista en las estampas más dramáticas de la obra y aprovechó su histrionismo para los momentos de humor. Es en el área donde Rodrigo Cárdenas se siente más cómodo. Se trata de un trabajo exigido. Mucho texto y una historia que lo toca especialmente. Y sale bien del brete, aunque podría estar mejor con una dramaturgia más prolija, que favorecería no sólo la acción, sino también la interpretación. Entretanto, Marcela Bea pone oficio y se vuelve contrapunto y sostén en algunas situaciones.
La música elegida y la flauta en vivo le dan belleza poética a la puesta.
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