¿Y dónde está papá?
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l AUTOR: RAY COONEY l DIRECCION: CARLOS OLIVIERI l INTERPRETES: RODOLFO RANNI, CECILIA MILONE, ALBERTO MARTIN, ROLY SERRANO, MARIO ALARCON, GRACIELA TENENBAUM, MABEL LANDO, SANTIAGO RIOS, GUILLERMO MARCOS, BETTY VILLAR Y JUAN GUILERA l ESCENOGRAFIA: DANIEL FEIJOO l VESTUARIO: JAVIER PELONI l ILUMINACION: DANIEL MAUTONE l SALA: TEATRO BROADWAY l DURACION: 100 MINUTOS.
Nuestra opinión: regular
El enorme despacho de un director de hospital repleto de puertas. Ya sin que haya empezado la obra, con sólo mirar la escenografía, se sabe más o menos qué esperar de esta comedia de Ray Cooney; además está el fortísimo dato de que es el autor de la exitosa Taxi . De todas maneras, si alguien quiere buscar información sobre él no hay que prestarle atención al programa de mano, en el que su nombre figura -increíblemente- mal escrito.
Volviendo a las puertas. Sí, es una comedia de enredos, de muchas entradas y salidas, de malos entendidos, de mentiras a medias, de complicaciones livianas (y no tanto) y con intención de ser divertida. Pero se queda a mitad de camino de todo. Algo del caos narrativo que -ex profeso- creó el autor se traslada desmañadamente a la puesta que está lejísimo de ser prolija. Lo que no es un dato menor, ya que gran parte de la gracia y la eficacia de este tipo de comedias es que el engranaje funcione aceitadamente para que el ritmo no decaiga y las sorpresas funcionen a pie juntillas.
El doctor Alarcón, una de las autoridades del hospital, descubre que tiene un hijo de 18 años. Pero no es un buen día para ese tipo de descubrimientos: tiene que dar una conferencia frente a un importante grupo de médicos y su esposa anda cerca. Ese es el núcleo de los miles de contratiempos que tiene el personaje que interpreta Rodolfo Ranni. Alrededor de él gira una decena de pintorescos (algunos más y otros menos, definitivamente) personajes que son los que alimentan el delirio que allí se vive. De la mano de estos roles y de algunos de sus intérpretes, se pueden descubrir algunas buenas pinceladas de humor (no se puede no mencionar a la espléndida Graciela Tenenbaum), pero no muchas. El paso de comedia al que recurre Cooney está muy visto y no hay tantos afilados parlamentos que contrarresten la supremacía del gag físico. El humor es por demás simplón y recurre demasiado a juegos burdos -y lo que es peor, viejos- de doble sentido.
El trabajo del trío protagónico -que integran Ranni, Alberto Martín y Cecilia Milone- se balancea gracias al aporte de estos dos últimos, ya que el de Ranni está muy por debajo de la media; casi parece que trabajara a desgano. Otro problema que tiene el director es Betty Villar, que tiene un tono de voz tan agudo y exasperado que ya verla entrar en escena inquieta; es cierto que no la ayuda su personaje, del que no se explica qué hace todo el día dentro del hospital pisándole los talones a su marido. El resto del elenco cumple con lo que tiene.
Hasta acá llegamos porque si no habría que ponerse a hablar del tema de fondo de la obra, el de la paternidad aceptada, asumida o escondida. Que no es otra cosa que hablar de la identidad. Pero éste no es el momento.



